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Tras la era del Bitcoin: las criptodivisas más rentables para este 2018

Cecilia de la Serna

Foto: Carlos Muza
Unsplash

El Bitcoin se ha ganado, gracias al tiempo y la presencia en los medios de comunicación de masas, en la criptomoneda por excelencia. Tal ha sido el acercamiento del gran público a esta divisa virtual, que hasta se venden casas que aceptan como único método de pago el Bitcoin.

Más de 200.000 personas en el mundo compran bitcoins a diario, y la demanda sigue en aumento, por lo que cabe esperar que vuelva a romper récords una vez más. No obstante, hay algunos indicadores -al menos eso aseguran los expertos- que no son demasiado optimistas en este sentido, y es que su alto coste, su vulnerabilidad ante posibles hackeos y su enorme fluidez dejan en duda su viabilidad a medio-largo plazo.

En declaraciones recientes a la CNBC, Warren Buffett aseguró “sobre las criptomonedas, en general, puedo decir casi con total seguridad que van a tener un mal final”. Entonando ese famoso “todo lo que sube, baja”, el oráculo de Omaha dejaba clara su oposición al Bitcoin, y a otras tantas divisas virtuales. No obstante, los casos de éxito han demostrado que hacerse ricos con ellas -como con cualquier inversión- depende del momento en que se invierta y de la astucia del inversor. ¿Forman parte las criptomonedas de una nueva burbuja económica o son el próximo golpe? Sea como fuera, nadie pone en duda que están de moda. Y, como no sólo de bitcoins vive el hombre, seleccionamos las criptodivisas que los expertos señalan como las más prometedoras de este 2018, basándonos en la rentabilidad que han obtenido en el último ejercicio.

Ethereum

Basada, al igual que el Bitcoin, en la tecnología blockchain, esta criptodivisa es seguramente la segunda más conocida por el gran público y el mayor rival de la creada por Satoshi Nakamoto. Se caracteriza por una solidez notable: Ethereum ha resultado comparativamente fuerte en algunas crisis, como por ejemplo en la más reciente que tuvo lugar tras el anuncio de una posible prohibición de las criptomonedas por parte de Corea del Sur. Mientras que el valor del Bitcoin caía hasta en un 10% por esta crisis, el Ethereum se mantenía estable, lo que demuestra que los inversores no tienen prisa por vender las divisas.

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Logo de Ethereum.

Otro punto a destacar es que varios bancos -incluidos algunos españoles como Bankia, Santander o Abanca– se han dedicado recientemente a invertir en Ethereum, lo que para los expertos demuestra la rentabilidad actual de esta criptodivisa y aseguran que es muy “probable” que Ethereum siga subiendo. El valor de Ethereum ronda actualmente los 1.140 euros.

Nem

Mucho menos popular que Bitcoin o Ethereum, esta criptodivisa creada en 2015 alcanzó una rentabilidad de hasta el 29842% en 2017. NEM (New Economy Movement, por sus siglas en inglés) también funciona -como el resto de criptomonedas- a través de la tecnología de cadena de bloques. El NEM, como el Bitcoin y Ethereum, permite hacer transacciones con su moneda, llamada XEM. Una de sus aplicaciones más destacables del NEM es la del registro de activos inteligentes, que abre la puerta a un sinfín de aplicaciones en la vida real. Estos activos son los tradicionales títulos de la propiedad, documentos notariales o patentes que, al insertarlos en la plataforma, pueden ser transferidos o registrados sin necesidad de la intervención de terceros como notarios o registradores de la propiedad.

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Logo de Nem.

En los últimos meses, esta criptodivisa ha vivido un crecimiento espectacular, tan sólo superado por Ripple, lo que hace creer a los inversores en que es una divisa virtual a la que seguirle la pista. El valor de NEM ronda actualmente los 1,2267 euros.

Dash

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Logo de Dash.

Dash, que en 2017 alcanzó una rentabilidad del 9265%, se caracteriza por algunas funcionalidades propias como las transacciones instantáneas (InstantSend) o las transacciones privadas (PrivateSend). Creada en 2014, ha pasado desapercibida por parte del gran público, pero para los expertos su rentabilidad no deja duda de que es una opción a tener en cuenta. Su valor ronda actualmente los 940 euros.

Stellar

La más jovencita de la lista es Stellar, que nació en 2017 y que contra todo pronóstico logró colocarse entre las más rentables de las criptomonedas. Con una rentabilidad del 14441%, el éxito de Stellar reside en ponerle fáciles las cosas a los inversores: su plataforma permite realizar el cambio entre dólares y otras criptomonedas, como el Bitcoin, tan sólo en unos segundos y pagando comisiones bajas, a diferencia de otras plataformas, que cobran comisiones muy altas por realizar estos cambios.

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Logo de Stellar.

La criptomoneda de Stellar se denomina Lumens, y es la “intermediaria” entre las transacciones de dólares a Bitcoins. Actualmente su valor ronda los 0,5 euros.

Litecoin

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Logo de Litecoin.

Litecoin se lanzó al mercado a través de un cliente de código abierto en Github en 2011 como una alternativa al reinante Bitcoin. Recientemente ha experimentado un crecimiento notable: el 25 de noviembre de 2017 el litecoin alcanzo los 70 euros, creciendo así de los 3 a los 70 en cuestión de 7 meses. Al finalizar el año, el litecoin rondaba los 250 euros, y es una de las criptodivisas más rentables, según los expertos, para 2018. No obstante, ha sufrido una ligera bajada, ya que actualmente su valor está en torno a los 205 euros.

Ripple

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Logo de Ripple.

Ripple es una criptomoneda clásica, ya que aunque muchos lo desconozcan, fue creada en 2004 por Ryan Fugger, inventor del sistema de pago RipplePay. Con la intención crear un sistema financiero descentralizado que posibilitara a cualquier usuario ser su propio banco, sin necesidad de intermediarios, Ripple sentó las bases de las criptomonedas años antes de que llegara el famoso Bitcoin. Ripple ha seducido, en los últimos años, a grandes entidades bancarias, incluidas las españolas Santander o BBVA. Su valor actual ronda los 2 euros.

Continúa leyendo: Cómo invertir en bitcoins si nunca has oído hablar de ellos

Cómo invertir en bitcoins si nunca has oído hablar de ellos

Redacción TO

Foto: Thomas Peter
Reuters

Si has leído que el valor del bitcoin está más alto que nunca, que no ha parado de crecer, que está por encima de los 3.000 dólares, quizá te preguntes por qué no lo has sabido antes, si todavía estás a tiempo de comprar y, lo que es más importante, cómo hacerlo. La revista Quartz ha creado una guía para curiosos y desconocedores que trata de arrojar luz a dos cuestiones fundamentales para comprender las criptomonedas: cómo adquirirlas y cómo crear fondos.

En primer lugar, es importante comprender que casi todo en el mundo de las criptodivisas se mueve en el terreno de la metáfora, y los monederos digitales no son una excepción. Porque los fondos en criptomonedas nunca abandonan el blockchain, que funciona como sistema de transacciones, y lo que almacenas no es dinero convencional, sino unas claves digitales muy específicas, una cadena de caracteres que te dan acceso a esos fondos.

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El mercado de las criptomonedas está en auge, y cada vez hay más competidores para Bitcoin. | Foto: Namecoin/Flickr

Hay muchas maneras de almacenar estas claves, que van desde la impresión en papel hasta guardarlas en determinadas aplicaciones móviles, y hay tantas maneras de almacenar como formas de adquirir criptodivisas, cada una de ellas con unas ventajas y unos inconvenientes, con más o con menos costes. Depende, en muchas ocasiones, del nivel de privacidad que desees: esto se puede comprobar en que si utilizas el método ATM, lo que conocemos habitualmente como cajeros automáticos, pagarás una tasa a cambio de privacidad; en cambio, en caso de hacer el cambio natural –con el carné de identidad por delante- la comisión es prácticamente inexistente.

Cada vez hay más servicios remunerados con bitcoins y firmas dispuestas a invertir por ti con esta criptomoneda

Ahora bien, Quartz hace distinciones entre si lo que pretendes es manejarte a pequeña escala con bitcoins, para comprar las recargas de tu vaporizador y pagar en un bar, o ir a lo grande. En el primer caso, puedes utilizar aplicaciones que sirven a modo de monedero. Algunas de ellas, como Coinbase, han recibido un gran interés de los inversores y han reunido cerca de 117 millones de dólares de firmas como Andreessen Horowitz o Draper Fisher Jurvetson. Otras aplicaciones son Breadwallet, que funciona solo con bitcoins y utiliza una tecnología que guarda tus claves en tu propio teléfono y no en sus servidores, o Jaxx, que tiene el valor añadido de trabajar también con ether, la gran criptodivisa a la sombra de bitcoin.

Una manera sencilla y más cara de conseguir criptomonedas es a través de los cajeros automáticos, que hacen el cambio. Un cambio que, en cualquier caso, es fluctuante y varía a cada momento.

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Bitcoin y Ethereum son los líderes del mercado de la criptodivisa. | Foto: BTC Keychain

Además, cada vez son más los trabajos que se remuneran con bitcoins. Hay servicios como 21.co que te permite ganar dinero a costa de que otras personas, con fondos de esta criptomoneda, te envíen mensajes al buzón electrónico. Y, para colmo, tú, como receptor, fijas tu tarifa, decides cuánto cuesta enviarte un mensaje. La revista Quartz también menciona otros servicios web que pueden reportar beneficios en forma de bitcoins. La start-up sudafricana Custos ofrece bitcoins a cambio de detectar películas pirateadas en internet, y también enumera una serie de páginas que combaten el juego online, fomentan el aprendizaje de criptografía o, simplemente, fomentan el uso de estas nuevas monedas.

Pero si pretendes dar un paso adelante y jugar fuerte, sentirte como en la bolsa y conseguir una gran rentabilidad a tu puñado de bitcoins –o ethers, o tokens…–, hay marcas que están dispuestas a invertir por ti. Hay un criptomercado que no funciona de una manera distinta al parqué y a la compra-venta de bonos. En función del riesgo al que quieras someterte, algunas páginas te ofrecen sus propios baremos de rentabilidad. En un sentido más discreto, aparece Bitfinex, que te garantiza una rentabilidad del 0,25% para bitcoins y 0,3% para ethers, y es el más socorrido por los usuarios. Con todo, si lo tuyo es el alto riesgo, como Magnr o Bitmex, que quizá puedan interesarte: prometen rentabilidades astronómicas –de hasta el 100%–, pero con la probabilidad elevada de sufrir pérdidas igualmente importantes. El mercado de las criptomonedas no descansa. 24 horas al día, 7 días por semana.

Continúa leyendo: El bitcoin crece con turbulencias, pero demuestra que no tiene techo

El bitcoin crece con turbulencias, pero demuestra que no tiene techo

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

Parece que el bitcoin no tiene techo, o al menos es lo que se observa si atendemos al crecimiento constante que experimenta desde comienzos de 2017. El nivel de los mil dólares ya queda lejano, igual que cuando nos sorprendimos en el momento en que alcanzó el de los 2.000 dólares. Aquellos niveles parecen minúsculos si atendemos a la situación actual, cuando, a punto de cerrar el año, se encuentra por encima de los 9.000 dólares.

Así, esta criptomoneda crece sin parar y pulveriza récords cada mes. Apenas necesitó una semana y tres días para subir de los 8.000 dólares a los 9.000. En los últimos días ha llegado a los 11.400 dólares, pero no ha sido más que una pequeña burbuja y, tras un gran susto que le hizo perder un 20% de su valor en apenas unas horas, ha regresado a las cotas anteriores, cercanas a los 10.000.

En cualquier caso, basta con observar una gráfica de los últimos dos años para apreciar el meteórico crecimiento de la criptodivisa más popular a nivel global.

El bitcoin crece sin parar y demuestra que no tiene techo
Evolución desde el final del primer trimestre de 2016 hasta hoy. | Fuente: Investing.com

Con todo, que la fuerza del bitcoin siga en escalada no convierte a esta moneda en un valor seguro, como el oro. Esto se debe a su extrema volatilidad. Su crecimiento es frágil y podría caer vertiginosamente en cualquier momento, como ya ocurrió a finales 2013: le llevó cuatro años recuperar su nivel de los 1.000 dólares. Las bajada repentina –en unos minutos– del miércoles y del jueves de esta semana ponen sobre aviso a los inversores.

El bitcoin crece sin parar y demuestra que no tiene techo 1
Evolución del valor del bitcoin semana a semana desde julio de 2017. | Fuente: Investing.com

El riesgo es enorme, tal y como explicó el experto Diego Jiménez-Albarracín en el diario El Mundo: “Tiene muchísimo riesgo y una volatilidad del 100%, lo que supone que puede pasar a no valer nada en apenas diez minutos”. De aquí que la mayor parte de las grandes entidades financieras y gestoras de activos hayan renunciado a invertir en ella.

Continúa leyendo: La verdad sobre la Deep Web: más que porno, cocaína y ak47s

La verdad sobre la Deep Web: más que porno, cocaína y ak47s

Clara Paolini

Foto: GLEB GARANICH
Reuters
Un usuario estándar tan sólo tiene acceso a entre el 3% y el 10% de todo internet; el 90-97% restante permanece oculto en la Deep Web. ¿Qué hay en esa inmensa parte de internet que no vemos?, ¿es cierto que se pueden comprar drogas a domicilio, todo tipo de armas, contratar un asesino a sueldo o encontrar la información secreta que los gobiernos ocultan?, ¿cuál es la verdad más allá de las leyendas urbanas?

Nos adentramos en la Dark Web y en la Deep Net, hablamos con usuarios, policías y expertos en la materia. Investigamos, analizamos y esto es lo que encontramos.

¿Qué son la Deep Web y la Dark Net?

Que el verbo más utilizado para visitar la web sea “navegar” por internet no es casual, porque eso es justo lo que hacemos: flotar sobre la superficie como un barco sobre el mar, ignorando lo que se mueve en las profundidades. El internet donde visitamos redes sociales, sitios de noticias, blogs, wikis y páginas a las que accedemos a través de buscadores, es tan solo la punta del iceberg; el resto permanece oculto a la mirada superficial y aún son pocos los que se atreven a bucear.

En una explicación muy simplificada, internet tiene tres niveles básicos: la web que la mayoría conocemos y a la que accedemos a través de buscadores como Google (la superficie), la Deep Web (la web “profunda” compuesta por páginas no indexadas, a las que es imposible acceder a través de buscadores), y por último la Dark Net, la parte más oscura de la Deep Web que permanece intencionalmente oculta.

Tu página del banco o los archivos internos de una biblioteca, por ejemplo, están en la Deep Web, pero dentro de esa “sección” de internet que normalmente no vemos, también se encuentra lo que ha venido en llamarse el “internet oscuro”.

Para hacerse una idea general del abanico de mitos y posibilidades en torno a la parte oscura de internet, páginas como el hilo de Reddit sobre las historias en la Deep Web aportan una visión simplificada que posiblemente distrae de su potencial real: drogas por correo con sus consiguientes anécdotas, surrealistas vídeos de contenido sexual y comercio de prácticamente cualquier cosa, desde órganos o heroína hasta zanahorias. ¿Es cierto todo lo que cuentan?

¿Es verdad que en la Deep Web se pueden comprar todo tipo de drogas a domicilio?

Sí, el mercado clandestino de drogas de la Deep Web es real, inmenso y relativamente incontrolable. Prácticamente cualquiera puede entrar y comprar un par de gramos de la cocaína más pura o drogas de síntesis recién salidas de una cocina química en Asia.

¿Cómo es este mercado? Imagina una plataforma como eBay o Amazon donde en lugar de encontrar ropa, electrodomésticos o libros, se pudieran comprar MDMA en todas sus variantes, dosis de LSD con el respaldo de clientes satisfechos o estupefacientes de los que ni siquiera has oído hablar, imposibles de conseguir a pie de calle. En estos mercados clandestinos se paga con bitcoins, los vendedores envían los pedidos por correo y tienen hasta su propio Black Friday.

Valium, roxys, cristal, marihuana y hormonas. (Imagen: Captura de pantalla de Silk Road)

Aunque es tan sólo una parte de todo lo que la Deep Web ofrece, el comercio de sustancias ilícitas se ha convertido en una de las principales razones por las que esta parte de la red se ha dado a conocer y motivo de su mala fama. Según un Inspector del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, quien prefirió que su identidad no fuera revelada, este tipo de mercados son los protagonistas, y en lugares como “AlphaBay o Dream Market la contratación está abierta a todos. Entras y ves que te están vendiendo drogas”, pero debido a los sistemas de encriptación y la garantía de anonimato que ofrece la Deep Web, “para nosotros es mucho más difícil identificar a la persona que hay detrás, al responsable”.

Aunque resulta difícil “ponerle puertas al campo”, han sido muchas las ocasiones en las que la ley ha intentado imponer su orden, siendo uno de los casos más sonados el de Silk Road, un site encriptado dado a conocer por los medios como “el mayor mercado negro de drogas”. La primera versión de Silk Road fue cerrada en octubre de 2013, tras casi tres años operando, y según datos del grupo de investigación de Digital Citizens Alliance, aunque su clausura paralizó 13.648 transacciones de drogas diferentes, el comercio de drogas no sólo no se vio interrumpido, sino que aumentó gracias a la proliferación de otras plataformas y el uso extendido de la red para estos fines.

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Aproximación a la distribución y valor de mercado de Silk Road, Evolution y Agora entre Diciembre de 2013 y julio del 2015. (Fuente: The Economist)

El supuesto fundador de Silk Road, Ross Ulbricht, que por aquel entonces tenía 29 años, fue detenido y condenado a dos cadenas perpetuas; una sentencia sin precedentes que tuvo como objetivo amedrentar a todo aquel que pensara en seguir sus pasos. Un auténtico cabeza de turco que la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) definió como el rey de la seguridad del anonimato en internet, sin sucesores al trono. Sin embargo, tal y como queda reflejado en el documental sobre el cierre de Silk Road, “puedes encarcelar al hombre, pero no sus ideas”, por lo que una nueva versión volvió a lanzarse en mayo de este año y existen otras muchas plataformas, como las ya señaladas por el inspector de Policía, que comercializan todo tipo de drogas cada día en la actualidad. Son muchos los que señalan como el germen de la demonización de la red oscura la repercusión mediática negativa que provocó Silk Road, pero ¿hasta qué punto es malo que existan este tipo de mercados?

En Silk Road, son los usuarios los que con sus reseñas y comentarios, establecen el grado de calidad y credibilidad de los camellos online, puntuando productos para que otros compradores sepan qué esperar. De esta forma, los interesados conocen qué es lo que contiene exactamente cada paquete a la venta y se evitan posibles peligros asociados a la adulteración de sustancias. Según un informe realizado por la asociación Energy Control, basado en el análisis de 219 muestras de diferentes drogas obtenidas a través de la Deep Web, el 91,3% mostraban una composición fiel a la ofertada en la página. Además, la calidad de estos productos es mejor en los criptomercados que en los mercados convencionales, presentando niveles más altos de pureza y un menor grado de adulteración.

Los expertos apuntan que plataformas como Silk Road proporcionan una alternativa real a los carteles de la droga, traspasando este tipo de comercio a personas cuyo único crimen es la venta, en contraposición a los narcotraficantes cuyos delitos pueden llegar a incluir asesinatos en masa y secuestros. ¿Cuántos tiroteos, extorsiones y muertes se evitarían si el comercio de drogas se realizara online? Desde su punto de vista, teniendo en cuenta que la guerra contra las drogas no parece llevar a la erradicación del consumo, las transacciones digitales al menos alivian delitos asociados al narcotráfico, ya que los mercados de la Deep Web eliminan los escenarios en el que el comprador se ve obligado a realizar transacciones con desconocidos en oscuros callejones, aportando un modelo para la venta legalizada de drogas que podría funcionar.

¿Se venden tarjetas de crédito y datos robados?

Según el Inspector del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, en los mercados clandestinos de la Deep Web “se venden drogas, armas… pero en España, principalmente, datos robados como tarjetas de crédito, cuentas de correo, cuentas de PayPal y servicios para instalar virus informáticos”, tanto de contratación privada como dirigidos a gobiernos y empresas. Según explica, “la mayoría del Malware y datos robados provienen principalmente de Rusia, y de hecho, hay muchos mercados y foros clandestinos que están en ruso y son solo para personas rusas, que son una de las comunidades más grandes dentro de la Deep Web en la actualidad”.

Con el objetivo de evitar el éxito de estas transacciones, la policía lleva a cabo “ciberpatrullajes”, donde se investigan los productos a la venta para descubrir si las cuentas bancarias que ofrecen son reales y pertenecen a bancos o titulares españoles. “El ciberpatrullaje está encaminado a los canales abiertos, a los mercados, a foros públicos, y si encontramos algún vendedor o evidencias que entren dentro de nuestra responsabilidad, iniciamos una investigación. En el marco de dicha investigación, si se considera oportuno, se puede solicitar lo que se llama la figura del agente encubierto virtual, una figura introducida gracias a la nueva reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que permite que los agentes de policía nos infiltremos un poco más en el foro para intentar identificar al vendedor o grupo organizado que esté detrás de esa venta”, explica el inspector.

Los foros tienen una parte pública a la que cualquier persona puede acceder, publicar y leer, pero también suelen tener subforos a los que se requiere invitación por parte de alguno de los administradores. “Generalmente ahí no llegamos porque hace falta una orden de agente encubierto. Sólo llegamos a ese canal cuando se tienen indicios de que en ese canal se están o cometiendo, planificando o se están dando evidencias de un ataque”, aclaran desde la Policía.

¿La Dark Net favorece el intercambio de pornografía infantil?

El Oficial de Policía Eduardo Casas Herrer, de la Brigada de Investigación Tecnológica, sección contra la explotación sexual de menores en internet, opina que “casi todos los que entrar en la Deep Web lo hacen para comprar productos ilegales, la pornografía es una minoría, pero una minoría muy llamativa porque es lo que más rechazo social produce. Que alguien compre dos gramos de cocaína para esnifarla en una fiesta no le importa a casi nadie, pero la pornografía infantil resulta muy desagradable. Cuando alguien que no busca ese contenido lo ve, resulta impactante hasta el punto de sentirse enfermo”.

En casi todos los directorios superficiales de la Deep Web la pornografía infantil aparece “baneada” y en muchos casos, son los propios usuarios los que bloquean, clausuran e incluso denuncian el intercambio de Cheese Pizza, uno de los nombres con los que se conoce la pornografía infantil en el argot de la Dark Net (por sus siglas en inglés CP – Child Porn). En determinadas ocasiones, pueden ser incluso los propios pedófilos los que queden escandalizados ante lo que ven porque se cruzan fronteras que superan toda depravación imaginable y corroboran que algunas leyendas urbanas son lamentablemente ciertas, “como en el caso de Daisy Destruction, en el que fueron los propios pedófilos los que llegaron a denunciar vídeos con la tortura de un bebé”, cuenta el investigador.

El motivo por el que los pederastas comparten archivos en foros ocultos de la red, aunque su perfil psicológico no les llevaría al deseo de mostrarse, radica en que para obtener más material, muchas veces no queda más remedio que dar a conocer sus hechos. Uno de los requisitos para ser admitido en los subforos es compartir dicho material: “Si quieren cosas nuevas necesitan compartir. Antes lo hacían en la web abierta y ahora a través de la Deep web”, asegura Casas.

Según este experto con más de una década a sus espaldas luchando contra la pesadilla de la pornografía infantil, la Deep Web y la Dark Net “son un medio para que los pedófilos, que antes eran personas aisladas, se pongan en contacto entre sí y se proporcionen un refuerzo psicológico, lo cual es muy importante. La parte buena, dentro de lo malo, es que a través de ellas conocemos una serie de imágenes de abusos sexuales a menores que antes quedaban totalmente ocultos. Gracias a eso se ha conseguido identificar algunas de la víctimas y llevar a cabo detenciones de pedófilos, como ocurrió con el caso Maxi, que de no ser por la Deep Web, no hubiéramos podido resolver (…) Los pedófilos creen que estas plataformas son una forma más segura de intercambio, pero no lo es tanto, porque siempre hay formas de saber quién hay detrás. No siempre son fáciles, ni siempre funcionan, pero existen. Los pederastas no son invulnerables, que es lo que ellos se piensan. La garantía de anonimato y privacidad de la Dark Net es una afirmación optimista, todo deja rastro. Hay rastros que son muy difíciles de seguir, pero si lo haces de forma habitual puedes cometer un error tan sencillo que nos lleve a una identificación”.

Según relata el oficial “en España se consume mucha pornografía infantil, pero en ocasiones se hace por mera curiosidad, o casos de alguien que no es un pedófilo se lo descarga junto con otras variedades sexuales, como por ejemplo una carpeta en la que vienen vídeos de ancianas, transexuales y niños, por poner un ejemplo. Se bajan videos con esas tres cosas como si fueran normales, pero ver un vídeo de pornografía infantil ya supone un delito en nuestro país”. Asegura que cada año se investiga a más de 400 personas, aunque entre ellos, no hay muchos pedófilos estrictos, y de estas investigaciones hay muchas que jamás salen a la luz pública “porque el día que se sepa nos cortarán las alas. Se pueden estar utilizando métodos y herramientas que si se conocieran, se acabarían. En la Dark Net se trabaja mucho pero se da a conocer muy poco“, asegura Casas.

¿Es legal entrar en la Deep Web?

Según explica un compañero del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica entrar en la Deep web no es un delito de por sí. Entrar a un mercado o a cualquier página legítima, que en la Dark Net hay muchas, no supone un delito. Otra cosa sería entrar en un foro de pornografía infantil para el que hay que registrarse y con el conocimiento de que sí se está intercambiando ese material”.

Que en la Deep Web se comercie con sustancias ilícitas, que impliquen algún delito o existan actividades criminales, no significa que el mero hecho de entrar te convierta en un criminal. Una de las quejas más habituales entre usuarios y gestores es justamente ese: la Deep web se ha demonizado, pero que se le haya puesto el adjetivo de “oscura” no significa que quien la visite sea pederasta, drogadicto o yihadista. En esta dirección, MP, ingeniero informático que visita asiduamente páginas dentro de la Deep Web, comenta que “gran parte de la culpa la tienen los medios de comunicación y blogs de gente que lo único que ha hecho es googlear deep web, o como mucho, entrar una vez para ver que hay de forma superficial. Que si entrar en los infiernos, que si asesinos a sueldo, pelis snuff…Normal que a la gente le de miedo entrar, pero de verdad que no es solo eso. Los mejores libros que he leído los he comprado en la Deep Web”.

¿Por qué entrar en la Deep Web si no es para comprar drogas, ver porno o aprender a ser un hacker?

Jorge Alberto Lizama Mendoza, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México y Especialista en Cibercultura y Multimedios Digitales, explica que “lo de comprar drogas, encontrar pornografía o empezar a convertirse en hacker está en el primer nivel de superficialidad de la Deep Web. Cualquiera puede entrar, buscar el directorio prohibido de los sitios .onion y encontrarlo, por lo que muchos adolescentes llegan a este punto, hacen este recorrido muy superficial y venden una imagen sesgada en los videos que luego publican en YouTube (…) A partir de 2009-2010 empieza a llegar mucha pornografía, incluso a niveles alarmantes, y también empieza a haber cierta masificación. Los niveles superficiales están llenos de los que llamamos niños rata, como se les conoce en el argot de internet, que hablan de que tienen pactos con el diablo, de que han descubierto drogas para tener relaciones sexuales toda la noche…puros rumores y mitología urbana”.

Desde su punto de vista, esta imagen ha hecho mucho daño a la percepción generalizada sobre la Deep Web: “Hay que superar este primer escalón, que necesariamente vamos a encontrar. Si superamos ese nivel, encontraremos otros motivos para visitar esa red. Podemos encontrar información periodística, minería de datos, información que todavía ni siquiera ha sido tratada a través de una redacción periodística… Es información en su estado más puro. No hay tratamiento, tergiversación ni prejuicios que impidan que podamos analizar la información objetivamente”.

Personalidades como Julian Assange o Edward Snowden demostraron que en el siglo XXI el ‘Gran Hermano’ es una realidad y que en internet ningún movimiento pasa desapercibido. En este sentido, la Deep Web ofrece una respuesta. Comenzó como un movimiento formado por criptográfos y expertos de seguridad que buscaban vivir en un mundo donde gobiernos y corporaciones no pudieran acceder a correos privados, espiar llamadas telefónicas o llevar a cabo recogidas de datos en contra del derecho a la privacidad. No buscaban destruir la ley, sino construirla democráticamente poniendo a disposición del gran público herramientas de encriptación para cambiar la forma en la que funciona internet, donde todos trabajamos gratis para Google y Facebook y los gobiernos llevan a cabo una vigilancia pormenorizada de cada movimiento.

Irónicamente, TOR (The Onion Router, que significa algo así como el router de la cebolla por las capas que contiene), que es el software más conocido para acceder a la Dark Web, surge como un proyecto militar creado por el Laboratorio de Investigación Naval de la Armada de los Estados Unidos, que si no abandonado, es dejado de lado. Es entonces cuando la Electronic Frontier Foundation, famosa por defender los derechos de los usuarios en internet, retoma TOR, le da un desarrollo enfocado a defender al ciudadano y aparece la Deep Web en su estado primario. El objetivo general del Proyecto TOR es “hacer que internet sea utilizable sin que te puedan espiar o censurar” y más allá del porno, las drogas y los hackers,  la Deep Web es en esencia, un espacio para el libre flujo de información.

Ha sido protagonista en la sombra de la Primavera Árabe, una plataforma indispensable para la puesta en conocimiento de WikiLeaks y continúa poniendo baldosas sobre importantes filtraciones. En la Dark Net pueden consultarse los documentos “en bruto” de los Papeles de Panamá, filtraciones que revelan la contratación de hackers por parte de gobiernos o la información ocultada por la prensa sobre el escándalo de pederastia a través de los correos de Jon Podesta y Hillary Clinton.

Dentro de la Deep Web, los llamados Tactical Media (medios tácticos), proporcionan una fuente de información alternativa a los tradicionales medios de comunicación mainstrain, buscando innovar, politizar y generar un laboratorio de ideas partiendo de la propia ciudadanía. Ejemplo de ello es ProPublica, una organización sin fines de lucro que suma la participación ciudadana en la elaboración de sus reportajes. Creada en 2008 y ganadora de numerosos premios en periodismo de investigación, entre ellos dos Pulitzer, ProPublica empezó a barajar la posibilidad de lanzar su versión en la Deep Web mientras trabajaban en un reportaje sobre la censura en Internet de China. ¿Cómo conseguir que los ciudadanos lleguen a la información sin pasar por la todopoderosa censura de su gobierno? Esta respuesta, como muchas otras relacionadas con el derecho a la información, parecen señalar a la Deep Web como solución. 

Según describe el Doctor Lizama, en la Deep Web la información está cifrada, pero la información que compartimos depende de un tercero. En cambio, en la Dark Net, la comunicación es de uno a uno: envío información cifrada a una persona y al recibirla ésta vuelve a protegerse mediante métodos de criptografía. Como consecuencia, el primer obstáculo que encuentra el usuario, es la lentitud. Cuanto más sensible sea la información y mayor necesidad de privacidad implique, más lento será el acceso, lo que provoca que la mayoría de la gente, acostumbrada a la inmediatez, se quede en un vistazo con el que aliviar la curiosidad. Tal y como afirma el experto, casi todo el mundo entra “en el más superficial, al que cualquier youtuberito puede acceder y quedarse asustado, pero hay un segundo paso, donde ya hay que tratar y comunicarse con los demás y no sólo mirar lo que hay ahí, lo que propone una implicación social de la tecnología mucho más dura. Y por último, un nivel aún más profundo, donde hay información incluso militar y sobre gobiernos a la que es más difícil de acceder, donde las necesidades de seguridad y privacidad tienen que ser muy amplias. A este nivel no se puede entrar a través de Windows o Mac, tienes que usar un sistema operativo torificado (de TOR)”.

Aunque al igual que en una cebolla, existen numerosas capas y dependiendo de cada usuario el nivel de acceso sea diferente, la Dark Net se ha convertido en un espacio de información e interacción que se opone al modelo institucionalizado, o lo que Lizama llama “el modelo selfie, promovido por las grandes corporaciones digitales que tiene como objetivo que el usuario se desnude ante la tecnología, que no guarde secretos, sino que se los venda a la máquina para que ésta, bajo el dominio del algoritmo, se beneficie de información que ni siquiera él conoce convirtiendo sus propias vidas de los usuarios en productos”. 

Como espacio para la “anarquía cibernética” y la protección de la privacidad,  la Deep Web se sitúa en el modelo opuesto. Aquí se intercambia una gran cantidad de información, pero no sobre la vida personal de cada uno, sino información de interés público. Según Lizama “deberíamos utilizar la Deep Web porque conociendo los niveles más profundos, ganaríamos en apropiación social de la tecnología, ganaríamos en nuestra alfabetización tecnológica y podríamos innovar con libertad“. 

En la Deep Web y en la Dark Net hay cocaína, AK47s y pornografía infantil, pero también hay clubs de lectura, debates entre idealistas e información en estado puro. La existencia de este mundo subterráneo no es algo bueno ni malo de por sí; la Deep Web y la Dark Net “tan solo” son poderosas herramientas para la libertad en internet. Qué hagamos con ellas, dependerá, ni más ni menos, de cada uno de nosotros como usuarios.

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Romhy Cubas

Foto: Henri Cartier-Bresson
Getty Images

 “Escribo para definirme, un acto de auto creación, en un diálogo conmigo misma, con escritores que admiro, vivos y muertos, con lectores ideales. Porque me da placer. No sé con certeza para qué sirve mi trabajo”.

― Susan Sontag 

Intelectuales en América hay de sobra. Hay de los que escriben para el New York Times o The Paris Review, de los que se reúnen con otros intelectuales en restaurantes de la Quinta Avenida o recepciones en Chicago, también hay de los que todavía no se saben intelectuales o no les importa si aparentan una sabiduría mayor a la habitual cuando se detienen a conversar. Susan Sontag, en cambio, no fue ninguna de las anteriores, mas allá de ser estadounidense, la estampa de la escritora, ensayista, profesora, novelista, directora, guionista, y sobre todo crítica, infiere una pluma que –como Goethe- quiso saberlo todo siempre y cuando la palabra dicha despertara una idea contraria.

Lo de Sontag es especial porque sus inquietudes sociales fueron tan diversas que se podía tratar de aproximaciones a la pornografía, a la fotografía, a la estética del silencio y del fascismo, al teatro, a la coreografía de Balanchine, a los usos y abusos del lenguaje y la enfermedad, o al rol de cineastas y escritores como Walter Benjamin, Roland Barthes, Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard, Robert Walser, Marina Tsvetaeva y Alice James. Esa multiplicidad nunca impidió su claridad y profundidad de ideas que vertió en 17 libros, traducidos a más de 30 idiomas. 

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Susan Sontag fotografiada en París en noviembre de 1972 | Imagen: Getty Images

Una de esas circunstancias que la convirtieron en algo más que una intelectual, en una híbrida de la cultura moderna con una voz tajante y vibrante, es precisamente el uso de la palabra a través del ensayo. No solo el ensayo como instrumento académico y elitista para la exposición de ideas y parábolas, sino el como fuente de cuestionamiento cultural, moral y estético. El ensayo como una fuerza introspectiva e interpretativa en donde el pensamiento y las emociones, el arte y las palabras, se vierten para generar una especie de autoimagen de quien escribe y de la sociedad en donde escribe. La prueba y el error de la palabra en la pluma de una autora con espejos en todas las esquinas de la habitación.

La renovación del ensayo americano como instrumento ante la cultura de masas y ante la literatura moderna es uno de los aportes más fieles a las necesidades del presente de la neoyorquina.  Su literatura siempre apeló a criterios y creencias mixtas en donde afirmaciones como que “no hay un Dios o vida después de la muerte” o que “el único criterio de una acción es su efecto último en la felicidad o infelicidad de una persona”. Sontag abre así ventanas hacia la profundidad del pensamiento y a los placeres que se pueden obtener al hacer frente a sus rigores.

De esos rigores, sensibilidades y morales, escribe en Notas sobre los Camp cuando anota: “La primera sensibilidad, la de la alta cultura, es básicamente moralista. La segunda sensibilidad, la de los estados extremos de sentimiento, representados en gran parte por el arte contemporáneo de “vanguardia”, se afirma en una tensión entre la pasión moral y la estética”.

Este es solo uno de los cientos de párrafos en donde el personaje y la cultura se plasman en la pluma de Sontag para retar no solo a la palabra y al oficio del escritor, sino para cuestionar las nociones tradicionales al momento de interpretar el arte y el consumismo. Un escrutinio infrecuente e ignorado por muchos que se puede sentir en obras como Contra la Interpretación y Otros Ensayos (1966), Sobre la Fotografía (1977),  El amante del volcán (1992) o Letras desde Venecia (1981), los últimos escritos y dirigidos por Sontag.

Su mayor proyecto, sin embargo, fue su devoción a la demolición, una búsqueda que se puede ver en todos sus ensayos y ficciones, que se basa en la distinción entre pensamiento y sentimiento. “La base de todos los puntos de vista anti-intelectuales: el corazón y la cabeza, el pensamiento y el sentimiento, la fantasía y el juicio”, aseguraba la escritora.

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Susan Sontag fotografiada en su hogar por Lynn Gilbert | Imagen: Wikimedia Commons

En el arte como salvación

Sontag no se definía como periodista o activista, pero en sus ensayos políticos y declaraciones públicas siempre buscaba esa combinación de empatía y compromiso hacia una erudición factible y racional.

“Un escritor, creo, es alguien que presta atención al mundo. Eso significa tratar de comprender, comprender y conectarse con la maldad de la cual los seres humanos son capaces; y no ser corrompido, hecho cínico, superficial, por esta comprensión”, afirmaba sobre el oficio del escritor. Un oficio al cual le dedicó años de introspección y reflexión para entenderlo no solo como una carrera comunicacional, sino como una conexión al pasado y al arte, a la continuación de las cosas y de las ideas. Para Sontag, el oficio del escritor fue una nueva manera de entender la elasticidad del lenguaje y la forma en que las palabras pueden expandir y contraer significados.

“Nos preocupamos por las palabras, somos escritores. Las palabras significan Las palabras apuntan. Ellos son flechas. Flechas atrapadas en la áspera piel de la realidad. Y cuanto más portentosa, más general es la palabra, más se asemejan a salas o túneles. Pueden expandirse o derrumbarse. Pueden llegar a llenarse de un mal olor. A menudo nos recordarán otras habitaciones, donde preferiríamos habitar o donde pensamos que ya vivimos. Pueden ser espacios donde perdemos el arte o la sabiduría de habitar. Y, finalmente, esos volúmenes de intención mental que ya no sabemos cómo habitar serán abandonados, cerrados, cerrados.”

Entre todas las contemplaciones y los papeles como pensadora y crítica social de un mundo prolífico en narrativas y propósitos individuales, Sontag forma parte de un universo aparte en donde  el propósito del escritor y la responsabilidad de la narración comparten un lugar poco común en el imaginario colectivo. Un lugar necesario que tanto en ficciones como en ensayos puede compartirse en el acto del lenguaje.

Pero nada más premonitorio y hermoso como su carta a Borges, escrita casi una década antes de los ebooks y los audio libros. Sontag siempre estuvo un paso adelante en la intersección de la tecnología, la sociedad y las artes, y así se disculpa con un maestro de la literatura ante la muerte prematura del libro cuando escribe:

“Lamento tener que decirte que los libros ahora se consideran una especie en peligro de extinción. Por libros, también me refiero a las condiciones de lectura que hacen posible la literatura y sus efectos sobre el alma. Pronto, nos dicen, llamaremos “libros de pantalla” a cualquier “texto” en demanda, y podremos cambiar su apariencia, hacer preguntas sobre él, “interactuar” con él. Cuando los libros se convierten en “textos” con los que “interactuamos” de acuerdo con criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva impulsada por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando, y se nos ha prometido, como algo más “democrático”. Por supuesto, significa nada menos que la muerte de la interioridad y del libro”.

Susan Sontag representa algo más que el ensayo y error de la palabra, que las premoniciones democráticas del futuro de la literatura. Es el intelecto feroz y emocional de una mente consciente del universo y de sí misma. Una observadora profesional de la vida en todos sus sentidos. Es entender que el intelectual no es tal por su status o conversaciones de librería, sino por aproximarse a la elasticidad del lenguaje sin desdoblarlo del todo. Desmantelar desde múltiples perspectivas como hizo Sontag, quien falleció en el 2004 a los 72 años de edad, una dimensión que va más allá de géneros en sociedades.

“Uno solo podía imaginar cómo Sontag podría haber saludado el amanecer de la igualdad matrimonial, si hubiera vivido para verlo, y cómo la nueva política de la sexualidad podría haberse traducido en su escritura.” La fotógrafa y pareja de Susan Sontag, Annie Leibovitz, al San Francisco Chronicle.

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