The Objective
Jon Viar

La muerte de Unamuno

«La tesis del libro de Carlos Sá Mayoral es que Franco utilizó desde el 12 de octubre de 1936 a los servicios secretos contra el intelectual vasco»

Opinión
La muerte de Unamuno

Ilustración generada mediante IA.

La actualidad manda, pero el pasado siempre vuelve. En su libro titulado Miguel de Unamuno: ¿muerte natural o crimen de Estado?, Carlos Sá Mayoral indaga sobre los hechos ocurridos en Salamanca el 31 de diciembre de 1936. El autor nacido en Francia relata la persecución a la que fue sometido Unamuno por parte de Francisco Franco. La tesis del libro es que el caudillo utilizó desde el 12 de octubre a los servicios secretos contra el intelectual vasco. Esta persecución pudo derivar en un complot para matarlo.

El libro también aborda dos cuestiones más: la amistad entre Unamuno y el novelista norteamericano Henry Miller (a quien pidió que hablara de su arresto domiciliario) y la primera biografía de Unamuno, escrita por Margaret Rudd, que afirmó que el escritor nunca fue partidario del proyecto político de Franco. Si bien es cierto que Unamuno mostró su apoyo inicialmente al alzamiento nacional ante los desmanes del Frente Popular, no es menos cierto que rápidamente se dio cuenta de su error y que trató de redimirse en numerosas ocasiones.

Sá Mayoral explica el oportunismo de algunos falangistas que trataron de apropiarse de la figura del catedrático bilbaíno, pues este asistió por curiosidad al acto que hicieron en el Teatro Bretón de Salamanca. Unamuno se reunió con Franco para pedirle que no bombardeara Bilbao, así como para mostrarle su decepción con el bando nacional. Por otra parte, como indica Sá Mayoral, unos años antes Unamuno respondió en estos términos a Ledesma Ramos cuando —sin su autorización— él y otros incluyeron su firma en un prospecto que anunciaba la aparición del semanario La conquista del Estado: «El Estado soy yo, dicen que decía Luis XIV, y eso dice el partido bolchevista ruso. Y eso dice el hediondo fascismo italiano, esa mafia de la hez intelectual y moral de Italia que tiene a su frente a la mala bestia de Mussolini». En efecto, Sá Mayoral recoge numerosas citas de Unamuno criticando los crímenes de los «hunos» y los «hotros».

Al margen de todas estas cosas que ya sabemos, lo novedoso es lo que ocurre desde el 12 de octubre. En efecto, en el libro se detalla cómo el «Día de la Raza» el caudillo recurrió urgentemente al Servicio de Información Militar para espiar a Unamuno en Salamanca. El jefe del SIM, Salvador Múgica, firmó un informe inquietante el 20 de diciembre. 11 días después, Unamuno moriría en extrañas circunstancias. «De ser cierta nuestra hipótesis, Franco tomaba la decisión de recurrir al SIM ante el fracaso de conciliación con el rector» (Sá Mayoral, página 77).

«Jon Juaristi afirmó que la teoría del asesinato encubierto ‘es una estupidez siniestra’»

La figura del catedrático Miguel de Unamuno ha sido objeto de obras cinematográficas como Mientras dure la guerra (2019), de Alejandro Amenábar, y La isla del viento (2015), de Manuel Menchón, magníficamente interpretada por José Luis Gómez. En esta película, disponible en Filmin, nos encontramos a Unamuno en 1924 exiliado en la isla de Fuerteventura. Cinco años después del estreno del film, Manuel Menchón volvió a indagar en la figura de Unamuno con el largometraje documental titulado Palabras para un fin del mundo (2020), que se estrenó en la Seminci de Valladolid. En dicha cinta, Menchón sugería que hay motivos para pensar que la muerte de Unamuno pudo tener relación directa con las amenazas proferidas por el fundador de la Legión, Millán Astray.

Desde una perspectiva radicalmente distinta, en un artículo de Libertad Digital publicado después del estreno de la película, Luis H. Goldáraz aportaba nuevos detalles sobre la polémica, desvelando posibles incoherencias de Menchón: «Entre las fuentes principales en las que se basa su trabajo, él mismo destaca las transcripciones que llevó a cabo en el momento el catedrático Ignacio Serrano, presente aquel 12 de octubre, vendidas como inéditas pese a que fueron publicadas hace un año por los biógrafos de Unamuno, Jean-Claude y Colette Rabaté». Mi amigo Jon Juaristi —autor de una biografía imprescindible sobre Unamuno— fue preguntado sobre el asunto y afirmó que el documental de Menchón no aportaba nada nuevo y que la teoría del asesinato encubierto «es una estupidez siniestra».

En su libro Sá Mayoral recuerda la epístola de Unamuno enviada al director del ABC, en la que asegura que las atrocidades del bando nacional superan a las del bando republicano y en la que parece intuir su propio asesinato: «Pero si me han de asesinar, como a otros, será aquí, en mi casa». No es irrelevante el testimonio de Felisa (hija de Unamuno) que recoge Margaret Rudd en su biografía de 1959: «Un día, cuando mi padre fue a visitar a sus amigos los dominicos de San Esteban, un sacerdote le dijo que uno de los soldados había dicho que, si veían a mi padre subirse en un automóvil, sus órdenes eran de disparar». 

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