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De TACT a Tinder: así han evolucionado las apps de citas desde los años 60

La evolución tecnológica ha impulsado la creación de nuevos métodos, pero todos comparten un mismo objetivo

De TACT a Tinder: así han evolucionado las apps de citas desde los años 60

TACT y Tinder. | BBC y Europa Press

Desde los anuncios en periódicos de papel buscando «compañeros de vida» hasta deslizar a la derecha para conectar con tu futuro amor, las maneras de encontrar pareja han cambiado a lo largo de las décadas. Los años 60 jugaron un papel esencial en este método tan exitoso de encontrar un ligue realizando test de compatibilidad. Y es que, aunque no existiese internet, las computadoras ya realizaban los primeros modelos de lo que hoy en día se conoce como las apps de citas, y, al margen de la evidente evolución tecnológica, su modus operandi no parece haber sufrido muchas variaciones.

Las cartas de amor dejaron de estar de moda hace muchos años. El papel y el boli (o la pluma en el mejor de los casos) ha sido sustituido por los teléfonos móviles, y los famosos votos de los novios han pasado de un «nos conocimos en una discoteca bailando Michael Jackson» a «hicimos match en Tinder«. Así es la vida: las tradiciones bonitas se pierden y la manera en la que se conciben las relaciones humanas, cambia. Sin embargo, hay algo que no parece cambiar y es la necesidad o ilusión de compartir la vida junto a otra persona. El amor nunca deja de estar de moda.

La primera app de citas

Eso fue, quizás, lo que pensaron el programador informático Bob Ross y su compañero, Lewis Altfest, cuando diseñaron las primeras pruebas técnicas de compatibilidad automatizadas, conocidas como TACT por sus siglas en inglés (Technical Automated Compatibility Testing) en 1965. Estos dos amigos neoyorquinos decidieron realizar un cuestionario que todo interesado debería rellenar, introducir los datos en el ordenador y esperar a que, en base a las respuestas, la máquina juntara a las posibles parejas. Lo que en un principio comenzó como un experimento en el Upper East Side de la gran manzana, se acabó convirtiendo en todo un éxito y atraía a miles de ciudadanos que pagando cinco dólares y rellenando un cuestionario -que más tarde sería utilizado por la computadora para emparejar a los participantes según los factores socioculturales, opiniones y valores, y factores psicológicos-, encontrarían al posible amor de sus vidas.

El ordenador analizaba los datos y emparejaba a las personas (de sexo opuesto) apoyándose en coincidencias que encontraba en los formularios. En una entrevista que concedió el creador a Tomorrow’s World de la BBC, que ha sido recordada por el mismo medio en un reciente artículo, Bob Ross confesó que TACT no era «un servicio de intervención matrimonial, sino una nueva forma divertida de conocer gente nueva». «La gente va a TACT por varias razones. Algunas personas entran simplemente para conocer gente nueva, para conseguir muchas citas… algunas personas quieren algo más serio, están interesadas en formar una relación más duradera, y luego hay personas que simplemente quieren casarse», señaló.

Para realizar el cuestionario, Ross y Altfest contaron con la ayuda del psicólogo Salvatore Didato, el cual veía necesaria la introducción de ideas como esta en la sociedad. Es cierto que en esa década existían otros métodos de encontrar pareja, pero se basaban en variables tan simples como la edad, el sexo, la religión o la altura, comentaba el profesional. TACT, sin embargo, iba mucho más allá e incluía muchas más variables. En el reportaje de la BBC se incluyó el mencionado formulario, en este caso uno de los apartados en los que las respuestas eran de sí y no. Algunas de ellas eran si el interesado se preocupaba de sus relaciones con la gente, si disfrutaba de los demás y mostraba afecto libremente, si actuaba la mayor parte del tiempo de manera independiente y si disfrutaba yendo de fiesta.

Pero, ¿cómo funcionan las aplicaciones de citas de ahora? Cogiendo de ejemplo la más popular, Tinder, se puede observar una clara similitud con el famoso programa informático de los 60. Aunque es evidente que el desarrollo tecnológico ha cambiado radicalmente la vida de las personas, los métodos de emparejamiento de estas no han cambiado, sino evolucionado. Para crear un perfil de la famosa app de citas es necesario seguir una serie de pasos: el primero de ellos es la foto de perfil. Lo común es que los usuarios añadan más de una foto para que el interesado o interesada pueda conocer sus hobbies, pasiones, y demás características. El segundo paso es escribir una biografía. En un espacio breve, el pretendiente debe resumir en un par de frases sus intereses personales, pasiones, etc. Un tercer aspecto, importante para conectar de manera más «humana», es el campo de intereses y pasatiempos. En él los usuarios seleccionan actividades o algunos de sus gustos para encontrar afinidades con el resto de participantes.

Un factor diferencial: la inmediatez

Las aplicaciones de citas han ido evolucionando conforme a los intereses de sus clientes. Hay un factor que quizás es el más diferencial del famoso TACT de Ross y Altfest, y es la inmediatez e impaciencia propias de nuestra generación. Este es, quizás, el factor que más ha influido en el diseño de la app. Y es que, la única forma de descubrir en los 60 si la persona con la que te habían emparejado era o no compatible era quedando con ella, pero ahora basta con deslizar el dedo: a la izquierda si no te gusta y a la derecha si quieres conectar con ella.

El modo de elección, por tanto, es quizás la diferencia más notable. Mientras que en los años 60 el método de elegir pareja se basaba en la lectura de perfiles escritos o en los resultados de una computadora, actualmente dicha elección es completamente individual. Un rasgo llamativo de Tinder es que solo se puede acceder a una conversación si ambos interesados han deslizado a la derecha en el usuario del otro, haciendo así el llamado match.

La interacción inicial también es muy distinta. La década de los 60 requería una presentación formal o cita organizada, mientras que las apps actuales permiten a los usuarios establecer una conversación previa para conocerse más y observar si comparten intereses y objetivos.

En cualquier caso, y a pesar de que antiguamente las relaciones esporádicas no estuvieran tan bien aceptadas socialmente como en la actualidad, el objetivo tanto de los creadores de TACT como de los de Tinder siempre ha sido el mismo: animar a la gente a pasárselo bien sabiendo que la persona a la que te quieres acercar también está interesada en ti.

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