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José Antonio Montano

Orwell indómito

«La denuncia de Orwell está vigente si pensamos en la asfixiante politización hoy de moda, que es el legado oneroso de nuestros populistas»

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Orwell indómito

Ilustración. | The Objective.

La editorial Página Indómita ha tenido el acierto de publicar en libro el ensayito de George Orwell En el vientre de la ballena, uno de los que formaban parte de la antología El león y el unicornio, que editó Turner en 2006. Sacarlo exento es una operación brillante, que propicia una lectura despejada y aún más admirativa. Me parece precioso porque se trata de una acción específicamente editorial, como a las que nos tiene acostumbrados Página Indómita, que sigue una línea de reflexión profunda acerca de nuestra actualidad, casi a modo de contrapunteo: y no con textos periodísticos, sino de alto pensamiento, con frecuencia de clásicos modernos y contemporáneos. Basta asomarse a su catálogo. (Como ejemplo, el libro anterior es una nueva edición del Juan de Mairena de Antonio Machado.)

En el vientre de la ballena, que publicó Orwell en 1940, constituye ante todo una lectura deliciosa, de reflexiones en marcha, puramente ensayísticas, que tantean sobre diferentes aspectos literarios y políticos con complejidad y agudeza, con afirmaciones contundentes, pero también con dudas y algunas contradicciones, cuyo efecto es de apertura, de oxigenación. Y con gracia. Y con una escritura ágil y elástica, viva, que no excluye un encantador atildamiento inglés. En la traducción al español (del editor Roberto Ramos) se conservan estas virtudes. Al valor textual (es literatura placentera en sí misma), hay que añadirle una asombrosa pertinencia respecto a la situación española actual; y tal vez no solo española. Orwell se ocupa en su ensayo de las diferencias entre los escritores anglosajones de la década de 1920 y los de la década de 1930, con apuntes políticos a propósito. Nuestro extravío se parece más al de los años treinta. 

«Orwell también se comprometió contra los inicialmente suyos cuando le parecieron reprobables»

El curso de la reflexión de Orwell no es previsible; tiene nervio argumental. Parte de la novela de Henry Miller Trópico de Cáncer, de 1935. Un libro cuya validez reconoce y defiende, aunque le encuentra incómodas disonancias con su época. El carácter egoísta, cínico, pornográfico de Miller lo sintetiza Orwell como de aceptación del mundo. Una aceptación de estirpe whitmaniana… solo que en un mundo que, a diferencia del de Whitman, resulta inaceptable. Es el mundo, precisa Orwell, de los campos de concentración, Hitler y Stalin (con ellos, Orwell despliega un listado de horrores de media página en el que incluye ¡las películas de Hollywood!). La actitud de Orwell, como sabemos, fue otra: comprometido en sentido extremo; tan extremo que también se comprometió contra los inicialmente suyos cuando le parecieron reprobables. Es significativo el encuentro que relata Orwell con Miller en París, a finales de 1936, camino el primero de España para luchar junto a los republicanos en la guerra civil. A Miller semejante empeño le pareció «una estupidez».   

Pero Orwell tiene la grandeza de no convertir su opción particular en categoría. Le reconoce a Miller una virtud ligada a la vida: la pasividad con respecto a los grandes acontecimientos del «hombre corriente». Frente a la politización de los escritores de su generación, la mencionada de los años treinta del pasado siglo, cuya ideología de señoritos comunistas les lleva a apoyar el crimen (como Auden cuando habla de «el asesinato necesario» en su poema España, de 1937), Orwell aplaude la capacidad de Miller de meterse «en el vientre de la ballena», ese «útero lo suficientemente grande para un adulto» en el que aislarse de los avatares políticos y escribir.

La denuncia de Orwell está vigente si pensamos en la asfixiante politización hoy de moda, que es el legado oneroso de nuestros populistas. Como está vigente su consejo para los escritores aquejados de ideología, para que se salven de su esterilidad: «Adéntrate en el vientre de la ballena –o, más bien, reconoce que ya estás ahí, porque lo estás, sin duda alguna–. Entrégate al proceso mundial, deja de luchar contra él, o de pretender que lo tenemos bajo control. Simplemente acéptalo, sopórtalo, regístralo. Esa parece ser la fórmula que cualquier novelista sensato debe adoptar a partir de ahora».

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