THE OBJECTIVE
El zapador

'Pam', la Inquisición y las aborteras

Rodríguez lo ignora, pero la brujería en nuestro país es un fenómeno muy marginal y nadie se cebó con las aborteras

‘Pam’, la Inquisición y las aborteras

Ilustración de Javier Rubio.

Ángela Rodríguez Pam ha vuelto a exhibir su nesciencia en Twitter (X) obsequiándonos con una supuesta lección de memoria feminista: «Esta sala de la Alfajería [sic] fue sede de la Santa Inquisición donde se sentenció a la hoguera a muchas brujas por aborteras. Hoy en esta sala 14 países de la UE firmamos nuestro compromiso por el derecho al aborto seguro y libre. Hagamos memoria, el feminismo va ganando». Pam escribió mal la palabra «Aljafería», cambiándola por «Alfajería». Quizá le traicionó el subconsciente y estaba pensando en una tiendecita de alfajores, esos deliciosos dulces típicos de Andalucía y de algunos países hispanoamericanos. Con la palabra «aborteras» probablemente se refirió a mujeres acusadas de realizar abortos. Aunque la Inquisición española sí abarcó delitos de naturaleza moral y sexual, no existen registros suficientemente significativos de mujeres fueran procesadas específicamente por realizar abortos.

https://twitter.com/Pam_Angela_/status/1707406599927828674?s=20

Es cierto que las brujas han sido históricamente acusadas de causar la muerte de infantes, tal como destaca el Malleus Maleficarum o Martillo de las Brujas (1486). Un sinfín de maldades fueron atribuidas a las brujas en la Edad Moderna, entre ellas, el asesinato de criaturas de corta edad. Se creía que las brujas intentaban impedir la procreación humana y, si fallaban, procuraban el aborto o la muerte del recién nacido, ofreciéndolo al Demonio, privándolo así de la salvación. Juan de Mongastón, tras escuchar a los acusados de Zugarramurdi en el auto de fe de Logroño de 1610, describió supuestos rituales macabros de brujas matando niños, algo que vendría a resaltar los extremos violentos atribuidos a las brujas:

«A los niños que son pequeños los chupan por el sieso y por la natura, apretando recio con las manos, y chupando frecuentemente les sacan y chupan la sangre. Y con alfileres y agujas les pican las sienes y en lo alto de la cabeza, y por el espinazo y otras partes y miembros de su cuerpo. Y por allí les van chupando la sangre, diciéndoles el demonio: ‘Chupa y traga eso, que es bueno para vosotras’. De lo cual mueren los niños, o quedan enfermos por mucho tiempo. Y otras veces los matan luego, apretándoles con las manos y mordiéndolos por la garganta hasta que los ahogan».

En el siglo XVI, en Aragón, existen denuncias de brujas matando infantes y recurriendo a métodos crueles y variados. Se han estudiado los casos del Valle de Tena (1525) o Pozán de Vero (1534). Esta histeria colectiva de acusaciones se dio en una época en la que la fecundidad femenina y la mortalidad infantil hacían estragos. Ese ambiente se reflejaba en las leyes y estatutos, en los cuales las brujas eran acusadas de causar muerte y destrucción, tal como figura en el Malleus Maleficarum. Pero una cosa son las acusaciones y otra los procesos realmente abiertos. El historiador Fermín Miranda —al hilo del tuit de Pam— afirmó que «los procesos por brujería vinculados al aborto en la Inquisición aragonesa se cuentan con los dedos de una mano. De hecho, solo una partera». Huelga aclarar también que, aunque algunas personas fueron efectivamente procesadas, un porcentaje muy pequeño de ellas morían en la hoguera. El número de ejecuciones fue minúsculo, por lo que podemos afirmar que la percepción popular —y por supuesto la de Rodríguez Pam— suele estar bastante distorsionada en este aspecto.

La Inquisición Española o Tribunal del Santo Oficio, establecida en 1478 por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, al principio se enfocó en perseguir la apostasía entre los conversos, principalmente judíos que se habían convertido al cristianismo; más adelante también en erradicar prácticas heréticas, pero no tanto en buscar brujas y menos aborteras. Aunque la caza de brujas fue un fenómeno presente en algunas partes de Europa, en España, las acusaciones de brujería no fueron comunes y algunos inquisidores como Alonso de Salazar y Frías (que juzgó el caso de las brujas de Zugarramurdi de 1610) se mostraron escépticos respecto a la brujería. En España, comparado con Europa, no hubo una persecución inmisericorde como para hablar de una «caza de brujas». La Inquisición española no se obsesionó con la brujería, propia de mujeres de clase baja carentes de formación y por tanto con poca influencia en la sociedad. De hecho, hubo más procesos abiertos de brujería por parte de la justicia ordinaria o la justicia episcopal que por parte de la Santa Inquisición. En Alemania, según Gustav Henningsen (que es probablemente el mayor experto mundial en el fenómeno de la «brujomanía»), se quemaron unas 25.000 brujas durante la Edad moderna. Unas 50.000 en toda Europa. Pero muy poquitas en España: «En la Edad Moderna miles de supuestas brujas y brujos fueros procesados por los tribunales inquisitoriales del Sur de Europa, pero extremadamente pocos fueron quemados: 59 en España, 36 en Italia y 4 en Portugal». 

Ángela Rodríguez Pam lo ignora, pero la brujería en nuestro país es un fenómeno muy marginal, debido a que en 1526 se elaboraron unas instrucciones muy minuciosas para proceder con las acusaciones de brujería, instrucciones que no tienen parangón en toda Europa. Además, a partir del auto de fe de Logroño de 1610 (el de las famosas brujas de Zugarramurdi), el inquisidor Alonso de Salazar Frías, no dio pábulo a los rumores sobre brujas: «No hubo brujos ni embrujados hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos». También llevó a cabo una escrupulosa investigación que sirvió para implantar nuevas instrucciones dentro del Consejo de la Suprema Inquisición. Como dice el historiador danés: «Gracias a las investigaciones de Salazar, la Inquisición abolió la quema de brujas en todo el Imperio español, adelantándose así cien años al resto de Europa».

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