El yernísimo del peronismo y los millones de la 'Finalissima'
La AFA pedía para Buenos Aires el España-Argentina finalmente cancelado pese a que su presidente está imputado por corrupción

El presidente de la AFA, Claudio 'Chiqui' Tapia levantando el Mundial. | EP
No se queje tanto por la subida del petróleo. Peor lo tienen los gerifaltes del fútbol mundial: la maldita guerra de Irán ha impedido que su penúltimo invento para exprimir hasta el último céntimo balompédico se juegue en Catar como estaba previsto, el viernes de la semana que viene. Terrible.
La Finalissima es un partido que juegan el campeón de la Eurocopa y el de la Copa América. Nació en 1985, cuando los italianos mandaban mucho en el fútbol. La llamaron Copa Artemio Franchi. Y por eso se le sigue llamando Finalissima: perdió el nombre del que fuera presidente de la Federación italiana y de la UEFA (¿un símbolo de la caída de otro imperio romano?), pero al menos ha conservado el idioma.
La primera edición se jugó en París porque la Francia de Platini nos había ganado la Eurocopa el año anterior. No fue un gran éxito, se ve: pasaron ocho años hasta que volvió a disputarse, en este caso en Mar del Plata, porque Argentina había ganado la Copa América, y jugó un Maradona ya bastante decrépito. Tampoco resultó, y la cosa decayó hasta que los últimos avances en sentimiento futbolero y mercadotecnia recuperaron el partido para 2022 con un partido en Londres, porque Italia había ganado la Eurocopa, pero Wembley molaba más y caben 90.000 espectadores.
Para la siguiente edición solo habría que haber esperado cuatro años. Se iba a jugar en Doha porque… el emir puso una cantidad absurda de dinero sobre la mesa. Se desconoce el montante concreto, pero la selección argentina se llevó 42 millones de dólares por ganar el Mundial de 2022, así que imagine.
El problema es que, al parecer, el contrato incluye cláusulas de anulación en caso de guerra, que el emir tampoco se chupa el dedo y ya debía de ver nubarrones por el estrecho de Ormuz. Un desastre para los organizadores del negocio, perdón, del partido, la UEFA y la Conmebol (su equivalente sudamericana), que están que trinan, claro. La RFEF y la AFA, en cambio… A los gerifaltes españoles y argentinos les faltó tiempo para ayudar, ofreciendo Madrid y Buenos Aires como sede. La decisión final fue cancelar el partido, quedándose España con un amistoso con Serbia como premio de consolación.
Al final no se jugará en ningún sitio. Simplemente se anula y la selección española jugará un amistoso ese día contra Serbia. Pero los movimientos previos han tenido mucha miga.
Por un lado la UEFA, que pinta mucho, apoyó a nuestra RFEF y la opción del Santiago Bernabéu surgió con fuerza. Pero la AFA se negó: si hay que volver al sistema de turnos por continentes, tocaría en América; su presidente, Claudio Tapia, lo dejó claro el jueves: «Queremos que la final se juegue en el Monumental», el estadio de River Plate y el de mayor aforo de Argentina, como recogió el diario porteño La Nación. La cosa está complicada. De hecho, el día de la Finalissima, el 27, el estadio lo tiene reservado AC/DC para uno de sus conciertos (también tocan el 23 y el 31).
Lo más heavy, sin embargo, es el escenario desde el que Tapia, apodado Chiqui, hizo su alegato: a la salida de una citación judicial. El diario Clarín explica que la indagatoria tenía que ver con un «oscuro accionar» y «sus viajes al exterior». Cosas muy turbias que culminaron con una denuncia de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) contra la AFA en diciembre de 2025 por supuesta apropiación indebida de tributos.
Con el advenimiento de Messi, la selección argentina se ha convertido en un chollo inmenso para la AFA. Bein Sports tituló «Argentina domina también el negocio del fútbol» su resumen de evento conjunto en Nueva York de la consultora Brand Finance y la AFA, en que esta última fue catalogada como «la marca de fútbol nacional más fuerte del mundo». Todo muy moderno e internacional, y management driven y entrepreneurial y de todo.
Curioso, porque la AFA hunde su estilo de liderazgo en un muy enraizado feudalismo que bebe de las fuentes más ranciamente peronistas por los cuatro costados de su linaje. Veamos, por ejemplo, la trayectoria de su presidente, el Chiqui Tapia. Nacido en 1967 en Concepción, un pueblo de la provincia de San Juan, llegó a Buenos Aires cuando era pequeño junto a su familia, que se instaló en el humilde barrio de Barracas.
El Chiqui es de Boca Juniors. Todo el mundo lo sabe y él no lo disimula. Pero hizo sus pinitos como futbolista en las divisiones inferiores de Independiente de Avellaneda. Se ve que el talento con el balón no le acompañaba demasiado, porque se tuvo que ir al modesto Club Atlético Barracas Central y terminó en el Club Sportivo Dock Sud, donde ya se hizo evidente que no se iba a ganar la vida como futbolista. Así que empezó a trabajar en el Sindicato de Camioneros.
El Sindicato de Camioneros es, para entendernos, la fuerza de choque de la CGT, el mayor (con mucha diferencia) sindicato de Argentina, completamente integrado en la maquinaria de poder peronista. Los camioneros, por ejemplo, cortan las carreteras cuando a quien controla el peronismo le parece oportuno. Desde tiempos inmemoriales, tiene al frente a Hugo Moyano: elegido delegado gremial a los 18 años, en 1962, se apuntó a la Juventud Sindical Peronista en 1971 y un glorioso etcétera.
En 1981, por ejemplo, en plena dictadura, no tuvo problemas en ejercer la secretaría general de la delegación marplatense de la CGT, que solo hizo una huelga general contra el régimen, en 1982, cuando ya estaba dando sus últimas bocanadas. Al primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, le endiñaron 13 en cinco años… Alfonsín, por cierto, no era peronista. Moyano siguió subiendo en los escalafones peronistas, especialmente bajo el ala de Néstor Kirchner y su mujer Cristina.
Con Néstor compartía una gran pasión por el fútbol. En Argentina, si mandas, en vez de un cortijo te agencias un club de fútbol. Néstor, como era jefazo absoluto, tenía uno importante, que además era el de sus amores: el Racing de Avellaneda. Pero como era presidente de la nación, quedaba feo que se supiera, así que disimulaba… un poco: en 2009 aterrizó en helicóptero en el estadio para cumplir su promesa a la plantilla de regalarles televisores LCD si ganaban un importante partido. Ayer mismo, en su Periodismo para todos, el insobornable Jorge Lanata denunció una supuesta maniobra de lavado de dinero de Kirchner en la compra de jugadores para el Rácing.
A su fiel Moyano le dejó el otro grande de Avellaneda, el Independiente. En 2014, el compañero del camión ganó las elecciones para presidirlo. En 2023 fue condenado por no haber realizado los aportes sindicales a los trabajadores del club. Dos años después fue reelecto como secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros, extendiendo su mandato hasta 2029.
Además del fútbol y los camiones, a Moyano le tira el ADN propio y su reproducción. Se ha casado tres veces y ha tenido siete hijos. Perfil hace un bonito retrato de familia que se puede resumir en algo así: Pablo es considerado el heredero sindical natural y de momento es secretario adjunto del gremio de camioneros; Facundo fue diputado nacional y controla el gremio de trabajadores de peajes; Jerónimo acaba de ser ascendido recientemente a secretario gremial de la Federación de Camioneros; Karina es secretaria de la Mujer en la Federación; Huguito se encarga de la parte jurídica y coordinación de asuntos del gremio; y Paola…
Paola se casó con el Chiqui Tapia. Sí, el que se quería llevar la Finalissima a Buenos Aires. Como peronista menor (ni presidente ni sindicalista), el Chiqui no se podía permitir el club de sus amores, el Boca Juniors, así que se tuvo que conformar con el Atlético Barracas Central. En 2001, cuando asumió la presidencia, jugaba en la cuarta división del fútbol argentino. Ahora está en primera.
Desde que llegó Javier Milei al Gobierno, las cosas se le han torcido un poco al Chiqui. Volvemos al asunto de su citación por esos asuntillos de corrupción. Toda Argentina conoce su fama de adicto al lujo, pero lo de ahora está en los tribunales. Él dice que sufre una persecución política. Y lo cierto es que Milei, adicto a su vez a la polémica, no ha dudado en acusarlo directamente de «arruinar» el fútbol argentino. Por aquí ya explicamos que los planes de Milei pasan por la inversión extranjera en los clubes, como pasa en Europa.
El Chiqui ha reaccionado llevando los cánones de la vieja escuela sindicalista al extremo: decretó una huelga que dejó a Argentina sin fútbol todo el primer fin de semana de este mes. Normalmente eran los jugadores los que paraban, mayormente para cobrar, pero esta vez ha sido la AFA misma. El Chiqui dijo que era necesario para defender no solo su «honor», sino el de la misma federación. «La AFA somos todos», escribió en Twitter.
Y en esas estamos.
Cuando salió de los juzgados el jueves pasado, al Chiqui, por lo que sea, no le molestó desviar la conversación hacia el futuro de la Finalissima contra España. Desde que Argentina ganó el Mundial de 2022, no desaprovecha la mínima oportunidad de fotografiarse con Messi. Si Argentina tiene al mejor futbolista de la historia, qué importan unos millones más por acá o por allá…
