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El año más insólito de aludes mortales en el Pirineo: «El peligro puede durar aún semanas»

Las inusuales condiciones meteorológicas elevan el riesgo de avalanchas. El último siniestro similar ocurrió hace 30 años

El año más insólito de aludes mortales en el Pirineo: «El peligro puede durar aún semanas»

Rescate de víctimas tras un alud. | Cedida

La muerte de cuatro esquiadores a causa de dos grandes avalanchas de nieve en el Pirineo aragonés durante la última semana de diciembre ha supuesto que 2025 sea el año con más víctimas mortales por esta causa de las últimas tres décadas. Las excepcionales condiciones meteorológicas en la cordillera pirenaica, con nevadas sucesivas y un descenso sostenido de las temperaturas, han provocado que el riesgo de aludes sea más alto que nunca, según explican a este periódico diversas fuentes especializadas. La caída de la tercera gran avalancha el pasado sábado en la misma zona montañosa, sin fallecidos, pero con varios atrapados, confirma el peligro existente, que, advierten las mismas fuentes, «puede prologarse todavía durante varias semanas». 

El último siniestro ocurrió cerca de los ibones de Anayet, en Sallent de Gállego (Huesca), en el valle de Tena, cuando un alud sorprendió a un grupo de cuatro personas que hacía una ruta con raquetas. El suceso dejó a dos mujeres sepultadas por la nieve. En esta ocasión, la rápida asistencia de los otros dos montañeros salvó en tiempo récord a las afectadas y todos ellos pudieron salir de la zona hasta llegar a la estación de esquí de Formigal. Aun así, el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de la Guardia Civil acudió al lugar del accidente para confirmar que no hubiese más atrapados. El incidente se solventó sin contratiempos pero avivó aún más la alarma por el estado de la nieve en el Pirineo. 

El registro de cuatro víctimas mortales por un alud en apenas siete días es del todo insólito. No solo en Aragón, sino en todo el país, señalan fuentes de la Benemérita. Para un balance mortal de las mismas características hay que remontarse a 1995, es decir, hace 30 años. Ese año, el 6 de enero, día de Reyes, murieron seis montañeros vascos cuando descendían del refugio de Respomuso, ubicado en el circo de Piedrafita, uno de los rincones más alpinos del valle de Tena. El siguiente siniestro más grave se produjo en 2008, con el fallecimiento de tres esquiadores fuera de pista, y después, en 2010, cuando el deslizamiento de una placa de 400 metros mató a otros tres montañeros navarros. 

Sin siniestros mortales desde 2018

En el Pirineo, el último alud mortal se produjo en 2018. Fue en las inmediaciones de la estación de Formigal, cuando un monitor falleció tras quedar sepultado mientras hacía esquí fuera de pista. Según los datos del Ministerio del Interior a los que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, en los últimos 13 años, los equipos de montaña del Instituto Armado han efectuado casi 100 rescates en la nieve, en los que se han registrado 26 muertos. En ese periodo de tiempo, los agentes y equipos médicos han logrado salvar la vida de más de 300 personas. En cualquier caso, no se había producido un incidente grave relacionado con las avalanchas desde hacía siete años, hasta el pasado 29 de diciembre. 

Ese día otro alud segó la vida de tres esquiadores —los aragoneses Jorge García-Dihinx (55 años) y su pareja, Natalia Román (36), y el vasco Eneko Arrastua (48)— cuando recorrían la cara oeste del Pico Tablato, cerca del balneario de Panticosa, a 2.200 metros de multitud. En total, eran un grupo de seis montañeros. Dos resultaron ilesos y el otro fue rescatado por la Guardia Civil. Uno de ellos rompió una placa de nieve en la zona alta de la montaña, que provocó una ola de 300 metros de ancho y 600 de largo de nieve, y que alcanzó una altura de 15 metros. Dihinx era un pediatra y montañero muy conocido. De hecho, acumulaba miles de seguidores en sus redes sociales, donde compartía sus travesías y hábitos de alimentación saludable. También tenía un blog sobre meteorología en el que divulgaba sus pronósticos sobre el tiempo en el Pirineo. 

Dos días después, en la tarde del 31 de diciembre, a Ángel Sánchez (54), trabajador social afincado en Zaragoza, la muerte le sorprendió de la misma forma cuando estaba haciendo raquetas de camino al refugio de Urciceto, en el valle de Bielsa. El siniestro, del que alertó otro montañero que le acompañaba, se produjo a las seis y media de la tarde, cuando apenas quedaba luz. La Comandancia de la Guardia Civil de Huesca activó el dispositivo en el que participaron cuatro agentes del Greim, que se desplazaron a pie hasta la zona en condiciones especialmente adversas, marcadas por el frío, la noche y el riesgo de más aludes. Finalmente, a las dos de la madrugada, el perro de la Benemérita localizó a la víctima, enterrada bajo metro y medio de nieve. 

¿Por qué hay más aludes?

La concatenación de estas muertes han causado conmoción entre los aragoneses, sobre todo, por el alto grado de conocimiento de montaña que algunas víctimas tenían. Fuentes de la Guardia Civil recuerdan que el riesgo nunca es cero. Menos cuando hay un nivel tres de alerta a partir de 2.2000 metros por aludes, lo que implica una situación muy delicada para ciertas pendientes. A este escenario, además, también se añade el aumento del turismo por las fiestas navideñas y las últimas nevadas, lo que provoca que el peligro de accidentes acabe siendo aún mayor. 

En cualquier caso, la clave de lo que está ocurriendo este año, advierten las mismas fuentes, se debe a las inusuales condiciones meteorológicas en el Pirineo durante el principio del invierno. Nevadas continuas y bajas temperaturas que provocan que el manto en cotas altas sea inestable por la baja cohesión que tiene la nieve cerca de su base. Es decir, que la nieve no se acople bien al terreno. El problema es que esas capas «inestables» pueden durar mucho tiempo. Además, no pueden advertirse a simple vista y basta la sobrecarga de una persona para que se produzca el desprendimiento, como ocurrió con la avalancha del pasado 29 de diciembre. 

«Está ocurriendo esto porque ha habido nevadas sucesivas con tiempo frío, sobre todo en zonas de sombra, donde el sol no ha podido transformar la capa de nieve y no se ha compactado. Cuando un copo cae, normalmente genera estructuras y estas se cohesionan, pero si el frío persiste, no se generan esas estructuras y esto hace que se generen placas de distinta densidad y con una superficie de deslizamiento. De forma que si sobrecargas una, se desliza la de abajo», explican fuentes expertas en rescate de alta montaña. La llegada de la borrasca Francis, que trae nieve y más frio estos últimos días, complica todavía aún más la situación en el Pirineo y eleva el riesgo que, advierten estas fuentes, «puede durar aún varias semanas». 


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