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Irene, la ‘influencer’ que cambió la farmacia por los almendros de su abuelo

La joven comparte su día a día en RRSS como almendricultora intentando romper estereotipos: «Se cree que la gente de campo somos unos paletos»

Irene, la ‘influencer’ que cambió la farmacia por los almendros de su abuelo

Irene Nonay. | Imagen cedida

«Farmacéutica convertida en agricultora. Haciendo lo que hacía mi abuelo y el abuelo de mi abuelo: cultivar almendros». Es la descripción con la que se define Irene Nonay en sus redes sociales, donde suma más de 20.000 seguidores y a través de las cuales da a conocer el mundo de la agricultura al resto del mundo. Y es que esta joven agricultora, de 29 años, colgó un día la bata de farmacéutica para coger los aperos y dedicarse en cuerpo y alma a los almendros que su abuelo Arturo cuidó en las Bardenas Reales de Navarra, el desierto más grande de Europa.

«Vengo de una familia de agricultores, me crie y crecí entre almendros. Hubo un día en el que me di cuenta de que, si yo no seguía con la tradición familiar, todo lo que habían trabajado mis abuelos y los abuelos de mis abuelos se iba a perder», cuenta Irene al otro lado del teléfono en un momento de descanso matinal. «Así que decidí continuar con la tradición, porque lo que uno decide con 18 años no tiene que ser una decisión para toda la vida», señala en relación con sus estudios de farmacia, que aún sigue ejerciendo «esporádicamente y de forma puntual».

De esta forma, en febrero de 2020, justo antes del estallido de la pandemia y 80 años después de que su abuelo Arturo sembrase el primer almendro, Irene plantó 5.000 nuevos árboles más y, desde entonces, se dedica a conjugar el verbo trabajar a la perfección con jornadas maratonianas cuyo objetivo es recolectar los productos que luego vende a nivel nacional. Además, Nonay también cultiva trigo, brócoli y cebada. «El trabajo del campo es muy sacrificado y muy esclavo, con días de 12 horas de faena sin parar, pero es algo que me apasiona y no me arrepiento de la decisión que tomé», asegura la joven que, recientemente, ha adquirido un tractor, Romero –de igual nombre que una de las yeguas con la que su bisabuelo labraba la tierra–, y que es el primer tractor que el concesionario matricula a nombre de una mujer. «Mi abuela, que trabajó toda la vida en el campo, estaría súper orgullosa», relata.

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Irene Nonay. | Imagen cedida

«Tienes pinta de no haber plantado un tomate en tu vida»

Solo el 27% de las explotaciones agrícolas del país tienen una mujer al frente, según el censo agrario de 2020 del INE. De hecho, este documento señala que ninguna comunidad autónoma alcanza el 50% en su número de explotaciones agrarias dirigidas por una mujer, siendo Galicia la que está en mayor situación de igualdad, con un 48% de presencia femenina en la cifra de jefas en este sector. En el lado opuesto se encuentra Navarra, en donde las mujeres solo están al frente del 19,3% de sus explotaciones.

«Hay muchos estereotipos en cuanto a quién tiene que hacer el trabajo del campo. El otro día en una boda me dijeron que no tenía pinta de ser agricultora ni haber plantado un tomate en mi vida», relata Nonay.

-¿Y cómo se supone que tiene que ir una agricultora a una boda?

-Pues eso me pregunto yo. Lo mismo la gente piensa que tengo que ir con una boina y manchada de barro. Hay muchos estereotipos de qué es trabajar en el campo, las personas se piensan que la gente que trabajamos en el campo somos unos paletos.

-¿Y tu familia cómo se tomó que dejaras la farmacia para dedicarte a la agricultura?

Ellos se lo han tomado bien, no les sorprendió porque desde chica me ha gustado. Aunque sí tienen que escuchar ciertos comentarios de la gente del tipo «una señorita farmacéutica y en el campo…». Por suerte, también recibimos comentarios buenos de muchas mujeres que me dicen que a ellas les hubiera gustado haber podido llevar un tractor pero en su época no se podía porque era ‘cosas de hombres’. Mi abuela estaría muy orgullosa de mí, ella ha trabajado toda la vida en el campo y aunque mi abuelo era el que estaba al frente de la cosecha, ella era la que tomaba todas las decisiones. Las mujeres siempre han trabajado en el campo y han tenido una labor muy importante.

El relevo generacional, un problema de difícil solución

La incorporación de gente joven al mundo agrario se cuenta con los dedos de la mano. Irene forma parte de ese 1% de los jóvenes menores de 29 años que son jefes de explotaciones agrarias. Esto es, de las más de 914.800 personas al frente del campo, solo 4.460 son jóvenes, según el último censo agrario del Instituto Nacional de Estadística (INE). La media de este colectivo es de 61 años.

En este sentido, Nonay recuerda la importancia de que la gente joven se incorpore al trabajo del campo. «¿Quién producirá los alimentos dentro de unos años? ¿Quién nos va a dar de comer?», se pregunta la navarra, que asegura que sería «imposible» importar todos los alimentos de otros países. En este punto, además, manda un mensaje de ánimo y apoyo a todos sus compañeros que se han visto afectados por los terribles incendios de Navarra que han calcinado más de 10.000 hectáreas, una incidencia histórica equivalente a cuatro veces la superficie de Pamplona: «No hay pastores, y se debería fomentar la ganadería extensiva que mantiene los montes limpios, como se ha hecho toda la vida. El incendio se ha conseguido detener gracias a todos esos agricultores y ganaderos que ha hecho cortafuegos a destajo y se han jugado la vida».  

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Irene Nonay. | Imagen cedida

-¿Cómo se explica el envejecimiento del campo?

-Está mal visto que un chico o una chica joven se quede trabajando en el campo. Lo próspero es que salga del pueblo. Los padres no quieren que sus hijos sean agricultores o ganaderos porque es un trabajo muy sacrificado y que no solo depende de tu esfuerzo, sino que está condicionado por muchos factores externos que no puedes controlar.

Además, la navarra también resalta la digitalización del sector que cada vez requiere de gente más joven. «Mi bisabuelo  tardaba seis horas desde su casa hasta el campo, así que se quedaba toda la semana allí. El sábado por la tarde volvía a casa a por víveres y el domingo, después de misa, volvía a ir al monte», relata Irene, que señala que su tractor hoy tiene GPS y un sofisticado sistema tecnológico que mediante una app, milímetro a milímetro, lo detalla todo.

«Espero que cuiden de nosotros y del sector. Hoy no lo están haciendo. El gasóleo se ha triplicado, antes pagaba 50 céntimos el litro, ahora pago 1,50, y el abono ha aumentado su precio un 300%», relata la joven agricultora, que asegura que si no hubiese sido por los «aperos» y «un tractor viejo» que le dejó su abuelo, hubiera sido imposible «arrancar» en el sector. «La cesta de la compra irá subiendo más. Esto acaba de empezar», concluye Nonay.

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