Rusia construyó su unidad de asesinatos más secreta y la dinamitó el Google Translate
Dos espías necesitaban comunicarse y lo hicieron d ela manera más torpe posible

Putin saluda a un militar en una foto de archivo.
Un traductor automático. Eso es lo que tumbó a la unidad de élite más secreta del espionaje militar ruso, diseñada con millones de euros, cientos de agentes con experiencia y toda la arquitectura de compartimentación que el Estado Mayor ruso fue capaz de imaginar saltó por los aires. No fue un topo, un satélite o un agente 007: fue el traductor de Google, con agentes del FBI al otro lado leyendo línea a línea lo que escribían en Moscú.
El Centro 795 nació en diciembre de 2022, cuando los errores de la Unidad 29155 del GRU, herederos del temible KGB, ya no admitían más remiendos. La unidad responsable del envenenamiento con un agente nervioso de Serguéi Skripal en Inglaterra, o la caída accidental de decenas de disidentes rusos por toda Europa, había ardido por su propia torpeza.
Sus pasaportes seguían una secuencia numérica idéntica, o las caras de sus activos llenaban portadas de medios internacionales. Seguir operando con esa estructura era imposible tras patinazos de semejante calibre. La respuesta de Moscú no fue rehabilitar lo comprometido, sino construir algo nuevo desde cero.
La orden estableció la Unidad Militar 75127, con el nombre interno de Centro 795. Su estructura operativa era desarrollar ciclos completos: inteligencia, vigilancia, sabotaje y eliminación física bajo un mismo mando, sin apoyos externos. Para encubrirlo, sus rectores lo incrustaron dentro de la empresa de armas Kalashnikov, con base operativa en el complejo Park Patriot.
Se trata de un enorme complejo temático militar situado en Kubinka, a unos 50 kilómetros al oeste de Moscú. Fue inaugurado el 16 de junio de 2015 por el Ministerio de Defensa ruso y funciona como una mezcla de museo militar, parque temático y centro de propaganda. Como diría la CIA, «oculto a simple vista».
Agentes y oficiales figuraban en nómina de Kalashnikov, y sus entrenamientos se registraban como sesiones de tiro vinculadas a la producción de armamento… en un lugar donde se producía armamento. Incluso funcionaba como una empresa privada, con vínculos empresariales y relaciones externas.
El Centro 795 reunió una plantilla de unos 500 oficiales en tres directorios: Inteligencia, Asalto y Apoyo al Combate. El catálogo incluía tanques T-90A y lanzadores múltiples Smerch de 300 milímetros, lo que situaba sus ambiciones muy por encima del asesinato selectivo.
Las filtraciones obtenidas por The Insider apuntan a que sus equipos de francotiradores estaban en la Dirección de Inteligencia, no en la de Asalto. En el análisis de los servicios secretos occidentales, eso tiene una lectura muy concreta: no eran un apoyo de fuego en combate abierto, sino que servían para ejecutar liquidaciones muy planificadas.
El departamento más hermético era el responsable de la red de agentes en el exterior. Una de sus primeras tareas, en un principio, era localizar y neutralizar a disidentes chechenos en Europa y, si fuera necesario, más allá. La prima por cada objetivo era de 1,5 millones de dólares, pagadera tanto si el blanco aparecía muerto como si era, en el eufemismo del espionaje ruso, «deportado legalmente» a Rusia. Traducido: traído a rastras y a través de cualquier medio a donde no quería volver, secuestrado.
Abriendo la puerta a cualquiera
El principio del fin de esta historia comenzó cuando se dieron cuenta de que, para ejecutar una operación en suelo estadounidense, el directorio necesitaba activos locales sin rastro en los ficheros del espionaje. Encontraron uno que parecía ideal en Darko Durovic, un ciudadano serbomontenegrino con residencia legal en Estados Unidos. En octubre de 2024 se reunió en Moscú con el que sería su contacto en el Centro 795, en un restaurante a pocos metros de la sede del FSB en la plaza Lubianka. Durovic recibió 60.000 dólares a cuenta para ir adelantando pagos y gastos.
Se plantearon varios objetivos, y el monto final, si se lograban varios éxitos, apuntaba a una prima de más de diez millones. Era un incentivo más que suficiente para poner encima de la mesa todo lo necesario. Pero había un problema. El contacto directo con el recién reclutado hablaba ruso, idioma que Durovic, serbiohablante nativo, desconocía. Ninguno de los dos dominaba el idioma de su contraparte con suficiencia como para intercambiar instrucciones operativas de manera clara.
La solución que adoptaron fue Google Translate, que convertía los informes de campo de Durovic al ruso y las órdenes de su manejador al serbio. Los mensajes circulaban por aplicaciones de mensajería cifrada. Con lo que no contaban es que el traductor elegido opera a través de servidores en territorio estadounidense y, por lo tanto, está sujeto a las leyes nacionales y a sus servicios de seguridad.
Tan sencillo como hacer ‘click’
Cuando el FBI se enteró, le bastó una orden judicial federal, y no tuvo que descifrar nada. Les bastó con echar un vistazo a las conversaciones tal y como llegaban: texto claro, con códigos de tiempo y fecha, que dejaban todas las instrucciones archivadas y por escrito. Es como si los espías estuvieran redactando los informes de inteligencia. Los agentes no podían menos que sonreír ante tamaña ingenuidad.
En sus comunicaciones, Durovic informó sobre los movimientos de los objetivos entre Nueva York y Europa. También buscó modelos de pistola Glock en Montenegro. Describió la residencia de un blanco como «una villa blanca, cerca del mar, con un símbolo islámico en la verja». El FBI lo leía todo en tiempo real.
El espía novato acumuló errores adicionales que cualquier manual de contraespionaje consideraría elementales. Realizó dos viajes a Rusia, en julio y octubre de 2024, e intentó disimular el destino con escalas en Turquía mientras continuaba el vuelo a Moscú bajo su nombre real. En cada regreso a Estados Unidos, agentes del FBI le esperaban con preguntas. Entre otras, negó haber viajado a Rusia, cuando resultaba evidente que sí lo había hecho y con su propio pasaporte. Las mentiras eran evidentes, pero el FBI prefirió esperar para acumular más información.
Una detención tras otra
En marzo de 2025, Durovic fue detenido. Su contacto ruso, confiado en que la situación había prescrito, esperó casi un año antes de viajar. Voló a Bogotá vía Estambul el 24 de febrero de 2026 bajo una identidad falsa y reserva en un complejo hotelero en Cartagena de Indias. Con la Notificación Roja de Interpol en la mano, la destinada a los casos de mayor gravedad, la policía le esperaba en la puerta de llegadas del aeropuerto de El Dorado. Los cargos incluyen conspiración para cometer asesinato y financiación del terrorismo, con penas de cadena perpetua.
Según los analistas, la exposición del Centro 795 es una catástrofe institucional que va más allá de un mero arresto. Su estructura completa, su integración en Kalashnikov, su dependencia de la tapadera empresarial «legal», su base en el Parque Patriot y los nombres de sus principales mandos están documentados en expedientes judiciales estadounidenses. No solo eso: también en manos de investigadores de fuentes abiertas, así que son tan públicos como lo fueron los de su antecesor, la Unidad 29155 del GRU.
Lo barato sale carísimo
El aparato diseñado para ser indetectable quedó al descubierto porque dos hombres eligieron la solución más cómoda, barata y accesible. En el mundo del espionaje, la diferencia entre la unidad que nadie conoce y la que aparece en todos los titulares suele depender de un pequeño error de procedimiento.
La Unidad 29155 cayó porque sus oficiales no podían molestarse en usar pasaportes de verdad. El Centro 795 cayó porque dos operativos necesitaban comunicarse y optaron por el camino más corto. Rusia construirá otra unidad, pero tendrán que mejorar, porque toda sofisticación en su aparato no sirve de nada si el operativo busca atajos.
El aparato más caro y secreto que Rusia había construido para actuar sin dejar rastro terminó sus días de anonimato en los juzgados del Distrito Sur de Nueva York. Sus activos y personal siguen en Rusia y a salvo, pero el edificio de dos plantas del Parque Patriot donde se planeaban las operaciones ya no guarda ningún secreto. Nadie sabe qué se va a sacar de la manga Vladímir Putin, que se lo sacará, pero sí sabemos qué incluirán en su equipamiento básico: un diccionario.
