José Carlos Rodríguez

Contra el confinamiento

«El confinamiento generalizado atenta contra nuestra riqueza y contra nuestra salud»

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Contra el confinamiento
Foto: Felipe Dana| AP
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Vivimos una democracia de masas, y ésta nos obliga a asumir el insuperable deber de tener una opinión informada sobre todo. Cuál es la mejor política económica para rebajar el paro, si hay o no calentamiento, y cuáles son sus causas y curas, cuál es la situación real de la comunidad negra en los Estados Unidos, qué historia tiene y cuál es la mejor forma de enfrentar lo que parece ser un grave problema al respecto de sus encuentros con las fuerzas del orden. Climatología, ciencia económica, historia política y social, antropología, sociología… últimamente los ciudadanos también dominamos la epidemiología, lo cual es un hallazgo fabuloso.

Doy por descontado que no todos somos expertos en todas las disciplinas del saber humano, y menos que todos, los periodistas. Y que los ciudadanos nos vemos obligados a arrendar las opiniones de los expertos. Esta necesidad de opinar sobre todo nos hace vulnerables, pues hace que los creadores de opinión elaboren para nosotros píldoras que podamos tragar sin mucho esfuerzo, y que nos permitan mantener la ilusión de que estamos informados.

Una de esas píldoras son los comunicados firmados por científicos. A falta de mejor criterio para calibrar la corrección de sus manifiestos, lo único que destaca la prensa es el número de firmantes, que es lo menos importante. De modo que nos queda la labor de recoger lo que dicen y someterlo al cedazo de la razón.

Un grupo de científicos ha redactado lo que se conoce como la Declaración de Great Barrington, por el lugar en el que se firmó. Y lo que dicen es más que razonable. Somos una criatura frágil en un entorno, el social, extremadamente complejo. En cuanto se zahiere ese orden nos ponemos en peligro, y nos lo dice la declaración: con los confinamientos aumentan las enfermedades mentales y cardiovasculares, cae el ritmo de vacunación y los diagnósticos de cáncer acumulan un retraso mortal. A corto plazo, el confinamiento

La actividad y el intercambio que nos permite progresar son las que extienden el virus, lo cual nos enfrenta a un dilema sólo aparente: o hacemos que virus y civilización se extiendan o matamos a ambos. Esto no es tan sencillo. La salud depende de infinidad de factores que en gran parte podemos controlar si tenemos la riqueza suficiente. Y no tenemos que esperar mucho. La degradación económica se notará en nuestra salud muy pronto. Y más, como señala la declaración de Great Barrington, «en los menos privilegiados», que se verán afectados «de manera desproporcionada».

El confinamiento generalizado atenta contra nuestra riqueza y contra nuestra salud. Pero afortunadamente no tenemos por qué actuar de forma ciega, hay algunas cosas que sabemos muy bien de nuestro enemigo invisible. «Sabemos que la vulnerabilidad a la muerte por COVID-19 es más de mil veces mayor en los ancianos y débiles que en los jóvenes». De modo que tenemos una salida, y lo mejor es citar a los autores del texto: «La manera más humana de abordarlo, midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad de rebaño, es la de permitirle a aquellos que están bajo un mínimo riesgo de morir, vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que se encuentran en mayor riesgo. Esto lo llamamos Protección Enfocada». Adoptar una serie de normas básicas para defendernos del virus, como lavarnos las manos, proteger a los más débiles, y permitir que quienes menos riesgo tienen sigan contribuyendo a la riqueza de todos; esa parece ser la forma más juiciosa de actuar.

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