Beatriz Talegon

Objetivo: Birmania

No se asusten si no encuentran Birmania en los mapas. Para Naciones Unidas, la Unión Europea y su propio gobierno se llama República de Myanmar. El origen de este nombre viene del sangriento golpe de Estado que la junta militar asestó a su ciudadanía en 1988.

Opinión

Objetivo: Birmania

No se asusten si no encuentran Birmania en los mapas. Para Naciones Unidas, la Unión Europea y su propio gobierno se llama República de Myanmar. El origen de este nombre viene del sangriento golpe de Estado que la junta militar asestó a su ciudadanía en 1988.

No se asusten si no encuentran Birmania en los mapas. Para Naciones Unidas, la Unión Europea y su propio gobierno se llama República de Myanmar (para ser más exactos los europeos quieren quedar bien a toda costa y por eso lo llaman Birmania-Myanmar). El origen de este nombre viene del sangriento golpe de Estado que la junta militar asestó a su ciudadanía en 1988. Por eso, los demócratas (la oposición exiliada) y quienes les apoyamos nunca hemos dejado de llamarlo Birmania (Burma en inglés). Se supone que desde 2010 se está trabajando en un proceso de democratización en Birmania. Es cierto que se ha liberado a presos políticos pero todavía queda mucho camino por recorrer.

Hace apenas un año tuve la posibilidad de visitarla. Allí me reuní con jóvenes que habían pasado cuatro años en la cárcel por haber creado una asociación de estudiantes en la Universidad (para reclamar derechos básicos como transporte, comedores, libros…). Nuestro encuentro fue clandestino: todos ellos estaban perseguidos. No podían acudir a clase por tener antecedentes penales –si querían estudiar debían hacerlo a distancia- y tenían terminantemente prohibido constituir ningún tipo de asociación o partido político. La policía les perseguía y algunos de ellos dormían cada día en casa de algún amigo porque si regresaban a la suya sabían que nada bueno les esperaba. Uno de ellos me contó que fue capaz de aguantar cuatro años de torturas pensando que su lucha era para conseguir democracia y libertad para muchos otros. Por eso no tuvo miedo y no se volvió loco.

Exactamente igual que el jóven monje budista: también había estado en prisión por manifestarse en las calles contra el gobierno y sus actuaciones contra los Derechos Humanos. A este monje le perseguían los militares del gobierno pero también los dirigentes budistas que formaban parte del mismo. Se pasaba la vida huyendo de templo en templo para no ser encontrado y entre sus compañeros era todo un referente por su valentía y juventud. No tenía miedo porque no tenía nada que perder: solamente poseía su túnica y su cuenco para comer. Y su dignidad no se la iba a quitar nadie.

No tenían pasaporte ni posibilidad de salir del país. Y el país se había convertido en su propia cárcel.

Nos reunimos también con trabajadores de distintos ámbitos: agricultores, maestros y dibujantes de cómic. No hay sindicatos ni derechos laborales. Muchos de ellos trabajan sin recibir salario. Acaso algo de comida para su familia. No hay días de descanso. No hay posibilidad de unirse para reclamarlas. Les pusimos en contacto con la Organización Internacional del Trabajo y con la Confedereación Internacional de Sindicatos.

A nuestros colegas, los jóvenes que habían pagado ya cuatro años de su vida por defender sus derechos los sentamos en la misma mesa que al representante de la Unión Europea ante Myanmar (para este señor no era Birmania, claro). Fue la primera vez que alguien le contó en primera persona cuál era la situación de la juventud y qué limitaciones tenían por haber estado presos. Nos quedamos satisfechos al ver su cara.

Acabamos de celebrar nuestra primera escuela política en Filipinas. Y algunos participantes han venido desde Birmania, saliendo de su país por primera vez.

Experiencias como ésta hacen que la Internacional de Jóvenes Socialistas tenga sentido.

Más de este autor

El poder de las madres

Todas las madres del mundo (salvo las excepciones concretas que puedan darse en situaciones muy específicas) entienden perfectamente el sentimiento que les llevaría a dar la vida por sus hijos.

Opinión

¡Idiota, vota!

En las próximas elecciones del 25 de mayo la ciudadanía se juega mucho. En sentido amplio se juega, básicamente, ser ciudadana. Ahora ya lo somos poco, pero cada vez lo seremos menos si la ideología neoliberal sigue campando a sus anchas.

Opinión

Más en El Subjetivo