El PP gana y frena la tendencia de Vox
«Y no olviden que en abril empiezan en el Supremo el juicio de sus amigos Ábalos y Koldo»

Ilustración de Alejandra Svriz.
No es fácil gobernar cuatro décadas seguidas una comunidad y más difícil todavía es volver a ganar superando el 35% de los votos, ganando dos procuradores más y ampliando todavía más la distancia en votos con los socialistas. El PP de Castilla y León lo ha conseguido y, lo más importante, lo ha hecho frenando a un Vox que no llega a su objetivo soñado del 20% de los votos. Pese a eso, los de Abascal consiguen 14, suben un escaño, pero pierden —como anunciaban los sondeos— el efecto acelerador que había disfrutado en Extremadura y Aragón, donde habían subido ocho y siete escaños de golpe.
Solo hay un partido ganador en estas elecciones y solo hay un líder que pueda gobernar. El PP de Alfonso Fernández Mañueco obtiene un magnífico resultado y, tras la noche de alegría por los resultados, tendrá que empezar este lunes ya a negociar, en una posición más favorable y muy distinta de las que soñaban en Vox. Los de Abascal tendrán que analizar por qué no han tenido esas grandes subidas de otras partes de España. Tendrán que meditar sobre si han perdido posibles votantes porque les han castigado sus rígidas exigencias al PP en la formación de gobierno en Extremadura.
Una idea que durante toda la campaña electoral se ha visto en las duras palabras contra Vox con las que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha querido dejar clara una realidad que en estas negociaciones parece olvidar el partido de Abascal. El PP ha conseguido 33 escaños en Castilla y León, más del doble que Vox. 29 a 11 fue el resultado del PP y Vox en Extremadura y 26 a 14 fue en Aragón. Tres victorias del PP pese a las grandes subidas de Vox. Feijóo se ha currado bien las carreteras en las tres campañas con un mensaje claro y alto contra el Gobierno de Sánchez, pero también contra la pinza de Abascal.
Son ya tres las votaciones autonómicas en apenas tres meses en las que el electorado ha decidido otorgar a la suma de la derecha y de la extrema derecha la mayoría absoluta en votos. La izquierda retrocede en general y la extrema izquierda desaparece de las Cortes castellanas. La tendencia se repite, más allá de las variables distintas que se producen en cada elección, con un castigo al Partido Socialista en particular y a la izquierda en general. Es un mandato claro que pronto veremos repetir, tal y como avanzan los sondeos, en Andalucía, donde el PP juega con una mayoría absoluta y con un Gobierno con sello propio como el de Juan Manuel Moreno.
Abascal no puede seguir evitando una negociación realista. Tiene que sentarse a negociar y no a asfixiar. Existe la posibilidad de que haya un rechazo de ese electorado potencial con el que aspiran en Vox a seguir subiendo. Por eso no es descartable la hipótesis de que, para mantener esa imagen distante de los populares, jueguen otra vez a influir y a no gobernar. Desgasta menos estar fuera y se evitan muchos errores que han tenido cuando han manejado consejerías. Cierto es que nada parecía afectar la potente subida de los de Vox. Ni las purgas de dirigentes, sin explicaciones claras, ni su apoyo radical a un Trump que amenaza con represalias comerciales a España. Represalias que sufrirán en su bolsillo muchos de sus votantes. Vox ha canalizado mucho voto de indignado con la corrupción de Sánchez y las concesiones a los chantajes de los independentistas. No debería tampoco hacer lo mismo con chantajes radicales en las negociaciones que impidan que los claros ganadores puedan gobernar. Y sí debería darle una vuelta a que sus odiados partidos del bipartidismo, PP y PSOE, hayan subido dos escaños cada uno.
En la izquierda, el PSOE ha aguantado, e incluso ha subido dos escaños, con un candidato, Carlos Martínez, que no está contaminado por su cercanía al Gobierno de Pedro Sánchez. Ha sabido mantener su discurso personal frente a la amenaza electoral que suponía la discriminación financiera para Castilla y León con la que Sánchez quiere beneficiar a Cataluña, engorda los privilegios del País Vasco y Navarra. Martínez no es un ministro que repita lo que le mandan de la Moncloa. Ha sabido crearse un espacio propio, a la vez que se ha aprovechado del electoralismo de Sánchez con su «No a la guerra». Un discurso entre lo territorial y cercano y lo global e ideológico. Porque de nuevo se vislumbra una tendencia que ya parece extendida por gran parte de España: la desaparición total de la extrema izquierda de las Cortes de Castilla y León. Ni Izquierda Unida-Sumar ni Podemos han conseguido nada. No tienen procuradores y además se han quedado sin espacio en el que jugar a una izquierda de la izquierda. El descalabro es tal que hasta el partido de Alvise, Se acabó la fiesta, ha conseguido doblar los votos del partido de Ione Belarra e Irene Montero. El descalabro se repite para alegría de Gabriel Rufián, que sigue avisando que la extrema izquierda ya no es lo que era. Sánchez lo sabe bien; ha sido él el que la ha abducido hasta dejarla en unos niveles electorales ridículos en gran parte de España. El PSOE ha absorbido por completo sus planteamientos y reivindicaciones.
Ahora vendrán las andaluzas. Mayo o junio. Veremos si Sánchez e Illa deciden convocar las generales y las catalanas a la vez para minimizar el descalabro o esperan al otoño. Aunque Castilla y León les haya dejado buen sabor de boca a los socialistas, lo cierto es que han perdido las tres y que incluso este domingo el PP ha ampliado su distancia en votos con ellos. Tres derrotas seguidas en las que da igual las combinaciones porque no suman. En medio nos encontramos en una guerra en Irán cuyas consecuencias económicas ya se están sufriendo por la ciudadanía y que nadie sabe cuánto puede durar. Sánchez puede volver a intentar jugar al «superhéroe» anti-Trump, al ‘no a la guerra’ en un juego peligroso e inestable, pensando que con ello puede recuperar posiciones electorales.
Pronto sabremos qué le importa más, si la estabilidad institucional y económica de un país en el que el gobierno de la nación no gobierna por falta de mayorías que no le permiten ni tener unos Presupuestos Generales actualizados con los que enfrentarse a la crisis que se avecina. Y no olviden que en abril empiezan en el Supremo el juicio de sus amigos Ábalos y Koldo. Y vendrán más.