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Moltes gràcies

Foto: IVAN ALVARADO | Reuters/File

La idea de este artículo no es original. Incluso me copio a mí mismo, que ya es el colmo, pues ya hice dos acciones de gracias al nacionalismo catalán, una por su tozudez, y otra, aquí mismo, por la maravillosa pax catalana que reina en los chats familiares del resto de España. Muchos otros colegas han escrito artículos de gratitud al independentismo por esto o por aquello. Yo no vengo aquí, pues, a ser rompedor, sino sistemático y meticuloso. A poner mis agradecimientos en fila y numerados ahora que se avecina un cambio de tercio. También a cumplir religiosamente con una españolísima ley, que recordaba en otro artículo de gratitud el filósofo Ruiz Zamora: “Es de bien nacidos el ser agradecidos”.

1- Como uno está enfermo de literatura, lo primero que tengo que agradecer es la de artículos excelentes que se han ido publicando en prensa. Se han dado todas las condiciones, tan escasas, para un gran columnismo: la pasión en el público lector, la importancia del tema debatido y la amplitud de matices. Ha sido una fiesta.

2- De paso, qué repaso a la teoría política. Nos hacía falta. Ha quedado claro que la esencia de la democracia no son los plebiscitos, la importancia del imperio de la ley y la garantía que es la bendita división de poderes. Conceptos que antes se escapaban, como la soberanía nacional, quedan mejor explicados. Muchos partidarios de que se votase la independencia, aunque fuese para decir ellos que no, han entendido, al fin, que se trata de un problema previo: el de quiénes tenemos (todos) derecho a decidir.

3- Lo de las tres banderas ha sido glorioso. La española ha conquistado su propia nación, que se ha conquistado a sí misma. Ya nunca más volverá a ser una bandera con connotaciones políticas, como explica, entre tantos, Eduardo Jordá. En paralelo, la señera se ha ganado el afecto y la emoción de todos los españoles. Ha sido un regalo que nos han hecho los independentistas, como señalaba -en un artículo espléndido, naturalmente- Luis Sánchez-Moliní: con su estelada, los nacionalistas han dejado la bandera histórica, la real, la fetén, para nosotros. Es su mayor torpeza simbólica. Y hasta la europea se ha ganado su sitio gracias a un afortunado juego de palabras (“nuestra estelada”) y a un respaldo comunitario muy potente.

4- El capitalismo ha hecho lo suyo. El miedo del dinero ha tenido su valor. Las empresas saltando en marcha del tren del procés nos han enseñado que con el dinero no se juega, cosa que la política olvida siempre.

5- Las risas. He preguntado a mis amigos ingleses si ellos se rieron tantísimo cuando lo de Escocia. Me han asegurado que ni por asomo circularon tantos chistes, tantos montajes, tantas ocurrencias. Pero que tampoco sufrieron tanto. Me he enorgullecido de nuestra nación, tan pasional, con el corazón roto partiéndose el bazo.

6- Uno de los chistes, precisamente, nos ha salido verdadero. El que decía que de seguir con tanto proceso en las noticias nos iban a convalidar el B1 en catalán. ¡Qué vaso de agua clara, verdaderamente, y qué bien se escucha! Apenas hace falta un diccionario catalán-castellano, tan hermanas son ambas lenguas. Pero como sí son lenguajes más fratricidas, sí se requiere un diccionario catalanismo-español. Lo ha empezado a escribir Cristian Campos para regocijo general.

7- Los catalanes que se sentían solos se han dado cuenta de cuanto nos importan. Llevamos dos meses que no hablamos de otra cosa, con el corazón y la cabeza allí. Esta oportunidad de haberles podido demostrar nuestro cariño también la agradecemos a los otros catalanes.

8- A esos catalanes orgullosos de serlo y de ser españoles los hemos descubierto, si no en su existencia, que ya sabíamos, sí en su número exorbitante. Por lo que me cuenta algún nacionalista honrado, también ellos se han quedado pasmados. Ha sido una alegría.

9- La transversalidad. La cuestión catalana ha creado inesperadas afinidades entre rivales e indiferentes ideológicos. Yo le debo un puñado de seguidores en Twitter, bastantes para mi vanidad. Los volveré a perder en cuanto me ponga de nuevo a hablar de la poesía de Dante o en contra del aborto, y entenderé su espanto, por supuesto, pero qué bien hemos estado juntos al amparo de la pax catalana.

10- Y cuando no ha quedado más remedio que discutir, lo hemos hecho sobre una cuestión esencial. Si hay que ser frívolos, como en este artículo, se es, pero reconociendo que el procés también nos ha dado una oportunidad, insólita en la posmodernidad, para ser graves con razón.

Me queda una duda maliciosa. ¿Tendrán los secesionistas diez cosas que agradecernos a nosotros? ¿O aquí, que podrían, no rige su añorada bilateralidad?

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