THE OBJECTIVE
Alfonso Javier Ussía

El debate de los perdedores

«Hay algo que de verdad se tiene que acabar, y es esa obsesión por hablar de la ultraderecha y del pasado diabólico que ha llegado para quitar derechos»

Opinión
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El debate de los perdedores

Santiago Abascal, Yolanda Díaz y Pedro Sánchez, este miércoles en el debate. | RTVE

La cosa en TVE está que trina. Pocas veces una televisión pública ha estado tan maniatada por las doctrinas de Moncloa, así como una pequeña Prisa que sale de los impuestos. Esperemos que, en un gesto democrático, el próximo inquilino de la casa de los españoles sea valiente y reduzca los sesgos a cenizas. No se trata de poner a otro de tu agrado, sino de alguien con la independencia suficiente que pueda mirar sin deudas a unos y otros, dejando la ideología aparte, y con la boca con un poco menos de estiércol oficial. En eso me dan envidia los ingleses, con su BBC estatal que parte y reparte allá dónde cojean los mandatarios. Xabier Fortes, como moderador de la casa, se ha mantenido imparcial en el debate de este miércoles, demostrando que es ante todo periodista, pero no es algo elogiable sino de obligada normalidad ante el cargo que representa. Desde luego mucho más profesional que Ana Pastor en su chiringo de Atresmedia, cuando vino a decir que Vox es un partido machista, así, en plan moderadora imparcial. Cosas de la privada. 

Feijóo acusaba su ausencia a un tirón de espalda, o como excusa de gallego. Quedaba mejor lo del debate de los perdedores, pero no parece lógico que un presidenciable pase olímpicamente de la tele pública. No es un buen comienzo, aunque la estrategia de los asesores —malditos asesores— sea la de no exponerse demasiado. Por lo demás el debate se presentaba tal y como ha sido, un bloque entre presidente y vicepresidenta del Gobierno contra un candidato que se ha defendido sólidamente contra proclamas y miedos de un tiempo tenebroso que sacó las peores Españas a relucir. Hay algo que de verdad se tiene que acabar, y es esa especie de obsesión por hablar de la ultraderecha y del pasado diabólico que ha llegado para quitarle derechos al personal. Un poco de seriedad, que seguir tratando a la gente como niños luego hace que escritores que se consideran «intelectuales»—sí, entrecomillado— como Rafael Narbona, se lo crean. 

Abascal, de hecho, ha devuelto el juego a Díaz diciendo que representa al peor de los regímenes que ha visto el hombre (y la mujer): el comunismo, aunque ella se defendía diciendo que no se lo consentía por muchos videos que circulen por las redes elogiando al comunismo y a Maduro. En cambio, de Abascal elogiando el fascismo, aún no lo han hecho ni con ChatGPT ni realidad aumentada. Así que a los hechos me remito. 

Sánchez ha estado más tranquilo, los que le quedan al lado que no están buscando trabajo en el INEM, le han aconsejado que sea menos parecido a él mismo. Sigue con la proclama del mentiroso patológico de llamar mentiroso a otros, a Feijóo en este caso, pero Abascal estaba ahí para recordarle que el Pinocho que se aupó al gobierno diciendo que no pactaría con todos aquellos que pactó, sigue a lo suyo engañando a todo el que puede, por mucho que ahora se diga cambiar de opinión. Hoy estaba más apenado, como triste y todo. Me imagino que hasta la mentira cansa para un tipo como él. 

Yolanda Díaz es una especie de lamparita mágica que en vez de tres deseos tiene cuatro o cinco mil de ellos. Sólo pagarle el estilismo diario debe costar uno o dos ministerios de presupuesto, como aquella proclama de los 20.000 euros de renta universal a los jóvenes que costaría los ministerios de Sanidad y Educación juntos al año. Es una demagogia constante, quiere que todo el mundo trabaje menos, que todo el mundo gane más, que todo el mundo siga evolucionando, y que todo ese dinero caiga del cielo, porque se piensa que el dinero se fabrica solo. Y lo más grave es que hay gente que la cree. Poco nos pasa.  

En el debate, una vez más, la tónica era decir no es verdad, o eso es mentira, y cansa tanto seguir con esa monserga que, uno que ha visto todos los debates, solo pide que al menos haya un verificador que pueda decirle a los participantes que sigan siendo así  de mentirosos, hemeroteca mediante. Cada vez que Yolanda le decía cosas a Abascal, como lo de la foto de Feijóo con Marcial Dorado, éste le contestaba que al menos no había vídeos apoyando a Chávez o Maduro, dos dictadores que han empobrecido Venezuela y que se sostiene (el segundo), gracias al narcotráfico. También es buen amigo de Zapatero, el blanqueador de estos tiranos del siglo veintiuno y descubridor del infinito que ahora se erige cómo si hubiera hecho algo bien, además de congelar las pensiones y meternos en la mayor deuda en democracia.

«Al menos el debate ha servido para ver cómo dos contra uno no siempre ganan, cuando se lían con frases escritas por asesores y demás escribas a sueldo»

También decía Yolanda que Vox quiere llevarse a las mujeres a cincuenta años atrás (por lo menos), mientras que el de Vox le preguntaba qué era para ella una mujer, ¿un hombre con sentido femenino? Allí no contestaba y le volvía a decir que Vox era machista, obviando el número de violaciones y las reducciones de penas de las que se han beneficiado en las cárceles gracias a la ley aprobada por Sánchez y ella misma, los representantes del feminismo cuqui y del eslogan de todo a cien. 

Después de los distintos bloques, que no resumo pues ha sido un poco de lo mismo de siempre, han venido los famosos minutos de oro, que gracias a Feijóo por no aceptar los seis debates que le propuso el presidente, han sido solo doce minutos de oro en total en los tres debates con los que nos han deleitado en esta campaña los candidatos. Minutos de oro que se resumen a cuentos de hadas porque son frases hechas por un director de marketing que anuncia cremas anti envejecimiento. 

Yolanda Díaz decía que muchas personas están asustadas,—y no me extraña— que hay que mirar al futuro y no al pasado, que para subir salarios y reducir la jornada, te necesitamos a ti, que para luchar contra el cambio climático, te necesitamos a ti, que para tener alquileres justos, te necesitamos a ti, que para poder amar sin miedo, te necesitamos a ti, que para tener cultura sin censura, te necesitamos a ti. Es por ti. Por la generación de su padre y por la de su hija. Y por un momento no sabía si estaba cantando una canción de los sesenta, o si de verdad se creía todo aquello que decía necesitándote a ti. 

Sánchez ha pedido el voto para que ganen las mujeres y pierdan los machistas, para que gane la ciencia y pierda el negacionismo, para que gane la cultura y pierda la censura, para que ganen los aplausos y pierdan las caceroladas, para que gane la verdad y pierda la mentira —esto es de mirar en el psiquiatra—, y para que gane el respeto y pierda el insulto. Le ha faltado hablarnos del universo y de lo infinito que es (sic ZP) pero hoy estaba tocado, pese a estar arropado por Yolanda de principio a fin y con un Abascal que ha demostrado ser mucho más normal que un fascista come niños. 

Abascal ha aprovechado para decir que no solo quiere echar a Sánchez, sino que somos más pobres, menos libres y que estamos divididos, por lo que hay que derogar las políticas que nos han traído hasta aquí, reiterando que sólo Vox se atreve al cambio de rumbo necesario para proteger la economía, las familias, el campo, la industria, nuestras fronteras y nuestra libertad. Quiere que todo el mundo sea consultado y defender los intereses de todos los españoles sin distinción, para que nunca más se vuelvan a tomar decisiones a espaldas de los españoles. 

Creo que Feijóo debió acudir a la televisión pública aunque le doliera la espalda del tirón sufrido en Atresmedia. No sé si quiere decirnos algo más, así en plan gallego, pero el querer separarse de Vox para que no le quemen vivo ha sido una estrategia más. Al menos el debate ha servido para ver cómo dos contra uno no siempre ganan, cuando se lían con frases escritas por asesores, poetas, cervantinos nominales, y demás escribas a sueldo, y sin tomarse en serio a la gente. El domingo se vota, queridos lectores, aunque algunos ya lo hayamos hecho por correo. Por eso, mucho debate y mucho meterle miedo a la gente, y verán como al final, las personas votarán porque ahora viven mejor que hace cuatro años, o por si los que nos han llevado al pasado son, en realidad, los mismos que llaman mentirosos al resto mintiendo como auténticos enfermos. 

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