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José Antonio Montano

Casado, mocito viejo

«Si la amenaza de una nueva legislatura con Sánchez de presidente es tan grave, ¿por qué se ha dedicado Casado a debilitar al PP?»

Opinión
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Casado, mocito viejo

Pablo Casado. | Alberto Ortega (EP)

Pensando en Pablo Casado me acuerdo a veces de Carlos Cardús, el ‘Tiriti’. Algunos lo recordarán. Fue un motociclista que estuvo a punto de ganar el campeonato de 250cc en los noventa. En la última carrera le bastaba quedar en un puesto confortable, pero le pudieron los nervios. En plena competición, metió la moto en boxes para pasmo de todos y se bajó. Luego se supo que él mismo había arrancado unos cables para que la moto no funcionara. Un autosabotaje épico. Que me recuerda, les digo, al que está llevando a cabo Casado, con la asesoría infalible del mecánico del equipo: Teodoro García Egea. Juntos están haciendo historia.

Hay nombres que parecen marcar un destino. Así el Rufián de Gabriel Rufián o el Fallarás de Cristina Fallarás. El de Casado, en cambio, se va revelando como un apunte irónico. Felizmente casado en su vida privada, sí, pero eterno soltero en la política. Lo está intentando todo para no llegar al altar, sito en el palacio de la Moncloa. No sé si en el resto de España se conoce la expresión que se usaba en el pueblo malagueño de mis padres, Almogía, para designar a los solterones y solteronas: mocito viejo, mocita vieja. De niño me llamaban más la atención los primeros. «Ese se ha quedado mocito viejo», se decía señalando al hombre ya metido en años que estaba solo e iba de aquí para allá con una disponibilidad un poco triste, como desubicado. La expresión era en el fondo cariñosa y tenía un toque compasivo: junto a una cierta guasa, denotaba pena. Y yo me quedaba mirando al hombre señalado, que sonreía pero había en él algo que no iba bien.

A Casado le está pasando igual. Se le va acartonando la expresión. Los años sanchistas son muy largos y en solo tres ha envejecido un huevo. La barbita que se dejó para diferenciarse del lampiño Albert Rivera y de paso ganar ‘auctoritas’ parece postiza últimamente: una barba de figurante, no para gobernar sino para hacer bulto en la comitiva. No, la barba no le funciona. Ni le funciona la cara. Ni le funciona el discurso. Egea lo sabe. No podrá lanzar a Casado tan lejos como lanza sus consabidos huesos de aceituna. Casado es un hueso de aceituna fallido. Egea, y seguramente ya también Casado, sabe que se van por el desagüe. Han sido el iceberg de su propio Titanic. Los partidos son más grandes que las personas. Pero las personas tienen frío. A Egea y Casado no les vale de nada un PP sin ellos. Por eso se empecinan. Quieren eliminar rivales. Quieren eliminar a la rival: Isabel Díaz Ayuso. Que sí funciona. Que es la verdadera pesadilla lampiña de Casado. Al lado de Ayuso, Casado es la mujer barbuda.

Y los votantes, claro, lo perciben. Casado se autorrefuta con su desesperación de hombre pequeño. ¿Qué credibilidad puede tener al afirmar que Pedro Sánchez es lo peor (como efectivamente lo es), cuando no ha sido capaz de actuar en consecuencia? Si la amenaza de una nueva legislatura con Sánchez de presidente es tan grave, ¿por qué se ha dedicado a debilitar al PP en vez de a fortalecerlo? ¿Por qué no ha puesto la maquinaria a funcionar con toda su potencia, aprovechando todos sus recursos? 

Para las próximas elecciones generales solo estaba la posibilidad de Casado como alternativa a Sánchez. Únicamente tenía que poner su moto a tope para llegar a Moncloa. En cambio, se ha dedicado a arrancar los cables. Es otro ‘Tiriti’ y por eso Casado, refutando también su apellido, se quedará mocito viejo.

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