THE OBJECTIVE
Anna Grau

Se busca líder para la mejor gente

«Si uno no es capaz de gobernar por encima de las bajas pasiones, no debería ocupar puestos de responsabilidad. Ni de liderazgo»

Opinión
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Se busca líder para la mejor gente

Ilustración de Alejandra Svriz.

Ayer fue 12 de Octubre en toda España. También en Barcelona, donde últimamente no ganamos para manifestaciones. Cuando no es la Diada del 11-S es el 1-O, fecha que, por cierto, lo mismo te sirve para conmemorar el alzamiento de Puigdemont que el de Franco, quien accedió a las bravas a la jefatura del Estado precisamente un Primero de Octubre. Por eso se llamaba así un reputado hospital madrileño que, ya en democracia, se rebautizaría discretamente como Doce de Octubre. Alguien entendió al fin que mejor tener la fiesta en paz y celebrar la Hispanidad de todos, no la de unos cuantos.

Ayer nos volvimos a juntar en las calles del centro de Barcelona infinidad de catalanes, españoles y latinoamericanos que viven y conviven con nosotros, muchos con nuestra nacionalidad ya para siempre mezclada con la suya. Tenemos muchas razones para hacernos compañía, mucho de lo que hablar y que defender. Desde un gran idioma común, en el que se han escrito algunas de las obras mayores de la literatura universal. Varias de ellas escritas en la misma Barcelona. Ya saben, archivo de la cortesía, albergue de extranjeros…

No es que últimamente estemos en nuestro mejor momento. Nos han golpeado el abandono político, el enfrentamiento civil instigado entre las instituciones y, por supuesto, el terror. Todavía están sensibles las cicatrices de los atentados del 17 de agosto de 2017 en las Ramblas. Son cicatrices tan feas que a día de hoy, seis años después, sigue siendo imposible celebrar un acto unitario de homenaje a las víctimas.

Nos estamos acostumbrando peligrosamente a políticos que, en lugar de poner todo de su parte para calmar nuestro dolor, juegan con él. Lo vimos en la frívola convocatoria de un minuto de silencio por las víctimas del atentado de Marruecos el mismo día y a la misma hora que había convocadas protestas contra la amnistía. Lo vimos en la miseria de que desde la mismísima presidencia de la Generalitat se llamara «catalanófobos» a las decenas de miles que el 8 de octubre acudimos al llamado de Societat Civil Catalana.

Lo hemos vuelto a ver ante la tragedia de Israel. En el mismo momento que Yolanda Díaz y Jaume Asens llenaban el Ateneo de Barcelona de soflamas a favor de una amnistía todo a 100, en la Gran Sinagoga de Barcelona se celebraba un acto solemne en memoria de los muertos y secuestrados por Hamás. Al llegar te regalaban una hermosa pegatina blanca con la estrella de David y la leyenda «No tinc por» (No tengo miedo).

«A Israel ni agua, ese es el mantra de cierto rojerío amoratado e indocumentado»

Yo me la adherí al pecho, esta pegatina, pero debo decir que por mi parte era más una declaración de intenciones que una realidad. Yo sí tenía y tengo miedo. Miedo de lo que pasa en el mundo y de cómo lo que pasa en el mundo, una vez más, saca lo peor, no lo mejor, de aquellos entre nosotros que deberían erguirse como un escudo institucional. No dejarnos inermes o peor que inermes.

El acto en la sinagoga fue conmovedor. Raimon Forado, presidente de la Comunidad Israelita de Barcelona (CIB), recordó cómo Tel Aviv se volcó con los atentados de las Ramblas, iluminando edificios en honor de las víctimas, alineándose, dando cariño. Era muy evidente la asimetría. Sólo había que mirar las bancadas  del Govern. Estaban un expresident y una exconsellera de Exteriores de Junts per Catalunya, partido que ya no gobierna. Nadie de ERC ni del Consell Executiu actual, a pesar de sus pomposos anuncios de que piensan crear un cuerpo de acción exterior para relacionarse directamente con el mundo sin pasar por el resto de España. Bien empiezan.

Raimon Forado aludió con delicada pero firme contundencia al problema de fondo: la repugnancia de cierta progresía, por llamarla de algún modo, a solidarizarse con una víctima del terror si esta es israelí. A Israel ni agua, ese es el mantra de cierto rojerío amoratado e indocumentado. Porque si hurgas un poco en la historia del Estado de Israel, descubres que su primer gran aliado estratégico fue la Unión Soviética… Pero en fin, eso daría para otro artículo, otro día…

En el día de hoy, baste destacar que si uno no es capaz de gobernar por encima de las bajas pasiones, es más, si sólo es capaz de hacerlo a lomos de las mismas, no debería ocupar puestos de responsabilidad. Ni de liderazgo. Lo dijo Raimon Forado ante toda la sinagoga sobrecogida y consternada: un líder no se arredra por las encuestas o por lo que le digan sus gurús y asesores, un líder, si ve que por lo que sea sus principios no venden, coge el toro por los cuernos y no para hasta darle la vuelta. Por eso cuando sale un líder así, se le sigue hasta el fin del mundo y el principio de toda ilusión. Empezando por la mayor de todas, que es la ilusión de ir a más, no a menos. A ser la mejor versión de nosotros mismos, no la peor.

Ahora sólo falta que salga un líder así, y que sepamos merecerlo.

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