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Guillermo Aguirre lanza un libro generacional sobre el fracaso escolar de los 'millennials'

‘Un tal cangrejo’ (Sexto Piso, 2022) es la cuarta novela de Guillermo Aguirre, un texto largo sobre el fracaso escolar y la educación (formal e informal)

Guillermo Aguirre lanza un libro generacional sobre el fracaso escolar de los 'millennials'

El escritor Guillermo Aguirre. | Victoria García

Además de trabajar como escritor, Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984), dicta clases de creación literaria en el Hotel Kafka, y siempre les dice a sus alumnos que para contar una historia basta con que uno crea que tiene algo que contar. Porque ya se ha contado todo antes. Aguirre se dio cuenta de esto mismo hace 13 años, cuando comenzaron los primeros esbozos de Un tal cangrejo (Sexto Piso, 2022), la novela en la que ha estado trabajando todos estos últimos años.

Se trata de una novela apoyada en sus propias vivencias, que funcionan sobre todo como telón de fondo, en tanto que ubicación espacial (la novela se ambienta en Bilbao, ciudad natal del escritor). Y pensó Aguirre que tenía mucho que decir sobre el tema de la novela, porque él mismo fue de los que vivieron «ese camino b, de los que se han saltado la educación», nos cuenta vía Zoom.

Dándose cuenta de que no tenía las paces hechas con algunos de los contenidos que más tarde se habrían de incluir en la novela es donde encontró la fe para trabajar en esta novela larga, de aspecto clásico, a medio camino entre la novela de aventuras y la novela picaresca. Una novela que podría tener un aire decimonónico de no ser por su estructura en tres partes intercaladas. En la primera, una voz omnisciente nos lleva a acompañar las andanzas de su protagonista, una segunda parte funciona como corifeo lírico, como apunte generacional, y una tercera se basa en entrevistas realizadas al entorno del personaje principal, muchos años después de que hayan sucedido los hechos, y sirve como comentario, aclaración y matización de los hechos que acontecen en la trama principal. 

 «Yo fui un adolescente complicado -nos cuenta Aguirre- y ejercí en casa mucha presión, mucho extorsionar, golpear muebles, chillar a la familia, romper cosas y vivir prácticamente como si estuviera en un hostal». Este es un tema que aparece solo en la segunda parte de la obra y no es central para la trama, pero sí da razón para que el propio Aguirre le apostara a esta historia; fue, pues, lo que cimentó su fe en esta crónica, la de Cangrejo (o Grejo), un chaval problemático cuya historia (entre los 12 y los 18 años) sigue esta novela en su argumento principal.

Aguirre siempre ha sido lector de novelones. Le gusta mucho la literatura norteamericana, las novelas que son largas. Así, y siendo que sus anteriores novelas no sobrepasaban las 270 páginas, esta vez quería irse más allá (Un tal Cangrejo tiene 490 páginas). Quería una novela al estilo de las de Bellow o John Irving, en la que se tuviese la capacidad de ir avanzando más en torno a las vivencias de un personaje que no ciñéndose a una trama muy férrea, «quería hacer una novela como Dios manda, con todas las letras», afirma.

Portada Un tal cangrejo
Portada del libro. | Sexto Piso

La maldad es una construcción muy abstracta

A los adolescentes les perdonamos muchas cosas porque sabemos que llegan a la maldad mucho después, que no son conscientes si no más tarde (y aquí está también la clave de esta novela y la razón por la que el lector empatiza con los personajes de esta novela). Porque la maldad es una construcción muy abstracta. En Un tal Cangrejo, al personaje principal lo secundan toda una serie de chavales que, igual que él, provienen de familias de padres divorciados, han fracasado con los estudios y no se tienen más que a sí mismos.

De ahí que la pandilla, el grupo, funcione como la otra familia. La ausencia de los padres obliga a que maduren más pronto, y esto se da por las libertades que se conceden a los hijos. «Al principio es el grupo el que dibuja los contenidos de cada personaje -nos dice Aguirre-, no son nadie, no son ellos todavía, son solo el rol que ocupan dentro de esa cosmología que es el grupo. Porque el grupo necesita que cada uno cumpla una función determinada para que el grupo se desarrolle de una manera eficiente, pero, sobre todo, porque hay un peligro en la calle, que son los otros». Es en esa época cuando los padres desaparecen (y no simbólicamente, si no de manera real). El propio Aguirre nos cuenta que recuerda una época larga de su adolescencia en la que no había ningún adulto a la vista.

Así, dada esta coyuntura, lo que le sucede a Cangrejo y sus amigos es que tienen ansia y premura, «toda su necesidad es la vía más rápida para insertarse en el mundo adulto», nos dice Aguirre. Y añade: Están empujados por la sed, y esta sed lo que provoca es que vayan pasando por una serie de hitos para poder entrar en el mundo adulto lo más rápido posible. Y estos hitos son: el sexo, la violencia, la construcción de una minieconomía y una minipolítica copiada del mundo de los padres, «porque lo que quieren es recrear un universo como el de los adultos».

Así las cosas, esa misma urgencia es la que propicia el crimen, «pero no es un crimen pensado, jamás podríamos articularles un Grado A, sería uno B, como de segundo grado», nos dice el escritor bilbaíno. «Creo que la mayoría de las inconsciencias de los adolescentes que caminan por el lado salvaje de la vida suelen ser cosas que se van de la mano, que se van de madre. Cosas que empiezan por un chiste o un ‘a que no hay huevos’», afirma.

Es llamativo (porque es contradictorio), nos cuenta Aguirre. El hecho de que, en la adolescencia, el grupo y la familia los conformen personas que no se eligen, porque en el caso del grupo de amigos son los que un poco salen del colegio, no son los que seleccionaremos de adultos. Pero, sin embargo, se consolidan como uniones casi indestructibles. Y son «totalmente necesarios porque el adolescente está desvalido», dice Aguirre. Entre aquellos que dejan de estudiar, «se suele generar una piña grande de sujetos que se unen para protegerse las espaldas. Carne de bullying que se juntan para hacer bullying», nos cuenta Guillermo Aguirre.

De la adolescencia se sale

«La individualidad es la aceptación de la verdadera personalidad de uno», sentencia Guillermo Aguirre. Y este es el tema central de la novela: cómo a través del grupo se va paulatinamente conformando la personalidad de uno. Sobre cómo, en los años difíciles, es el apoyo del grupo lo que sostiene y lo que permitirá, con el paso del tiempo, la formación del yo adulto, de ese yo maduro que se configura y (re)establece precisamente en la confrontación con el grupo, en su diálogo. 

Guillermo Aguirre 2
El escritor Guillermo Aguirre. | Victoria García

Un tal Cangrejo es una novela sobre el fracaso escolar y los adolescentes. La intención del autor bilbaíno es que el libro «pueda hablarles a las personas que estén pasando por una circunstancia parecida. Y por eso no quería cargar las tintas en lo dramático. Porque la idea es que las cosas no son tan dramáticas como se viven en la adolescencia, los padres tienen que saberlo. Porque parece terrible cuando estás envuelto en ello, pero hay esperanza. En esa época los padres se vuelven locos y empiezan a dinamitar a los chavales», observa Aguirre.  Y recuerda que a él mismo y sus amigos era lo que les decían sus padres, que si estaban echando su vida a perder o que habían fracasado, que parecía que todo se había acabado por dejar los estudios a los catorce o a los quince, que nadie les explicó que se podrían reenganchar más tarde, nadie hablaba del futuro.

Es por ello que a Guillermo Aguirre le gustaría que Un tal Cangrejo transmitiese un mensaje positivo, el de que si algún chaval está en la misma situación que los protagonistas de la novela no sienta que toda su vida se ha echado a perder. Y que los comportamientos durante la adolescencia, a pesar de la violencia y el desorden, el caos y el sinsentido (y como el propio autor ha podido comprobar al llegar a la edad adulta) no conforman necesariamente al yo del futuro, no lo escriben de manera imborrable, ni lo inscriben de forma irremediable en el crimen.Y es que, quitando algunos hitos de la madurez «nos ocurre un poco a todos, que siempre volvemos a la adolescencia como a aquel lugar idílico (o no). La peor de las épocas era, al mismo tiempo, la mejor de las épocas», sentencia Guillermo Aguirre. Y es que ya saben lo que se dice: Juventud, divino tesoro.

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