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Jesús Montiel

Lo primero es despertar 

«Solo un corazón sanado puede transformar la sociedad dentro de su radio de acción, y la medicina está dentro de nosotros»

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Lo primero es despertar 

Dom Fou (Unsplash)

No me interesa nada si aprueban o suspenden. Lo que intento con mis alumnos es que despierten y no vivan adormilados. Hay excepciones, claro, pero la mayoría llegan a la universidad infantilizados por este occidente ñoño y descreído que solo les ofrece sexo y Netflix. Muchos cursan el Grado por inercia, arrastrados por la corriente de este río contaminado al que llamamos progreso. Sus padres piensan que es lo mejor. Y así los recibe uno, cada septiembre: desmotivados, sin búsqueda. No me impongo objetivos académicos porque considero que lo más urgente es recordarles que están vivos. Imparto clases como quien practica el boca a boca, con la intención de que la respiración regrese al cuerpo del ahogado. 

«Se sabe que las ciudades árabes están llenas de conversaciones, la gente conversa en la puerta de sus negocios»

Los cuentos son idóneos para despertarnos. Además de utilizarlos para trabajar la comprensión lectora, me permiten tocar sus corazones. Más allá de la anécdota, los cuentos abren el campo de la conciencia. Me refiero a los cuentos sufís. También al Talmud, las parábolas de la Biblia o los cuentos zen: todas las tradiciones conocen el poder terapéutico de la palabra. Oriente es un baúl lleno de historias, en realidad. Se sabe que las ciudades árabes están llenas de conversaciones, la gente conversa en la puerta de sus negocios. Al contrario que las ciudades occidentales, donde la gente se incomunica y entra y sale de los comercios con los auriculares puestos. 

El cuento en el que Nasrudín ha perdido las llaves de casa y busca alrededor de una farola, por ejemplo, es un cuento que da mucho fruto. Nasrudín busca las llaves, y sus vecinos se suman a la búsqueda para ayudarlo. Tras horas de búsqueda infructuosa, uno le pregunta si está seguro de haber perdido allí las llaves, a lo que Nasrudín responde que no, que las ha perdido dentro de casa. Entonces, le dice el sorprendido vecino, ¿qué hacemos aquí, buscando fuera? Porque aquí hay más luz, responde Nasrudín.

«Solo un corazón sanado puede transformar la sociedad dentro de su radio de acción, y la medicina está dentro de nosotros»

Tan desconcertados como los vecinos de la historia, mis alumnos me miran sin comprender. ¿Qué relación tiene con sus vidas esta historia absurda en la que alguien busca en un lugar erróneo? Sin embargo, tras sucesivas lecturas y puestas en común, caen en la cuenta de que el cuento habla de ellos. Que la condición del ser humano es la del extraño Nasrudín: estamos perdidos, y buscamos, aunque no sabemos dónde. De modo que un alumno dice que en su caso la llave que busca es la aprobación. Otro que la felicidad. Y un tercero una vida estable, sin sobresaltos. En ese instante en el que han comprendido que el cuento les incumbe, se produce el milagro: intuyen que viven sin darse cuenta y que su corazón está lejos de lo que hacen cada jornada. 

Despierta en ellos una sospecha: quizá lo que buscamos fuera está dentro de nosotros.  

Desde luego salen de clase con otra expresión, más lejos de Netfllix y más cerca del corazón, que pide auxilio. Tenéis una dignidad que os niega el mundo, quisiera decirles. El mundo os quiere animalizados, no le interesa que descubráis vuestro origen divino porque os hará más libres y menos consumidores. Despertarlos y despertar con ellos. Solo así, abriendo el ojo invisible, podrán elegir libremente, emancipados de lo que los sabios llaman el ego, que nos más que una superficie. Necesitamos mujeres y hombres capaces del amor y no únicamente buenos profesionales. Solo un corazón sanado puede transformar la sociedad dentro de su radio de acción, y la medicina está dentro de nosotros. 

Con palabras de Rumi: 

Nuestros corazones puros deambulan por el mundo. Nos confunden todas las imágenes que vemos, pero lo que estamos tratando de entender en todo es lo que ya somos. 

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