La mentira del 'no a la guerra': 10 decisiones de Pedro Sánchez que desarman su discurso
El choque con Trump por Irán coincide con el aumento del gasto en defensa y nuevos programas de armamento

Ilustración de Alejandra Svriz.
El choque del Gobierno español con Donald Trump por Irán ha devuelto al primer plano el «No a la guerra» de Pedro Sánchez y ha reabierto el debate sobre la política de defensa española. El presidente del Ejecutivo ha utilizado ese mensaje para marcar distancia con la estrategia militar de Estados Unidos y para confrontar con la oposición española, a la que acusa de respaldar una política exterior más agresiva. Sin embargo, según el análisis elaborado por THE OBJECTIVE, al menos diez grandes decisiones y actuaciones desarman el discurso antibelicista del Ejecutivo socialista.
La tensión con Washington ha escalado en paralelo al conflicto con Irán y el presidente estadounidense ha criticado abiertamente a varios aliados europeos por su escaso compromiso militar. En el caso de España, ha reprochado la negativa de Pedro Sánchez a facilitar el uso de bases conjuntas para operaciones contra el régimen iraní. Donald Trump ha llegado incluso a amenazar con represalias comerciales contra los socios que no respalden la estrategia estadounidense. La controversia se produce además en un momento de debilidad del Gobierno, sin apoyos suficientes ni Presupuestos.
En este contexto, el Ejecutivo ha recuperado el lema del «No a la guerra» como parte de su discurso político frente al Partido Popular y Vox, a quienes acusa de alinearse con Washington y de defender un mayor aumento del gasto en defensa. El mensaje volvió a aparecer incluso durante los actos del 8-M, en un intento de reforzar una posición que el Gobierno presenta como una defensa de la paz frente a la escalada militar internacional. Sin embargo, más allá de la retórica política, las decisiones adoptadas por el propio Ejecutivo en materia de defensa muestran una implicación española mucho mayor que al inicio de la legislatura, con un aumento del gasto, nuevos programas de armamento y despliegues en varias zonas estratégicas del sistema de seguridad occidental.
1.- Más gasto militar
El compromiso de elevar el gasto en defensa hasta el 2% del PIB marca uno de los mayores cambios en la política de seguridad española en décadas. El Gobierno aprobó en 2025 un plan para alcanzar ese nivel de inversión, el objetivo fijado por la OTAN para sus países miembros. España partía de un nivel cercano al 1,3% del PIB en 2024, por lo que el nuevo plan supone un aumento significativo del esfuerzo en defensa.
2.- Inyección de 10.400 millones
Además, el Gobierno aprobó en abril del año pasado una inyección extraordinaria de más de 10.400 millones de euros que refuerza el presupuesto en plena legislatura. El objetivo de esa ampliación es financiar nuevas capacidades estratégicas, tecnología de seguridad y sistemas de ciberdefensa dentro del plan de seguridad y defensa impulsado por el Gobierno. La medida supone uno de los mayores incrementos del gasto militar en décadas y marca un giro claro en la política de defensa española.
El paquete presupuestario forma parte del compromiso del Ejecutivo de aumentar el esfuerzo militar para acercarse a los objetivos fijados por la OTAN, que exige a sus aliados destinar en torno al 2% del PIB a defensa. Con este plan, el Gobierno busca acelerar el incremento del gasto en seguridad, reforzar la modernización de las Fuerzas Armadas y ampliar las capacidades tecnológicas vinculadas a la defensa y la industria militar.El pasado martes, el Gobierno aprobó una nueva partida de gasto sin detallar justificación. El Ministerio de Hacienda autorizó una transferencia de crédito al Ministerio de Defensa por importe de 1.339,5 millones de euros.
3.- Otra ampliación del crédito
A esa ampliación se suman nuevas partidas aprobadas recientemente. La operación incrementa nuevamente los recursos destinados al área militar y se enmarca en los ajustes presupuestarios que el Ejecutivo está realizando ante la falta de nuevos Presupuestos Generales del Estado. Este tipo de transferencias permite reforzar partidas vinculadas a programas de defensa, inversiones estratégicas o compromisos internacionales asumidos por España dentro del marco de la OTAN y de la política de seguridad europea.
4.- Programas aéreos y navales
Además, se han impulsado programas militares independientes que abarcan capacidades aéreas, navales y terrestres. En el ámbito aéreo figura la ampliación del programa de cazas Eurofighter, destinada a reforzar la flota del Ejército del Aire y sustituir progresivamente parte de los antiguos F-18 que aún siguen en servicio. Este proyecto busca garantizar la capacidad de defensa aérea española durante las próximas décadas y mantener la participación de la industria nacional en uno de los principales programas aeronáuticos europeos.
En paralelo, el ámbito naval incluye la construcción de las nuevas fragatas F-110 para la Armada, uno de los mayores proyectos de modernización naval impulsados por Navantia y concebido para reforzar las capacidades de combate y vigilancia marítima de la flota española.
5- Sistemas estratégicos
A estos programas se suman otros sistemas estratégicos que completan el proceso de modernización militar en distintos ámbitos operativos. Entre ellos destacan los submarinos S-80 desarrollados por la industria española, el vehículo blindado Dragón 8×8 del Ejército de Tierra o la participación de España en grandes iniciativas europeas de defensa como el futuro sistema aéreo de combate FCAS.
En conjunto, estos proyectos forman parte de los nuevos programas de armamento que movilizarán más de 14.500 millones de euros en los próximos años. Este ciclo de inversión se extenderá durante la próxima década y está reforzando tanto las capacidades militares como el peso industrial y tecnológico del sector de defensa en España.
6.- Despliegue de tropas
Mientras tanto, el despliegue de tropas españolas en el flanco oriental refuerza el compromiso con la OTAN y con el sistema de defensa colectiva de la alianza. España mantiene más de 1.500 militares desplegados en varios países del este de Europa dentro de las misiones de disuasión impulsadas tras el deterioro del contexto de seguridad en el continente. Estas fuerzas participan en tareas de vigilancia, presencia avanzada y entrenamiento junto a otros contingentes aliados en Estados situados en la frontera oriental de la OTAN.
7.- Participación naval
A ese despliegue terrestre se suma la participación naval española en áreas especialmente sensibles del escenario geopolítico. El envío de una fragata al Mediterráneo oriental sitúa a España en una de las zonas de mayor tensión estratégica en el entorno de Oriente Próximo. El Gobierno ordenó desplegar la fragata Cristóbal Colón (F-105), una de las unidades más avanzadas de la Armada española, en el entorno de Chipre dentro del dispositivo naval aliado. Este buque forma parte de las capacidades de defensa antiaérea de la flota y su presencia se integra en las operaciones de vigilancia y seguridad marítima coordinadas por la OTAN en el Mediterráneo.
8.- Refuerzo de Rota
La ampliación del escudo antimisiles en la Base Naval de Rota consolida el papel estratégico de España en la arquitectura militar occidental. El acuerdo con Estados Unidos prevé aumentar de cuatro a seis los destructores estadounidenses desplegados en esta base, una instalación clave dentro del sistema de defensa antimisiles de la OTAN en Europa.
La base gaditana es clave para el dispositivo naval estadounidense en el Mediterráneo y el Atlántico. Desde Rota operan buques equipados con el sistema Aegis, diseñado para detectar y neutralizar amenazas balísticas, lo que refuerza la red de defensa antimisiles desplegada por la OTAN en el continente. El refuerzo de esta presencia militar estadounidense consolida además el papel de España como plataforma logística y estratégica para las operaciones de la alianza en Europa, el Mediterráneo y Oriente Próximo.
9.- Uso estratégico de Morón
La Base Aérea de Morón sigue funcionando como plataforma militar para operaciones internacionales, pese al «No a la guerra» de Pedro Sánchez. La instalación mantiene su papel como centro logístico para despliegues militares hacia África y Oriente Próximo, así como para operaciones de transporte estratégico de tropas y material. Por su parte, el mantenimiento de la batería Patriot en Turquía prolonga la presencia española en el sistema de defensa aérea de la OTAN. España participa en la protección frente a amenazas balísticas en la región dentro del dispositivo aliado.
10.- Récord de exportaciones de armas
En el plano económico, el comercio exterior de armamento también refleja ese peso creciente del sector. España exportó en 2025 más de 1.100 millones de euros en armas y munición, según los datos oficiales de comercio exterior. La base estadística DataComex sitúa las ventas en torno a 1.103 millones de euros dentro del capítulo arancelario 93, que incluye armamento, munición y sus componentes.
La cifra supone el nivel más alto de la serie y confirma el papel de la industria española de defensa en el mercado internacional. Empresas vinculadas a los programas navales, aeronáuticos y tecnológicos participan además en grandes contratos europeos y en cadenas industriales ligadas a la OTAN, lo que ha consolidado en la última década la presencia de España como proveedor de sistemas y componentes militares en distintos mercados.
Sánchez y el «No a la guerra»
El crecimiento de la industria de defensa acompaña este aumento del gasto, mientras Sánchez defiende en público el «No a la guerra», los nuevos programas de armamento y los contratos industriales han impulsado el sector tecnológico vinculado a la seguridad y consolidado el papel de empresas españolas en el desarrollo de sistemas navales, aeronáuticos y tecnológicos dentro de la industria europea de defensa.
España no participa directamente en guerras abiertas, pero el aumento del gasto en defensa, los programas de armamento y los despliegues internacionales impulsados por Sánchez reflejan una implicación creciente en la arquitectura militar occidental. En ese contexto, el discurso político del «No a la guerra» convive con una política de seguridad que refuerza capacidades militares y compromisos internacionales.
