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Cultura

Bohumil Hrabal retrata con humor y fiereza la Praga estalinista

La editorial Nórdica publica ‘Señor Kafka’, un conjunto de relatos inéditos del genial escritor checo

Bohumil Hrabal retrata con humor y fiereza la Praga estalinista

Bohumil Hrabal. | Wikimedia Commons

«¡Dejadme viviiiir! ¡Dejadme viviiiir!», grita una chica rubia, beoda, con una larga cicatriz que le recorre la frente (fruto del golpe de una guadaña del Conde Koloredo, un loco de su familia), a la que sacan a rastras de una taberna situada en el mismísimo límite de la ciudad de Praga, y queda allí, con su «cabello rubio extendido como la cola de un pavo real, como un abanico de plumas blancas de avestruz». Y ello tras haberse pimplado nueve rones y cinco cervezas que no, no ha pagado.

Esta chica rubia es uno de los personajes de uno de los relatos del libro Señor Kafka; de El lingote y los lingotes, concretamente. Y sirve para ejemplificar varias de las características que comparten los siete relatos que componen el libro que Bohumil Hrabal escribió en los años cincuenta (sin pensar siquiera en su publicación) y que evidencian la obra temprana del escritor checo. A saber: un rebuscar la belleza entre las ruinas (y tratar de convertirlo en apasionada poesía), una constante lucha entre el orden y el caos y la presencia de unos personajes que son una suerte de «tontos sabios» que tratan de buscar la felicidad a toda costa, a pesar de las duras circunstancias de sus vidas.

Otros rasgos comunes de estos relatos son la omnipresencia de la ciudad de Praga, la conciencia de que se está construyendo un mundo nuevo (pero que no consigue desembarazarse del pasado, que anida en los símbolos, pero también en los corazones de los checos) y una difícil comunión entre los ritos e imposiciones estalinistas y un pleno sentido de lo humano. De hecho, se evidencia esto, de forma clara, en el mismo relato al que nos referíamos antes, cuando uno de los personajes, que trabaja en los altos hornos de la siderúrgica Poldi (donde trabajó el propio Hrabal y aparece en cuatro de los relatos), reclama que «aquí también hay humanidad, aquí también hay ideas». A este respecto, otra de las características de los textos es que todos sus personajes pugnan por volver a la naturaleza (de lo humano), liberados pues (en un estadio casi imaginativo, ya que la realidad no lo permite) del embrutecimiento del corsé estalinista.

Ambigüedad moral

Decenas de presos, obligados a trabajar en estos hornos y en otras empresas (hombres y mujeres) por el régimen comunista, van apareciendo en estos relatos, dejando en evidencia una ambigüedad moral que es característica de toda la obra de Hrabal. Y es que, en estos textos, el autor checo mezcla lo lúdico con lo sagrado, lo serio con lo cómico, los ritos con los vicios, el anhelo con la prohibición del deseo. Por ello, y gracias a esta tensión, los relatos van explotando por aquí y allá, unas veces en estallidos beodos, otras en arrebatos sexuales, en ocasiones se trata de confrontar al orden y su contrario: la violencia del control de la ley que amenaza a los sujetos, y por doquier, la estimable joie de vivre comparece a su antojo. Y no es gratuita la referencia afrancesada, ya que en estos relatos es manifiesta una pulsión surrealista que viene de las primeras lecturas de Hrabal (nótese que el primer libro que impactó en la mente creativa de Bohumil fue Gargantúa y Pantagruel, del carnavalesco Rabelais).

Tres de los relatos de este libro (Señor Kafka, A través del tambor y La Bella Poldi) se sirven de la primera persona para la voz narrativa y son los mejores del conjunto. En ellos, las razones compositivas, a pesar de que se utilicen estrategias narrativas y estilísticas diferentes (uno juega con el collage –Señor Kafka-, otro –A través del tambor– nos muestra la conversión del personaje a los placeres del mundo, un acomodador «como Dios manda» que entiende las virtudes del frenesí humano, y un tercero –La Bella Poldi-, en el que nos encontramos con el mismo personaje que el del cuento «Señor Kafka»- escribiéndole una carta apasionada a la Poldi, la fábrica siderúrgica, en términos de enamoramiento físico) propenden hacia un mismo fin: el conocimiento de uno mismo.

Portada de ‘Señor Kafka’

En los otros cuatro relatos Hrabal juega a zigzaguear con las historias, situaciones y personajes, y en otros contrapone los símbolos nacionales, que se están construyendo en ese momento (en tanto que no paran de derribarse estatuas y quitar placas de las calles) con la ordinariez de los asuntos mundanos. Dice, no sin socarronería, uno de los personajes de La traición de los espejos: «La de estatuas que ha habido en Praga en casi mil años. Ni siquiera tocabas el suelo si te ibas a casa borracho: siempre podrías apoyarte en unas manos de mármol o arenisca, de la cantidad de estatuas que había en Praga».

Autor de culto

Hrabal nos presenta en Señor Kafka una Praga que es «una ciudad desvaída de humor tempranero, con tejados verdes y la torre de la iglesia, de pizarra, como deshuesada». Una ciudad sobre la que asoman las chimeneas, de las que brotan delicadas llamas azules «con hilachas de ámbar en el borde». Una ciudad donde se han apagado las estrellas. Una ciudad para la que la guerra es un vago recuerdo, pero que, sin embargo, está llena de chatarra proveniente de la misma. Una ciudad donde no acaba de cuajar lo nuevo, en tanto que lo viejo sigue por todas partes.

Bohumil Hrabal es un autor de culto en España. Son más conocidas sus novelas adaptadas al cine: Trenes rigurosamente vigilados, Alondras en el alambre y Yo serví al rey de Inglaterra, aunque la propia editorial Nórdica publicó, coincidiendo con su centenario, también otra de sus notables obras: Clase de baile para mayores (2014), una novela construida en una sola larga frase donde un anciano libertino le cuenta a una bella señorita la historia de su vida, un anciano inspirado en un tío del autor (el tío Pepin). Por su parte, la editorial Galaxia Gutenberg (que tiene en su catálogo el grueso de la obra de Hrabal) publicó también en 2014 Los frutos amargos del jardín de las delicias, la biografía del escritor checo a cargo de la traductora, escritora y periodista Monika Zgustova, nacida en Praga, pero residente en Barcelona desde los años ochenta.

Gracias a la publicación de Señor Kafka, en traducción de Patricia Gonzalo de Jesús, el lector en castellano ahora podrá acceder a una de las muestras tempranas de la escritura de Hrabal, una escritura vívida, muy visual, apasionada y confusa, como fueron aquellos tiempos que retrata, unos relatos magníficos donde el escritor checo se obstina en encontrar(le) a una realidad gris todas las brechas alegres que pueda. Ya lo dice el protagonista del relato que da nombre al volumen de cuentos, que «sin una brecha en el cerebro no se puede vivir». Benditas brechas de alborozo y libertad, de poesía y algazara que nos abre Habral para decirnos que, aun en los peores tiempos, siempre vale la pena seguir vivo.

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