Jordi Bernal

Genocidas

Lo peor del populismo rampante es que nos ha robado aquella alegría ácrata, la felina pereza con que afrontábamos antaño el día de la Hispanidad y la cabra tarareando en la cama al inevitable Brassens. Ahora los pueriles maleducados nos hacen perder el tiempo escribiendo columnas para decirles que, por una vez y sin que sirva de precedente, lleva razón el ministro Fernández Díaz cuando califica de indigencia cultural la simplificación de un hecho histórico que cambió el mundo como un mero genocidio. Esta mañana escuchaba por la radio a un antropólogo cupero ir un paso más allá y establecer paralelismos con el exterminio nazi. La verdad es que cansan. No solo por ese buenismo sincrónico sino por la indisimulada aversión hacia todo lo que huela a español. Nada que objetar si no fuera por esa imposición del desacato como norma apelando a una sacra razón y valores democráticos. Un discurso huero de encefalograma plano. 

Opinión

Genocidas
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Lo peor del populismo rampante es que nos ha robado aquella alegría ácrata, la felina pereza con que afrontábamos antaño el día de la Hispanidad y la cabra tarareando en la cama al inevitable Brassens. Ahora los pueriles maleducados nos hacen perder el tiempo escribiendo columnas para decirles que, por una vez y sin que sirva de precedente, lleva razón el ministro Fernández Díaz cuando califica de indigencia cultural la simplificación de un hecho histórico que cambió el mundo como un mero genocidio. Esta mañana escuchaba por la radio a un antropólogo cupero ir un paso más allá y establecer paralelismos con el exterminio nazi. La verdad es que cansan. No solo por ese buenismo sincrónico sino por la indisimulada aversión hacia todo lo que huela a español. Nada que objetar si no fuera por esa imposición del desacato como norma apelando a una sacra razón y valores democráticos. Un discurso huero de encefalograma plano. 

Si hace semanas los populistas barceloneses se destapaban con la peregrina propuesta de dinamitar la estatua de Colón (y eso que algunos iluminados del independentismo señalan su condición de catalán), ayer fueron sus colegas de Badalona, ciudad en la que, por cierto, los Reyes Católicos recibieron al descubridor en su regreso de América, los encargados de dar la murga.

Serían divertidos si no fuera porque mandan. Y han demostrado qué es realmente eso de la nueva política. Gestos inocuos a la galería y sobre todo el afán de dividir a la sociedad. Decía Pablo Iglesias (otro pataletas que le hizo un feo al jefe del Estado) que gracias a ellos en España no existe un partido como el Frente Nacional francés o como las formaciones xenófobas de Alemania y Austria. No puedo estar más de acuerdo con Iglesias. Aquí ya los tenemos a ellos.

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