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Lea aquí traducida la polémica entrevista de Alberto Garzón en 'The Guardian'

Las declaraciones del ministro Garzón han sido recibidas como un ataque por los ganaderos españoles

Lea aquí traducida la polémica entrevista de Alberto Garzón en 'The Guardian'

Alberto Garzón abandona el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra (Europa Press)

Comer menos carne jugaría un papel fundamental en la lucha de España por mitigar los efectos de la emergencia climática, frenaría los procesos de desertificación y protegería su vital industria turística, ha explicado el ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una entrevista en el diario británico The Guardian que te ofrecemos traducida a continuación:

Alberto Garzón ha reclamado que la gente en España necesita darse cuenta del enorme impacto que comer carne (especialmente la carne de vacuno criado en macrogranjas) tiene en el medioambiente y, en consecuencia, comenzar a cambiar sus hábitos alimenticios.

«La gente sabe el papel que juegan los gases de efecto invernadero en el cambio climático, pero tienden a vincularlo al uso de los automóviles y el transporte», ha explicado Garzón a The Guardian.

«Ha sido muy recientemente cuando todos han comenzado a observar el impacto que tiene la cadena de consumo animal y, especialmente, el impacto de la carne de vacuno. Otros países estaban bastante avanzados en eso, pero en España siempre ha sido un tabú».

El ministro ha afirmado que la geografía del país lo hace profundamente vulnerable al cambio climático, y ha agregado que la España que la gente conoce y ama está en peligro de desaparecer para siempre.

«Si no actuamos, no será solo al cambio climático a lo que nos enfrentaremos, sino que será una triple crisis: la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el cambio climático», ha explicado.

«Sería el final para un país como España. España es un país de la cuenca del Mediterráneo (no como Reino Unido o Alemania), y la desertificación es un problema muy grave para nuestro país, sobre todo porque depende mucho del turismo. Visitar un desierto no es tan atractivo como visitar la Costa del Sol».

Garzón ha afirmado que los españoles no necesitan dejar de comer carne por completo, pero sugiere que coman mucha menos cantidad y que antes se aseguren de que sea de buena calidad por el bien de su salud y el medio ambiente. Contrasta los productos baratos y producidos en masa con la carne criada de forma tradicional.

«La ganadería extensiva es un medio de ganadería ambientalmente sostenible y que tiene mucho peso en partes de España como Asturias, algunas zonas de Castilla y León, Andalucía y Extremadura», ha afirmado.

«Eso es sostenible; lo que no lo es en absoluto son las llamadas megagranjas. Los creadores de estos lugares encuentran un pueblo en un pedacito despoblado de España y ponen 4.000, o 5.000 o 10.000 cabezas de ganado. Después contaminan el suelo, luego el agua y exportan esa carne de mala calidad de estos animales maltratados».

El ministro también destacó un reciente informe que señala que 20 compañías ganaderas son responsables de emitir una mayor cantidad de gases de efecto invernadero que Alemania, Gran Bretaña o Francia.

Garzón, economista y coordinador de Izquierda Unida, que forma parte del Gobierno de coalición liderado por el PSOE, ocupó titulares cuando en julio animó a la gente a reducir su consumo de carne.

Ha señalado que el español promedio come más de 1 kg de carne a la semana, aunque lo recomendable por los organismos de salud es que la gente coma entre 200 g y 500 g, y que España consume más carne que cualquier otro país de la Unión Europea, sacrificando a 70 millones de cerdos, vacas, ovejas, cabras, caballos y aves cada año para producir 7,6 millones de toneladas de carne.

Sus advertencias fueron recibidas entre burlas y rechazos, sobre todo por sus propios compañeros de Gobierno. El ministro de Agricultura dijo que el sector ganadero estaba siendo objeto de «críticas profundamente injustas, cuando lo que merece es respeto por el trabajo honesto que realiza tanto por la alimentación y por la economía de España». Mientras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, parecía burlarse de la sugerencia ante la prensa: «A mí, donde me pongan un chuletón al punto, eso es imbatible».

Garzón ha atribuido este fuego amigo a lo que diplomáticamente denomina «los diferentes programas y políticas» de los partidos de la coalición. Sostiene que siempre supo que enfrentarse a la industria cárnica industrial provocaría una respuesta furibunda.

«Sabíamos desde un principio que el tema sería controvertido, pero era necesario hacerlo», ha dicho. «Otros países, como Alemania, Reino Unido y Francia, están muy por delante de nosotros en esto». «Esta fue la primera vez en España que alguien en el Gobierno decía lo que los científicos han estado advirtiendo durante mucho tiempo», ha añadido.

El ministro también ha señalado que la mayoría de las críticas públicas provenían de hombres que aparentemente «sentían que su masculinidad se vería afectada por no poder comer un trozo de carne o hacer una barbacoa». Por otro lado, las mujeres parecían estar mucho más abiertas a este mensaje.

«Creemos que una parte de la sociedad ya estaba preparada para esto y lo tenía en mente», ha apuntado. «Pero todavía había que presionar porque no había un solo partido político que nos apoyara. Ni uno. Ni siquiera dentro de la coalición gobernante».

No obstante, Garzón ha afirmado estar convencido de que España finalmente está teniendo un debate público sobre el consumo de carne que debió haber tenido hace mucho tiempo.

«Las organizaciones de la sociedad civil y las asociaciones de ecologistas, pediatras, médicos y nutricionistas han salido a defendernos hasta el final», ha destacado. «Creo que eso nos ayudó a ganar el debate, porque el tema se discutió durante tres días en todos los informativos y en los bares».

Las otras medidas del ministro, que incluyen la persecución contra la industria de las apuestas en España, la prohibición de los anuncios de productos poco saludables en televisión dirigidos a niños y una huelga de juguetes simbólica que buscaba destacar los estereotipos de género, no le han llevado a lograr la simpatía de ciertos sectores del país.

También lo han convertido en uno de los objetivos favoritos de la derecha española, que lo acusan de inmiscuirse en la vida privada de las personas. Los intentos de Garzón de señalar el sexismo inherente a muchos juguetes fueron recientemente despreciados por el partido de extrema derecha Vox.

«Creo que Garzón olvida que nos corresponde a nosotros, como padres, decidir qué compramos», dijo su portavoz en Madrid, Rocío Monasterio. «Me voy a hinchar a comprar muñecas y cunas a las niñas y a mis sobrinos coches, tanques, grúas y arcos. Creo que todos los españoles deberían hincharse a comer carne esta Navidad».

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