The Objective
José García Domínguez

'Contra el libre comercio'

«Mi libro es un ajuste de cuentas con uno de los mitos más refutados empíricamente de Occidente: el del libre comercio como fuente universal de prosperidad»

Opinión
‘Contra el libre comercio’

Ilustración generada mediante IA.

Hay una pregunta que los economistas ortodoxos llevan un par de siglos largos evitando responder con una mínima honestidad: ¿existe algún país que haya alcanzado la prosperidad aplicando los principios del libre comercio? Porque la respuesta, por incómoda que resulte, es no. Y de esa muy perturbadora incomodidad, de los muchos cadáveres intelectuales que ha ido dejando por el camino a lo largo del tiempo, se ocupa Contra el libre comercio, un libro mío que acaba de ver la luz.

No se trata de otro alegato más contra el capitalismo, sistema camaleónico que ha sobrevivido a todos sus enemigos conocidos. Va, por el contrario, de un ajuste de cuentas con uno de los mitos más refutados empíricamente que ha producido el pensamiento económico dominante en Occidente: el del libre comercio como fuente universal de prosperidad para las naciones. Un mito que goza de excelente salud pese a que la experiencia real lo desmiente con una contundencia que solo puede ignorar quien nunca haya abierto un libro de historia económica.

Pero resulta que hay mucha gente importante, demasiada, que jamás los abre. Javier Milei, el presidente anarcocapitalista de Argentina, es el último y más estridente exponente de esa ignorancia ecuménica; alguien capaz de viajar a Davos para dar lecciones de prosperidad en nombre de un país que lleva siete décadas hundiéndose con puntualidad germánica cada vez que aplica alguna variante de esas mismas terapias milagrosas que él, en su profundo desconocimiento enciclopédico, supone propias, novedosas y, sobre todo, muy originales.

Y es que los hechos, tercos también por norma, cuentan otra historia muy distinta a la oficial y académica. Estados Unidos, la primera potencia económica del planeta, mantuvo durante más de un siglo los aranceles más altos del mundo. Inglaterra inventó el proteccionismo para sí misma antes de predicar el libre comercio a los demás. Japón y Corea del Sur llegaron donde llegaron ignorando olímpicamente todos los consejos de apertura de sus economías que les predicaban los organismos internacionales controlados por Occidente.

La historia corporativa de Hyundai, que pasó de fabricar cinco coches de hojalata para vender en la República de Ecuador a liderar el mercado mundial de la automoción, todo en apenas cuatro décadas, es quizás el ejemplo más elocuente de que la realidad y la teoría económica oficial transitan por caminos distintos, cuando no sencillamente opuestos. Todos estos países hicieron lo mismo: ignoraron el manual y ganaron. Los que lo siguieron al pie de la letra, en cambio, continúan esperando el milagro prometido que nunca llega.

«’Contra el libre comercio‘ es también un libro sobre la agonía terminal de la socialdemocracia»

Pero Contra el libre comercio es también un libro sobre la agonía terminal de la socialdemocracia; sobre los motivos por los que la clase trabajadora de Occidente ha abandonado a la izquierda tradicional para, a ambas orillas del Atlántico, ponerse a desfilar en fila india tras los nuevos flautistas de Hamelín del nacional-populismo; sobre el euro y sus efectos corrosivos en las economías del sur de Europa; sobre la congelación salarial ya crónica que afecta a España desde hace más de tres décadas; sobre, en suma, las razones profundas de una desigualdad que no para de crecer mientras, y al mismo ritmo, se desmorona entre sus víctimas la legitimidad del sistema.

El caso sueco —se subraya en sus páginas— resulta paradigmático al respecto: el Partido Socialdemócrata, que construyó en su día el Estado del bienestar más avanzado del mundo, acabó entregándose a la ortodoxia intelectual globalista. Traducción política inmediata: la clase obrera autóctona lleva ya años votando a la extrema derecha. No es una anomalía escandinava, como resulta sabido. Es el modelo de lo que está ocurriendo en todas partes. Y el libro intenta explicar esa nueva realidad ubicua apelando a un antiguo instrumento de análisis ahora en desuso, pero que su autor considera imprescindible para entender el presente: los datos extraídos de la historia económica, esa disciplina ausente de los debates públicos contemporáneos.

Datos como, sin ir más lejos, los propios de España, con su industria progresivamente desmantelada y su clase media cada vez más parecida a un legendario espectro surgido de una leyenda urbana. Avestruces, abstenerse de su lectura.

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