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Jesus H. Cifuentes

La resistencia

En esta maraña de locura en que la filosofía dominante es “Sálvese quien pueda” podemos presenciar ojipláticos cualquier tipo de barbaridad, y no pestañear ante las atrocidades más sangrantes del abuso de unos contra otros. La justicia universal es un artículo de lujo que brilla por su ausencia mientras la caja registradora siga cantando su canción, está claro.

Opinión

La resistencia

En esta maraña de locura en que la filosofía dominante es “Sálvese quien pueda” podemos presenciar ojipláticos cualquier tipo de barbaridad, y no pestañear ante las atrocidades más sangrantes del abuso de unos contra otros. La justicia universal es un artículo de lujo que brilla por su ausencia mientras la caja registradora siga cantando su canción, está claro.

Mientras los miles de refugiados ven cómo se les cierran las puertas y los gobiernos pretenden legalizar esta vergonzante situación, incluso a palo limpio y gases lacrimógenos contra hombres, mujeres y niños indefensos, nosotros nos tomamos una cocacola.

Mientras vemos cómo los hinchas fascistas del PSV Holandés maltratan a un grupo de mendigas gitanas lanzándoles monedas al suelo y quemando billetes ante sus narices en la plaza Mayor de Madrid, riéndose de ellas como si fueran animales de feria, nosotros pasamos a otra página del periódico.

Mientras la clase política enmarronada en un constante proceso de corrupción día sí y otro también, llenando sus cuentas en paraísos fiscales y gastando en putas el dinero público cuando la población se las ve y se las desea para sacar adelante a sus familias, nosotros cambiamos de canal de televisión.

Hoy le toca el turno al disparate más snobista de la clase más millonaria del mundo. A una pareja poseedora de una mansión con una finca de 45.000 metros cuadrados en un paraje paradisiaco de Nueva Zelanda, no se le ha ocurrido mejor remedio para “renovar” su mansión de 13 millones de dólares, que pegarle fuego y reducirla a cenizas para poder volver a construir otra, dado que de la antigua ya “estaban aburridos”. Y ante algo así, nosotros carraspeamos.

Asistimos a diario a la destrucción del planeta y al deshielo de los glaciares, a atontamiento globalizado que nos inoculan por la televisión, a la represión ideológica y creativa que venden desde los sistemas educativos de los colegios casposos, a la pérdida de la espiritualidad y la conexión con la vida de nosotros mismos, a la desmemoria absoluta de nuestra historia, y reaccionamos como quien oye llover. Porque donde sí se está produciendo una verdadera congelación es en nuestros valores y en nuestros corazones, que acuden al carraspeo como máxima protesta.

Échenle urgentemente una lectura a “La Resistencia”, de Ernesto Sábato, que se lo pueden descargar gratis legalmente. Y luego hablamos.

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