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Teodoro León Gross

Casado: dead man walking 

«Casado y Egea podrán resistir, pero están derrotados. Ayuso y su equipo les han arrebatado hasta el cartel de la derecha liberal»

Opinión
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Casado: dead man walking 

Pablo Casado. | Manuel Ángel Laya (EP)

Hay una razón obvia para la estrategia de Casado: no tiene otra. El atrincheramiento numantino es su última opción, convirtiendo Génova en un trasunto de El Álamo, después del pésimo planteamiento de los últimos cinco días, con una gestión estratégica que no ha hecho más que fortalecer la posición de Ayuso y los barones críticos. Ahora convoca a los afines en las Cortes y las Taifas territoriales para medir sus fuerzas. Hay algo que parecen haber entendido mal: no necesitan sobrevivir a una votación, sino  sobrevivir al relato. Y ahí apunta a una derrota sin paliativos. Casado es ya un dead man walking, y de ahí a walking dead solo queda la ejecución. Lo que Feijóo ha denominado «última decisión».

Para Casado hay una buena noticia y un puñado de malas noticias. La buena noticia es que de la muerte política se puede regresar. Hay antecedentes. Pedro Sánchez, sin ir más lejos, fue liquidado en el comité federal salvaje del 1 de octubre de 2016 y volvió en meses. Entre las malas noticias, para Casado la peor es que su mensaje parece desconectado de militancia y electorado como delatan los sondeos; y solo si el asedio de Génova se hiciese brutal, podría llegar a inspirar simpatía. Contra el riesgo de que eso suceda, Feijóo reclama rapidez y los demás barones limpieza. No quieren ver salir la sangre de Génova como en Ferraz en octubre de 2016 para evitar el victimismo. De momento, el día de ayer de Casado en la sede recordaba lo de Rajoy refugiado en el restaurante Arahy durante la moción. De hecho, es muy difícil construir un nuevo relato si no se dispone de las herramientas del poder real, como Boris Johnson con el partygate, más allá del poder orgánico.

El campo de batalla de la política del siglo XXI es, cada vez más, la comunicación. Y en la guerra de la comunicación, con un jefe del estado mayor como Miguel Ángel Rodríguez con tantos espolones, Ayuso va imponiéndose de calle. Y no solo calle Génova. Egea, que no ejerce de secretario general sino de general secretario como Cascos en los viejos tiempos ya imposibles, nunca ha entendido esto. Ayuso, aun bajo sospecha, les ha ganado desde la primera mano sin dificultad con la noticia del espionaje –los aprendices del agit-prop goebbelsiano han de saber que golpear primero es golpear dos veces– y después con las acusaciones sin pruebas, la dimisión de Carromero, haber usado a Ayuso en Castilla y León, ahora la sospecha de que Sánchez ayude a Casado enviando a la Fiscalía contra ella… Hay guerras que no se deben plantear, pero lo que en ningún caso se perdona es perderlas.

En el viejo ecosistema, no tener el favor de los medios suponía un golpe duro. Pero tal vez para Casado, más jodido que leer los editoriales hostiles de los medios afines ideológicamente al PP, sea ver los guiños cómplices  de la prensa de izquierda. El algodón no engaña. Por demás, en estos tiempos líquidos, casi peor es que te señalen los memes más que los editoriales. Si la tragedia se convierte en farsa, apaga y vámonos. Ayer a Casado, a quien alguna vez se vio como un Kennedy del Barrio de Salamanca, le preguntaban si había fichado ya por la empresa de su suegro, pues su mujer es heredera de Damel, la empresa de los caramelos Pectol, Palotes y el mítico chicle Cheiw, y por parte de madre de los Orts, propietarios ilicitanos del delicioso Huerto del Cura. Eso le arrebata incluso la dimensión del drama. Lejos del instante shakespeareano, se prestaba a la caricatura de Casado dando voces en Génova y diciendo como el indio del viejo anuncio de esos caramelos:

–Gran jefe, garganta suave. Pectol ser bueno.

Casado y Egea podrán resistir más o menos, pero están derrotados. Ayuso y su equipo les han arrebatado hasta el cartel de la derecha liberal, pero ante todo ella simboliza una suerte de orgullo en la derecha por su determinación contra la norma de hacer política bajo los marcos dictados por la izquierda. Y esa derrota en el territorio de la comunicación ha provocado todo lo demás. No es que hayan sido derrotados, sino que parecen no haber entendido nunca la clase de guerra que estaban librando.

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