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'Guerra blanca': el Ártico, próximo frente del conflicto global

El periodista italiano Marzio G. Mian analiza en un ensayo por qué el norte helado será el futuro escenario bélico

‘Guerra blanca’: el Ártico, próximo frente del conflicto global

Tropas de la OTAN desplegadas en Groenlandia. | Europa Press

¿Qué relación tiene Ucrania con Groenlandia? Formulemos la pregunta de manera más precisa: ¿qué relación tiene la guerra de Ucrania y la suerte que pueda correr este país europeo con la disputa actual en torno al dominio de Groenlandia? Hace unos pocos años —muy pocos, quizá hasta meses— más de uno se hubiera quedado perplejo solo con el planteamiento de la cuestión. Hoy ya no podemos seguir ignorando la profunda interconexión de los elementos y factores más variopintos en el tablero geopolítico mundial. El destino, no solo de Ucrania, sino de Europa y la OTAN, y la futura relación de fuerzas entre las superpotencias (EEUU, China y Rusia) depende en gran medida de lo que se juega en el control del Ártico.

Acaba de publicarse en español el interesantísimo ensayo que el reportero y especialista en esta zona, Marzio G. Mian, publicó originalmente hace algo más de tres años en Italia. Tanto en la versión original como en la española (Ned ediciones, traducción de Marta Rebón), el ambiguo título de Guerra blanca se completa con un subtítulo más explícito y adecuado: En el frente ártico del conflicto mundial. Dice mucho a favor del libro y de su autor que los años transcurridos desde su escritura hasta la actualidad no hayan mermado en absoluto el interés del mismo y la vigencia de sus estimaciones.

Ahora bien, precisamente hay un cambio que puede parecer anecdótico, pero que me parece profundamente significativo en la versión española respecto a la italiana (aparte de la reescritura del prólogo). Se puede leer en ambas la misma cita preliminar de Putin, de carácter agresivo («Romperemos los dientes a cualquiera que se atreva a desafiar nuestra soberanía») pero se ha cambiado la advertencia de Biden sobre la previsible conflictividad del Ártico por la abierta amenaza de Trump sobre Groenlandia: «Creo que la vamos a conseguir. De un modo u otro, la vamos a conseguir». La declaración hace innecesaria glosa alguna.

El punto de partida es de nuevo una pregunta: ¿qué es lo que ha convertido una zona marginal desde el punto de vista económico, político y estratégico en uno de los lugares calientes (¡qué paradoja!) del planeta? La respuesta en este caso es sencilla e inequívoca: el cambio climático, el calentamiento global ha producido un deshielo insólito de todo el área, transformando esa inmensa extensión en un espacio vital —piélago navegable para las rutas comerciales—, aparte de su posible explotación para la obtención de minerales valiosos y, por tanto, esencial para las superpotencias. El control político del Ártico se revela así un instrumento decisivo para la hegemonía mundial.

Pero hay razones más concretas y más directamente políticas. Como dice Mian, la invasión de Ucrania marcó un antes y un después en la historia del Ártico. «En 2022, siete países del Consejo Ártico suspendieron toda colaboración con Rusia». Al ingresar Suecia y Finlandia en la OTAN, el Consejo Ártico se hizo por completo euroatlántico, de facto brazo político de la OTAN, mientras Rusia alentaba la formación de un bloque ártico alternativo. Es ocioso enfatizar el interés estadounidense: Groenlandia está más cerca de Nueva York que de Copenhague. Otro tanto sucede con Rusia, aún más próxima geográficamente. Pero China no se queda atrás en su propensión por controlar el paso del Norte, tan trascendental para su comercio.

Marginar a China

Mian se hace eco de una elocuente toma de postura del Departamento de Estado norteamericano: este no será el siglo chino, sino el siglo del Ártico. «Lo que ocurra en Groenlandia tendrá un impacto en nuestras vidas». Estados Unidos está dispuesto a lo que sea «con tal de no quedar fuera del siglo ártico». Por eso, ya ahora, en las negociaciones para poner fin a la guerra de Ucrania, lo que está sobre la mesa es qué va a pasar con el Ártico, con una lucha a cara de perro a ver quién se lleva la mejor tajada. En el mejor de los casos, una «división decimonónica de las esferas de influencia, una especie de Yalta del Ártico, nacida de las negociaciones sobre Ucrania». Aunque está por ver cómo reaccionará China.

No es un secreto que EEUU en términos genéricos —o la Administración Trump, en términos más concretos— considera a la potencia asiática su principal rival y enemigo. Pero por ello mismo, la estrategia norteamericana pasa por desanudar la ahora estrecha relación entre Pekín y Moscú, atrayendo a esta hacia los intereses de Washington mediante una serie de acuerdos o incluso concesiones, con el Ártico como punto de referencia y con Europa (a pesar del actual dominio danés de Groenlandia) como convidado de piedra.

Con todo ello, como dice Mian, el llamado nuevo orden mundial amenaza con convertirse en el viejo desorden de raíces históricas, es decir, un inestable sistema multipolar que puede quebrarse por cualquier lado y en cualquier momento, haciendo cada vez más probable, en su opinión, que se desencadene una auténtica «guerra blanca», como ya anuncia el título de su libro. En menos de una generación, casi de la noche a la mañana, el Ártico ha pasado de ser un espacio mítico e incontaminado a territorio salvaje donde se va a dirimir la nueva confrontación a escala planetaria, un inesperado ámbito de «conquista neocolonial».

Ya se comprenderá por todo lo dicho hasta ahora que a Mian no le interesa urdir un ensayo de tipo académico, sino más bien un fresco que responde a los criterios del pulso periodístico y la atención a los detalles humanos, con muy especial atención a los habitantes concretos de aquella parte de la Tierra. Un simple vistazo a los epígrafes de los diversos capítulos resulta bien indicativo del tono del libro: «El hombre que susurraba a las morsas», «El monje surgido del hielo», «El cajero automático del zar» y así sucesivamente. La prioritaria atención al «factor humano» del conflicto empieza por dar la palabra a las personas que mejor conocen la situación a ras de suelo y que, por tanto, son las que sufren en primer término las consecuencias de las disputas.

Importancia para Rusia

Hasta donde le es posible, el autor adopta una actitud, no exactamente neutral, pero sí distanciada. Su método consiste básicamente en describir a sus personajes y dejar que se expresen con toda libertad. Él se limita a transcribir impresiones y opiniones, aunque con algunas glosas que no dejan de incidir en peculiaridades, contradicciones o, simplemente, rasgos significativos. También, por otro lado, desliza estimaciones que se imponen con la fuerza de un puñetazo. Así, por ejemplo, esta constatación que debía servir como referencia primigenia: «Si el mundo fuera una fruta dividida en dieciocho gajos que convergen en el Polo Norte, a Rusia le corresponderían ocho, y solo uno a Estados Unidos con Alaska». Traducido en términos operativos, «sin el Ártico, Rusia no sería Rusia». Conviene tenerlo en cuenta para no repetir los mismos errores que en el caso ucraniano. Podría decirse incluso que Rusia quiere y necesita el Ártico mucho más que el Donbás.

Mian establece también interesantes apreciaciones acerca del efecto del deshielo en el cambio de valoración del Ártico, convertido de pronto en una «vía rápida» esencial en las rutas comerciales de un mundo globalizado. Y no desdeña los componentes ideológicos —no solo nacionalistas— en la actitud rusa hacia la naturaleza polar, territorio de conquista e, incluso a su manera, mito de la frontera. «El Ártico es la póliza de vida de Rusia». Son elementos nada banales que debían tenerse en cuenta antes de seguir escalando grados en el conflicto, aunque solo fuera por atemperar la prepotencia norteamericana.

Como es obvio, no son solo EEUU y Rusia los países con intereses enfrentados en el Ártico. Están también China, Canadá y Europa (en especial algunas naciones europeas, como Noruega y Dinamarca, aunque Suecia y, aún más, Finlandia temen el expansionismo ruso). Esto convierte el área en un complicado rompecabezas o un peligroso avispero, que nada tiene que ver con las proclamas idílicas del ecologismo ingenuo tipo Greta Thunberg. No hay conclusiones explícitas en Guerra blanca, pero basta volver al título (y al subtítulo) para atreverse a dictaminar que el analista italiano no es precisamente optimista. «Junto con el hielo se ha derretido también la excepción de la paz: una larga historia de colaboración» ha tocado a su fin y parece ya irrecuperable. Hasta la colaboración científica parece ya perdida, ¿para siempre? «Se apagan los focos de la razón, desciende la noche más negra en el reino de la Osa Mayor».

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