Aloma Rodríguez

Que se follen al cerdo

«Me preocupa la espectacularización de todo, la inmediatez, la falta de reflexión, esa carrera que se ha iniciado y que nadie parece dispuesto a abandonar»

Opinión

Que se follen al cerdo
Foto: Luca Piergiovanni| EFE
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

La campaña electoral de Madrid ha superado con creces cualquier predicción: de los eslóganes que planteaban disyuntivas totales inspiradas en el susto o muerte hemos alcanzado ya unas cotas de bochorno impensables, y en medio el infame cartel en el que Vox de manera demagógica y mentirosa compara la pensión de «tu abuela» con lo que le cuesta al Estado mantener a un menor no acompañado. Por supuesto, en el cartel pone mena, que es una manera de deshumanizarlos; por supuesto, los datos están usados de manera torticera (aquí una explicación). La tutela de los menores extranjeros no acompañados depende del Estado, en ese momento, son tan responsabilidad del Estado como el resto de menores tutelados, independientemente de su origen.

El cartel de Vox quedó opacado pronto por las cartas con balas recibidas por Grande Marlaska, María Gámez y Pablo Iglesias; Rocío Monasterio puso en duda la veracidad de esas amenazas y eso explotó en el debate electoral que se iba a producir en la Cadena Ser, en el que Isabel Díaz Ayuso no participaba. Pablo Iglesias abandonó el debate mientras Monasterio le gritaba «lárgate». La escena fue más que desagradable. Se dinamitó la campaña y se anularon el resto de debates programados porque PSOE, Más Madrid y Podemos se niegan a participar en un debate con Vox.

Ayer lunes, todavía con la resaca del vergonzoso episodio, se supo de una nueva amenaza, esta a Reyes Maroto, ministra de industria y propuesta como vicepresidenta de la CAM en caso de que Gabilondo lograra los apoyos para ser presidente con una navaja ensangrentada y el remitente puesto en el sobre. Yolanda Díaz, vicepresidenta y ministra de trabajo, estaba en un plató de televisión cuando se supo la noticia. (Me pregunto si lo mejor es airear esas amenazas tal cual llegan, si no sería mejor esperar; pero puede que haya visto demasiadas películas.) La reacción de Díaz no se emitió en directo, sino en el telediario de la misma cadena. Me preocupa la espectacularización de todo, la inmediatez, la falta de reflexión, esa carrera que se ha iniciado y que nadie parece dispuesto a abandonar. La meta, por cierto, podría ser algo parecido a lo de ese capítulo de Black Mirror en el que un primer ministro tenía que follarse a un cerdo. A veces pienso que cuanto antes, mejor.

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