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Europa presiona para acelerar el uso de biocombustibles en la aviación

La Eurocamára ha aprobado un proyecto legislativo que obligará a que los aeropuertos haya un 85% de biofueles para 2050

Europa presiona para acelerar el uso de biocombustibles en la aviación

Europa Press

Bruselas aprieta el paso para reducir el impacto climático de la aviación. Este sector, que representa actualmente el 4,9% del total de emisiones de efecto invernadero del bloque, lleva años al alza y, por mucho que la crisis del coronavirus supusiera un duro golpe para su expansión, puede convertirse en un problema ambiental de primer orden. A menos que se tomen medidas cuanto antes, la Comisión Europea calcula que las emisiones de la aviación crecerán un 38% adicional de aquí a 2050, incluso teniendo en cuenta las más que posibles mejoras en la eficiencia de las aeronaves.

Ante esta situación, en la Unión Europea tienen claro que la prioridad debe ser mejorar los combustibles para que sean más sostenibles. Eso es precisamente lo que busca el nuevo proyecto legislativo que ha sido respaldado este jueves por el pleno del Parlamento Europeo: elevar el porcentaje de combustible sostenible que se utiliza en el sector de la aviación de la UE, de cara a reducir las emisiones y alcanzar la neutralidad climática en 2050.

En concreto, los eurodiputados han pedido elevar la ambición del porcentaje mínimo de biocombustibles que debe haber disponible en los aeropuertos de la UE del 32% propuesto por la Comisión para 2040 al 37% y del 63% al 85% para 2050. El mandato negociador salió adelante con 334 votos a favor, 95 en contra y 153 abstenciones, por lo que ahora el Parlamento Europeo deberá debatir con los Estados miembros la formulación de la legislación.

En este marco, la Eurocámara presentó una enmienda sobre la definición de combustible sostenible para que además de los combustibles sintéticos y algunos biocombustibles obtenidos de desechos agrícolas o forestales, algas, residuos orgánicos o aceite de cocina usado incluya los carburantes reciclados producidos a partir de gases emitidos en el procesamiento de residuos, así como gases de escape derivados de la producción industrial.

Los eurodiputados también han pedido que ciertos biocombustibles producidos a partir de grasas animales o destilados se incluyan en la mezcla de combustible de aviación hasta 2034. Eso si, dejan fuera los combustibles basados en cultivos alimentarios y forraje, y los derivados del aceite de palma y la soja, así como la pasta de jabón, al no estar alineados con los criterios de sostenibilidad.

Financiar la descarbonización con multas

Además, los eurodiputados han propuesto crear un fondo para una aviación sostenible de 2030 a 2050 para acelerar la descarbonización del sector y apoyar la inversión en combustibles sostenibles, tecnologías de propulsión innovadoras y nuevos motores. El objetivo es que este fondo capte financiación a través de lo recaudado en multas por incumplimiento de la nueva normativa.

En cualquier caso, en Bruselas confían en algo que, por el momento, no está en sus manos, o al menos no directamente: la innovación a través de la tecnología que permita un combustible aéreo más sostenible, algo que podría ser revolucionario a la hora de a reducir el impacto climático de la aviación.

En este sentido, uno de los fabricantes que más está apostando por esta vía es el conglomerado europeo Airbus, que recientemente ha insuflado nueva vida al futuro del sector con su último intento desarrollar un avión de hidrógeno. A ellos se une una gama de nuevos actores que están produciendo diseños y modelos de aviones eléctricos y de hidrógeno, cuyo potencial de reducción de emisiones parece mayor con los aviones de hidrógeno. Pero hablamos eso sí de una estrategia en la que abundan los desafíos, tanto tecnológicos como económicos.

Sobre todo, la principal duda no es tanto si estos aviones se pueden desarrollar, sino cuándo. Dada la necesidad del sector de lograr reducciones de emisiones inmediatas, los nuevos aviones, introducidos en la década de 2040, podrían llegar demasiado tarde. Además, dado que los motores a reacción «tradicionales» seguirán en funcionamiento durante las próximas décadas, serán más necesarias otras políticas que ayuden a cambiar el combustible fósil para aviones por alternativas de casi cero emisiones de carbono, como los llamados combustibles de aviación sostenibles.

Según un informe reciente de la Agencia Internacional de la Energía, escalar nuevos combustibles no es una tarea fácil, ya que las alternativas de base biológica compiten con los alimentos y la silvicultura, o tienen materias primas limitadas. En este sentido, lo más prometedor según los expertos parece ser el uso de e-queroseno, producido a partir de hidrógeno verde, con electricidad renovable adicional y con CO2 capturado del aire. De hecho, los reguladores europeos han propuesto un mandato de e-queroseno, y la producción está comenzando lentamente, aunque las cantidades de electricidad renovable necesarias para descarbonizar toda la aviación con este combustible serán imposibles de producir en el corto plazo.

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