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El mejor asiento para ver el lanzamiento de Artemis II lo tuvo el avión más raro de EEUU

Se cree que el RAT55 escaneó los recubrimientos térmicos del cohete para ser usados en aeronaves furtivas

El mejor asiento para ver el lanzamiento de Artemis II lo tuvo el avión más raro de EEUU

El NT-43A en una maniobra de despegue. | US Air Forces

A la diosa griega Artemisa se la representa siempre armada con arco y flechas. Y para cazar a una cazadora, es necesario alguien dotado de un armamento superior. Por eso, para seguir la misión Artemis que, al cierre de este artículo estará a punto de circundar la Luna, la Fuerza Aérea estadounidense ha puesto al servicio de la NASA el avión más secreto, extraño y feo de todo su arsenal: el NT-43A.

Es una aeronave que engaña. Desde la distancia parece un Boeing 737 de una aerolínea regional de bajo coste. Tiene el fuselaje blanco y la inconfundible silueta del avión comercial más vendido de la historia. Pero la nariz no es la de un 737: es bulbosa, anómala y recuerda a Calamardo, el octópodo amigo de Bob Esponja. En su cola convive otro bulto enorme, de forma cilíndrica, que parece dispuesto a luchar cara a cara contra las leyes de la aerodinámica. Si fuera un Fórmula 1, podría darse por supuesto que lleva el depósito de combustible a remolque. Es el NT-43A, conocido por su indicativo RAT55.

Opera desde instalaciones cuya existencia el Gobierno estadounidense tardó décadas en reconocer, mide cosas que no se pueden medir desde tierra y vuela sobre el espacio aéreo más restringido de todo el planeta. Es probable que se hayan publicado más fotografías nítidas del yeti que de esta aeronave. El 1 de abril de 2026, con el mundo mirando hacia Cabo Cañaveral, el RAT55 apareció sobre Florida usando el indicativo de la NASA.

El avión empezó su vida en 1974. Era un 737-200 militarizado, que la Fuerza Aérea empleaba para entrenar navegantes. En 1997 fue retirado y aparcado en el cementerio de aeronaves de Davis-Monthan, en Arizona, ese vasto purgatorio de aluminio y alta tecnología donde el ejército manda sus máquinas a esperar su canibalización o el desguace. Nada hacía pensar que ese avión tendría su Domingo de Resurrección e iba a merecer una segunda oportunidad. Pero el plan era otro, muy distinto.

La reconversión fue diseñada por el laboratorio más secreto de Lockheed Martin: el Skunk Works, la misma oficina que parió el U-2, el SR-71 y el F-117. El resultado voló por primera vez en marzo de 2001 y era irreconocible. Su morro albergaba un radomo de metro y medio y una suerte de cápsula carenada de casi seis metros en la cola para un segundo sistema de radar. Sobre ambas protuberancias se añadieron sensores electroópticos e infrarrojos. No fue una cirugía menor.

A nadie escapa que el RAT55 tiene una silueta peculiar

Todo hace pensar que lo que lleva dentro tiene un propósito muy preciso: medir la sección transversal de radar, la RCS, de aeronaves furtivas en condiciones reales de vuelo. La RCS es la huella electrónica que deja un avión en un radar enemigo. Los aparatos con capacidades de furtividad, como el F-35, el B-2 Spirit o el nuevo B-21 Raider, están diseñados para minimizarla hasta hacerla casi imperceptible, pero esa capacidad se degrada con el mantenimiento y los cambios en los recubrimientos absorbentes. El RAT55 los ausculta con un estetoscopio volador con la avidez de un radar enemigo.

Según algunos analistas, la precisión de sus mediciones roza lo inverosímil. Puede detectar variaciones en la RCS de hasta 0,001 metros cuadrados e identificar errores de espesor en los recubrimientos del B-2 inferiores a medio milímetro. Para entenderlo: un B-2 bien mantenido tiene una RCS comparable a la de un pájaro grande; el RAT55 puede detectar si ese pájaro ha engordado tras el mantenimiento.

Su base habitual es el Aeropuerto del Campo de Pruebas de Tonopah, en Nevada. La Fuerza Aérea estadounidense escondió allí los F-117 durante años antes de reconocer su existencia. Desde su base opera sobre el espacio aéreo del Área 51 y la Base Edwards, los dos grandes laboratorios clasificados del país. En agosto de 2025 fue avistado regresando al Hangar 18 de Groom Lake, el edificio que los conspiranoicos asocian a todo lo que el Gobierno preferiría no explicar. Hay quien sospecha que allí hay encerrados ovnis. Lo que todos saben, sin sospecha alguna, es que allí ven la luz los proyectos más avanzados y secretos.

Una de las tareas más documentadas del RAT55 ha sido la de escoltar a bombarderos B-2 Spirit después de sus revisiones periódicas. Cuando un B-2 sale de mantenimiento, los recubrimientos que lo vuelven invisible ante los radares han sido intervenidos por técnicos humanos, con todo lo que eso implica en términos de imperfecciones microscópicas. Antes de que el bombardero regrese al servicio activo, el RAT55 vuela junto a él para certificar que la firma radar es la correcta. Es una especie de inspector de calidad para aviones invisibles.

Sus apariciones fuera de Nevada son tan escasas que cada avistamiento genera revuelo entre los entusiastas. En mayo de 2025 realizó un vuelo inusual hasta Arkansas y Texas, con paradas probablemente relacionadas con mantenimiento en King Aerospace, empresa especializada en aeronaves militares que ya le prestó servicio en 2022. Esos itinerarios revelan otra realidad: el RAT55 tiene cincuenta años de fuselaje, los motores JT8D originales fueron reemplazados por turbofanes F107 y el soporte logístico para un 737-200 es cada vez más difícil. La edad no perdona.

Que este narigudo veterano apareciera sobre Florida el día del lanzamiento de Artemis II —primera misión lunar tripulada desde el Apollo 17 de 1972— exige cierta explicación, al menos teórica. Voló desde la base MacDill con el indicativo NASA522, identificado en los rastreadores de vuelo como un avión militar de carga C-130. Realizó órbitas en el espacio reservado al norte del complejo de la NASA. Las fotografías tomadas en MacDill revelaron, además, un radomo dorsal con torreta electroóptica añadida, algo que el RAT55 normalmente no lleva.

Ligera apertura informativa

La Fuerza Aérea confirmó el movimiento y añadió algo de mayor calado: el NT-43A está siendo reconvertido para iniciar la siguiente fase de su carrera. En el vocabulario de una organización que rara vez dice nada sobre este avión, esa frase equivale a un discurso inaugural. El precedente histórico son los EC-135N ARIA del programa Apollo, aviones 707 modificados con radomos esféricos en el morro que rastreaban la telemetría de las cápsulas en el espacio. El último fue retirado en el año 2000.

La NASA dispone de tres WB-57F para misiones de observación de lanzamientos. En enero de 2026, uno realizó un aterrizaje de emergencia con un incendio en el fuselaje, y otro esperaba la finalización de una inspección general. Solo uno estaba operativo para Artemis II. Esa circunstancia explica en parte por qué el avión más secreto de la Fuerza Aérea acabó volando en círculos sobre Cabo Cañaveral con una matrícula prestada. La declaración oficial apunta a algo más permanente que una solución de emergencia.

Lo que el RAT55 recogió durante el lanzamiento de Artemis II sigue siendo clasificado. Pudo incluir datos de telemetría del cohete SLS, mediciones de la firma térmica e infrarroja durante la fase de ascenso o incluso información sobre el comportamiento de los recubrimientos del escudo térmico de la cápsula Orion bajo condiciones reales. Es bastante posible que muchos aspectos técnicos relacionados con el cohete compartan principios físicos con los recubrimientos de los aviones furtivos.

Un calendario de tareas apretado

Con el B-21 Raider en servicio y el caza de sexta generación F-47 avanzando hacia pruebas de vuelo, la demanda de medición de firmas radar no ha hecho más que crecer. El RAT55 es el único activo capaz de recoger esos datos en vuelo con la precisión que ningún sistema terrestre puede replicar.

A pesar de tener edad para la jubilación, el NT-43A sigue volando porque sigue siendo necesario. Ha acumulado más de 18.000 horas de vuelo desde que salió de la fábrica en los setenta, ha cambiado de motores, ha cambiado de misión y ha sobrevivido a la inmensa mayoría de los aviones con los que compartió flota. Su agenda es ahora más apretada que nunca.

Resulta casi imposible deshacerse de él, aunque el fuselaje lleve medio siglo en el aire, los recambios escaseen y la aviación civil haya abandonado desde hace tiempo el modelo base. El RAT55 nació para ver lo que los demás no pueden ver. Ahora, además, observa cómo la humanidad intenta volver a la Luna. Si hubo alguien con asiento de primera fila para presenciar este hecho histórico, esos fueron sus pilotos. No hubo nadie más cerca.

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