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Así llega un vasco a ser obispo de Helsinki: la historia de 'Raimo' Goyarrola

El papa Francisco nombró a Ramón Goyarrola (Bilbao, 1969) prelado de la única diócesis de Finlandia

Así llega un vasco a ser obispo de Helsinki: la historia de ‘Raimo’ Goyarrola

A la izquierda, el nuevo obispo de Helsinki, Ramón Goyarrola, junto al nuncio apostólico en Finlandia, Julio Murat. | Diócesis de Helsinki

En 1522, un marino de Guetaria, Juan Sebastián Elcano, logró completar la primera vuelta al mundo. En 1534, un exsoldado de Loyola metido a cura, Ignacio, fundó la Compañía de Jesús para liderar la Contrarreforma católica frente a Lutero y dar un nuevo vigor evangelizador a la Iglesia.

Dos vascos, los dos del siglo XVI. Cuatrocientos años después, otro vasco, concretamente de Bilbao, ha sido elegido como obispo de una de las diócesis más remotas y más secularizadas de Europa. Hace un par de semanas, Ramón Goyarrola recibió la llamada del nuncio, el representante del papa en Finlandia, para comunicarle que Francisco lo había nombrado como nuevo obispo de Helsinki. No sabemos si el pontífice tenía en la cabeza las pretéritas hazañas de los vascos en lo que a la exploración y a la evangelización se refiere, pero sin duda no son malos patrones a los que encomendarse.

Goyarrola, después de rezar la cuestión con calma, aceptó el designio del papa y afirma estar «muy tranquilo», un estado de ánimo que asocia a las oraciones que muchos están dirigiendo por él y también «por ser de Bilbao», dice haciendo gala de la sana autoestima vizcaína.

De la Facultad de Medicina al lejano norte

En conversación con THE OBJECTIVE, este sacerdote perteneciente al Opus Dei dice haber cumplido «todos sus sueños». Para empezar, estudiar Medicina (se licenció en 1992) y, para continuar, satisfacer su antigua curiosidad por el Norte de Europa. Esas dos facetas se combinaron a la perfección como «médico de almas» cuando, a los pocos años de que Goyarrola se ordenase sacerdote, el entonces obispo de Helsinki le pidiera al prelado del Opus Dei que mandase un cura a la lejana Finlandia. Allá que se fue Ramón, que rápidamente adoptó las costumbres finlandesas y se rebautizó como Raimo en el endemoniado idioma finés.

En realidad, Goyarrola asevera que el cambio no fue para tanto. «No me costó nada integrarme, los vascos y los finlandeses tenemos bastantes cosas en común», entre ellas que ambos son «trabajadores y responsables», que tienen «gran amor por la naturaleza» y que hablan «un idioma muy difícil». «Además, somos gente sencilla, una cualidad que hace mucha falta en el mundo de hoy», remacha Raimo, que asegura haberse «enamorado» de Finlandia.

Después de 17 años en el país nórdico, Goyarrola ha hecho de todo. Nada más llegar, aprovechó su experiencia previa en la labor con jóvenes para poner en marcha la primera residencia universitaria de Helsinki, que ha cuajado un «éxito increíble». En esta línea, se convirtió en el capellán católico del Helsinki Commercial College. Además, también ha dado clases de religión en colegios y ha atendido la pastoral de cárceles y hasta del Ejército del país.

La relación con los otros cristianos y los retos del país

Cuando llegó a la universidad, cuenta Goyarrola, el capellán luterano del centro le hizo hueco en su propio despacho, una muestra de la buena relación entre las distintas confesiones cristianas presentes en el país. «En Finlandia está ocurriendo un verdadero milagro ecuménico», señala el obispo in pectore sobre el entendimiento con luteranos y ortodoxos. La diócesis de Helsinki, explica Goyarrola, es una de las más pobres de Europa y sólo cuenta con ocho iglesias. Es por eso que sus colegas protestantes y orientales les dejan templos para poder celebrar misa. «Tenemos lazos de hermanos, la relación es espectacular», zanja.

Ciertamente los católicos son clara minoría en Finlandia. Apenas hay 16.734 cristianos romanos en el país, lo que equivale a menos del 1% de la población, y sólo hay 30 sacerdotes. Los ortodoxos no son muchos más (1,1%), mientras que la gran mayoría son luteranos (68,7%) o directamente aconfesionales (28,5%). El nuevo obispo de la capital también se preocupa por estos últimos, así como por la tasa de suicidios y de alcoholismo que sufre el país. Para estos problemas la receta de Goyarrola es la de «una Felicidad con mayúscula que sólo da Dios. Con Jesús, los desafíos se convierten en ocasión de crecer y seguir avanzando».

Tras el nombramiento de Francisco, por el que se siente «muy agradecido», Raimo será ordenado oficialmente como obispo el próximo 25 de noviembre. Aunque reconoce que «en la Iglesia finlandesa no hay estructura» sino que es más bien «una misión», Goyarrola tiene claros los principios que moverán su acción de gobierno: «Ser una Iglesia en salida y servir al pueblo de Dios allá donde esté». Allá donde esté, aunque sea casi en el fin del mundo.

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