THE OBJECTIVE
José Carlos Rodríguez

Argentina: ¿la victoria del populismo?

«Milei es populista, pero además es un liberal clásico. Propone volver a los principios del mercado, regulación escasa, gasto comedido e impuestos bajos»

Opinión
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Argentina: ¿la victoria del populismo?

Ilustración de Alejandra Svriz.

Los tres tercios en que se divide el voto en Argentina se han repartido, como no puede ser de otro modo, de forma desigual. El candidato kirchnerista Sergio Massa ha ganado las elecciones presidenciales celebradas este domingo, tras recabar un apoyo del 36,7% del electorado. En segundo lugar, se encuentra el fenómeno de estas elecciones, que es el economista liberal Javier Milei, con exactamente tres de cada diez votos. Y la tercera posición es para la derecha reformista de Patricia Bullrich, que no ha podido superar el 23,8% de los sufragios. 

Como es un sistema mayoritario a dos vueltas, el corte se produce tras el segundo candidato a la presidencia de Argentina, lo que deja fuera a Bullrich y al resto. Hay una euforia impostada en la maquinaria de poder kirchnerista, y un esperanzado aire de derrota en la candidatura de Milei. Los dos bandos políticos saben que lo más probable es que el outsider libertario se convierta en el próximo presidente de Argentina.

No lo tiene fácil. El kirchnerismo ha vuelto a demostrar su fuerza electoral. En Argentina hay en torno a ocho millones de personas que son contribuyentes del Estado y hay más de 20 millones (en ambos casos más las personas que dependen de ellos) que dependen para malvivir de las dádivas que les otorga el régimen creado por Néstor y Cristina. 

«Lo que auguran estos resultados electorales es una victoria del león Milei»

Pero que, en esas condiciones, Massa sólo haya logrado un poco más y Milei poco menos de un tercio del voto hace pensar que el modelo político argentino actual se ha agotado. Una minoría de políticos y empresarios se ha enriquecido hasta niveles casi imposibles de creer, mientras el Estado que ellos manejan empobrece a una mayoría de votantes fieles, narcotizados por las ayudas del Estado. Y todo pagado por una minoría productora cada vez más exigua, porque sabe que en su país no hay futuro alguno. Eso es lo que Javier Milei, pero no Patricia Bullrich, ha prometido cambiar. 

Lo que auguran estos resultados electorales es una victoria de león Milei. Es cierto que no se pueden unir sin más los electorados del libertario y de la reformista kirchnerista Patricia Bullrich. Pero también lo es que Sergio Massa ha hecho todo lo que podía hacer para recabar apoyos para el régimen de los K, y que no podrá arañar mucho más. Y que muchos de quienes prefieren una alternativa al Gobierno actual alejada del histrionismo van a preferir darle una oportunidad a Milei antes de favorecer con su abstención, ¡o con su voto!, a Massa. 

Y, en realidad, dentro de que todo en la política argentina resulta estupefaciente, lo sorprendente es que el ministro de Economía del actual desastre argentino haya sido el candidato y que haya recabado más allá de un 10% de apoyo. La inflación se acerca ya al 12% mensual. A este ritmo, se acabarán doblando los precios cada seis meses. El dólar, que costaba menos de 350 pesos hace un año, hoy supera los 900. Y la pobreza, como la muerte a la peste, le sigue a la inflación de forma inexorable. El país de la plata, epítome del socialismo del siglo XXI, modelo de Podemos para España, tiene un índice de pobreza que supera el 40%.

En Argentina, el hambre avanza al ritmo de los discursos políticos. Es una mancha que cubre un territorio cada vez más amplio, y que se filtra por la sociedad. La inseguridad alimentaria severa, que en 2016 ya afectaba al 5,8% de la sociedad, según la FAO, alcanza en 2021 el 13% y supera la media del continente. 

Cristina y sus secuaces han respondido a la crisis del modelo de explotación del argentino medio con la ruptura de todo consenso político. El discurso frentista se ha acerado. Algo, por cierto, que estamos viendo en España promovido por Pedro Sánchez y sus socios. Yo no sé a dónde puede conducir ese discurso sectario, que agita violentamente los sentimientos de los ciudadanos.

«Milei es populista, sí, porque tiene un discurso de crítica categórica a las élites actuales argentinas»

Patricia Bullrich ha basado su triste campaña política en la lucha contra el «populismo». Como si Javier Milei fuera la imagen especular de Sergio Massa, con el mismo aspecto político, aunque sea con imágenes contrarias. Es un error. Yo mismo hablé de «populismo» en este periódico, sin aportar ningún matiz al término. Milei es populista, sí, porque tiene un discurso de crítica categórica a las élites actuales argentinas. No entiendo qué puede tener ello de malo. No puede haber un movimiento político que merezca la pena que no sea un tanto populista en este sentido. 

Pero con eso no basta. Massa es populista, aunque él sea la cara visible de esas élites políticas que se enriquecen a una velocidad sobrehumana a costa del resto. Que su discurso sea falso no le resta un ápice de populismo ni, por lo que se ve, de efectividad política. 

Milei es populista, pero además es un liberal clásico. Fuera de toda la furia discursiva, lo que propone el economista es volver a los principios de cooperación voluntaria en el mercado, regulación escasa y clara, gasto comedido e impuestos bajos. Y adoptar una moneda que no empobrezca al ciudadano medio. Ni es nuevo, ni es extremo. Era lo que vivía Argentina cuando asombró al mundo con su incomparable riqueza.

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