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'Saltburn': escándalo para vírgenes audiovisuales

La cinta de Emerald Fennell no es tan transgresora como se vende. Se salva por la entrega de parte del elenco

‘Saltburn’: escándalo para vírgenes audiovisuales

Fotograma de 'Saltburn'. | Jován Pulgarín

Si Saltburn se hubiera hecho en España, Oliver Quick (Barry Keoghan) habría bailado Escándalo… es un escándalo de Raphael en la escena final en lugar de Murder On The Dancefloor de Sophie Ellis-Bextor. Esto porque Emerald Fennell parece empecinada en querer ruborizar a la audiencia, aunque el esfuerzo es tan evidente que el espectador se aburre rápidamente. Esta producción, se ha dicho, parece dirigida a la generación TikTok. Más que una película, luce como un corte y pega de escenas sin mucho sentido.

Fennell sigue la misma línea de Una joven prometedora (Promising Young Woman): muestra los dientes, pero se queda atascada en la mordida. Al final, Saltburn «escandaliza» de una manera muy infantil. Ni siquiera se le puede definir como una cinta erótica, si bien intenta sacarle la mayor cantidad de jugo al cuerpazo de Jacob Elordi (Felix Catton). Quien haya visto Euphoria habrá notado que Sam Levinson lo hizo mejor, sin necesidad de que el espigado actor se quitara siquiera la camisa. 

Pero tal vez lo que termine hundiendo a la cinta de la prometedora directora es ese cierre scoobydiano, cuando el villano explica su plan y ejecución. La película se salva mientras el espectador se pregunta si ciertas muertes fueron accidentales. Cuando esto es aclarado por una chocante voz en off, la obra recibe la Unción. Solo queda reírse y disfrutar del bailecito de Keoghan.

¿De qué va esto?

Saltburn es la enésima vuelta al manido tema del cazador-cazado. También una nueva versión de los Ricos también lloran. La sinopsis lo resume así: un estudiante de la Universidad de Oxford se ve envuelto en el mundo de un compañero de clase encantador y aristocrático, que lo invita a la extensa finca (Saltburn) de su excéntrica familia para pasar un verano inolvidable.

Trailer de ‘Saltburn’. YouTube

La premisa de persona rica se entretiene con amigo pobre, la hemos visto mil veces. Sin ir muy lejos, en la primera temporada de la premiada The White Lotus (2021), la caprichosa Olivia Mossbacher (Sydney Sweeney) maneja a placer a su amiga, Paula (Brittany O’Grady), una joven de estrato social bajo, a quien ha invitado a pasear en el distinguido hotel. La relación se quiebra cuando aparece un interés amoroso.

Por otro lado, El talento de Mr. Replay (1999) es el referente cuando hablamos de ese deseo por poseer lo que tiene el otro, deseo que se pude convertir en una obsesión, como también se vio en Retorno a Brideshead («esa puerta en el muro… que abriría un jardín cerrado y encantado»), largometraje de 1981, inspirado en la exitosa novela de Evelyn Waugh, probablemente la influencia más directa para Fennell. 

Trailer de ‘Regreso a la mansión Brideshead’. YouTube

Lamentablemente, donde Mr. Replay y Retorno a Brideshead triunfan, Saltburn fracasa de manera estrepitosa. La tensión de un primer acto bien logrado, en el que se establece la relación entre los protagonistas, Oliver y Felix, se desvanece y el cierre de la producción responde a un guion maltratado. Todo se precipita, de manera que no hay personaje que no quede desdibujado. Peor aún pasa con la verosimilitud del relato. Cualquiera que haya visto ID, de Discovery Channel, sabrá que ningún cuerpo policial deja pasar dos muertes en un mismo entorno. Más cuando el beneficiado se queda con el botín mayor.

No obstante, a pesar de todo lo escrito hasta aquí, Saltburn no aburre. Al menos no hasta su último tramo, lo cual evidencia el talento de Emerald Fennell para contar una historia. Parece estar muy cerca de dar en el blanco con su película definitiva. Eso sí, la cinta exige cierta complicidad del espectador. Si estás dispuesto a creerte todo lo que se narra, incluso con sus tropezones argumentales, puedes llegar al final. En mi caso, me pareció que hasta se le puede encontrar cierta alegoría con el mundo de los superhéroes, más allá de que se nombra al mundo arácnido de Spider-Man. 

Me explico: Saltburn podría ser un cuento retorcido de la relación juvenil entre Batman (Elordi) y Joker (Keoghan). «Lo amaba y también lo odiaba», dice Oliver. ¿No es eso lo que siente el archienemigo del hombre murciélago? De hecho, así como en la fantástica obra independiente de Todd Phillips (Joker), el baile de Joaquin Phoenix en las escaleras quedó para la posteridad, lo más recordado de Saltburn, después del sorbete de semen y sangre, son los pasitos de Keoghan, quien, como todos saben, es el nuevo Guasón en el universo DC.

Dicho esto, lo más destacado de la obra que nos ocupa es, de lejos, las interpretaciones de Rosamund Pike (Elispeth Catton) y Richard E. Grant (Sir James Catton). La pareja encarna a un matrimonio absorbido por ese mundo que es ajeno a los simples mortales. Caminan por las nubes mientras el universo se viene abajo. La comida después de una muerte importante es una joya de escena y una de las mejores de toda la producción. En el otro polo están Archie Madekwe (Farleigh Start) y Venetia Catton (Alison Oliver), quienes tampoco son favorecidos por el guion y sus papeles son poco más que estereotipos.

En definitiva, la película que puede vese en Prime Video funciona para seguir el crecimiento de una directora que parece estar muy cerca de dar un golpe definitivo en la mesa, pero a la que le preocupa más la reacción del público que contar su propia historia. En tiempos de Pornhub y OnlyFans,-para no martillar con lo hecho por Pasolini- se necesita más que fluidos para impactar a la audiencia. 

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