The Objective
La otra cara del dinero

¿Se nos comerá Marruecos la gallina turística de los huevos de oro?

La evolución del país vecino y su competitividad en costes contrasta con los pasos atrás de España en infraestructura

¿Se nos comerá Marruecos la gallina turística de los huevos de oro?

La ciudad marroquí de Arcila. | Wikimedia.

He pasado la Semana Santa en Marruecos, embarcado en la maravillosa iniciativa de El Desierto de los Niños, que lleva material y gradúa la vista a la población de valles de difícil acceso en el Atlas, al sur del país. Por aquí se puede acceder a los detalles de esta muy recomendable ave aventura. Pero en esta sección nuestra, el enfoque me lleva al norte del país. Lo atravesamos rápidamente, pero me dio tiempo a sacar una inquietante conclusión: Marruecos amenaza seriamente con comernos la tostada del turismo. Entre otras. 

Para hacerme el enterado, antes del viaje le eché un vistazo a la novela Me llevaré el fuego (Cabaret Voltaire), final de la trilogía de Leila Slimani sobre Marruecos. Comienza en los años 80 del pasado siglo. Mehdi Daoud, nacido en 1945, trabajó en los años 70 como funcionario en el Ministerio de Industria y, durante una breve etapa, en la Federación Nacional de Fútbol. En el arranque de la novela, le acaban de endosar la dirección de una aseguradora pública ruinosa en Casablanca. En la primera escena, intenta arrancar su Renault 12, pero el motor se ahoga. Cuando por fin se calienta, enfila la carretera hacia su casa en Rabat. Ruinosa también. Hay una autopista, la primera del país, pero no llega hasta la capital y tiene que tomar la nacional que bordea la costa atlántica. Para animarse, pone la radio. Echan un partido de la Copa África. Marruecos juega contra su gran rival, Argelia. Tres meses antes les habían ganado. Volverían a hacerlo ese día. Y así todo.

Mi viaje marroquí de esta Semana Santa empezó en Tánger, a donde llegué desde Tarifa en ferry. A la salida de la ciudad refulgía el flamante estadio Ibn Battuta, recién renovado para la pasada Copa de África y uno de los que serán sede del Mundial de 2030, coorganizado con España y Portugal. Tiene 75.600 asientos, incluidos 5.800 VIP y palcos. De Tánger fui a Rabat por una magnífica autopista (otra cosa son los conductores locales…) Antes pasamos por la Casablanca del pobre Mehdi. A sus afueras está el estadio Hassan II, que tiene previsto llegar a un aforo de 115.000 espectadores y aspira a albergar la final del Mundial… en pugna con el Santiago Bernabéu y el Nou Camp. Por cierto, en el último Mundial, el de 2022, nos eliminó Marruecos. En octavos de final. Por penaltis, pero nos eliminó. 

La novela de Slimani progresa hasta unos años 90 en los que aún hay, dice, siete millones de pobres en una población de poco más de 25 millones de habitantes. En aquella época, los jóvenes «expresaban su odio hacia la élite occidentalizada y corrupta, esa élite que se beneficiaba de una liberalización que estrangulaba al pueblo. El Estado, sometido al FMI, ya no contrataba a gente y cada año había más titulados en paro». Pese a todo, Mehdi ha conseguido hacer de la aseguradora todo un éxito. Brillante gestor obsesionado con su trabajo, lo ve claro en una reunión con varios amigos de su estilo, occidentalizados consumidores de abundante cerveza: «Necesitamos crear empleos para luchar contra la desesperación y el integrismo. Debemos poner en marcha grandes proyectos para hacer de Matruecos un país turístico importante. ¡El turismo es nuestro petróleo!». Me sonó familiar.

A unos kilómetros de Tánger paramos a descansar en un pequeño pueblo costero llamado Arcila. Precioso. De postal. Una compañera de viaje marroquí me contó que una casa allí cuesta un dinero curioso porque a la gente bien de Casablanca y Rabat le ha dado por parar por allí. También se ven turistas, pero no muchos para ser ya el primer sábado de Semana Santa. Españoles sobre todo, algunos japoneses, unos pocos centroeuropeos y/o ingleses. Según Properstar, un apartamento de dos dormitorios en Arcila puede rondar los 60.000 euros, aunque opciones más amplias pueden alcanzar los 105.000. Las villas de gama media o casas tradicionales en buen estado suelen empezar desde los 230.000. Luego están los casoplones. Propiedades excepcionales con vistas al océano o suites múltiples pueden superar ampliamente estos rangos, llegando a precios de mercado de lujo.

Al poner Marbella en el buscador, lo primero que me sale es una «oferta» de una casa por 4,2 millones de euros. Otra más modesta en esa misma promoción, de dos dormitorios, sale por 800.000. Tirado. Efectivamente, sus costes son bastante más asequibles. Las habitaciones de los hoteles son baratas y más kilométricas que espaciosas. El asunto de los servicios ya es otra cosa, sobre todo en el sur, menos desarrollado. Se nota falta de formación en hostelería. En uno de los hoteles del viaje, de máxima categoría, la logística del desayuno se fue al garete cuando se acumularon un par de grupos. Aunque los camareros se esforzaban al máximo, la organización no permitía un mínimo de calidad. ¿Una sola cafetera para un comedor gigantesco? ¿De verdad? Se nota la ausencia de mandos medios eficaces. Pero todo se aprende. La hostelería española es una de las mejores del mundo, si no la mejor… Tras 60 años haciendo lo que están empezando a hacer a saco los marroquíes.  

El último informe de Exceltur, de enero de 2026, se congratulaba de que el turismo en España cerró 2025 con un crecimiento récord del 2,5%, alcanzando una contribución del 13% al PIB nacional (218.459 millones de dólares). Pero para 2026 proyectaba una moderación del crecimiento al 2,4%, y apuntaba «hacia un modelo de mayor valor añadido en lugar de volumen». Porque, además, el crecimiento actual se debe en buena parte al mayor gasto de turistas extranjeros.

Todavía podemos decirle al mundo que Marruecos es más barato, pero no tiene, por ejemplo, el AVE.  Por aquí ya contamos cómo la Costa del Sol tenía previsto perder 195.000 turistas hasta mediados de abril por la interrupción del AVE Madrid-Málaga. La patronal Exceltur ha creado una Alianza para la Excelencia Turística que plantea «varias preguntas urgentes: ¿Qué condiciones deben mejorarse para atraer y retener al mejor talento? ¿Cómo preparar a los profesionales para aportar ese valor añadido que impulse el crecimiento y la competitividad del sector? Y, quizás la más estratégica, ¿puede España aspirar a liderar el turismo mundial en calidad si no resuelve antes su déficit de talento interno?».

Sobre el talento interno ya sigo yo. El primer ministro de Transportes nombrado por Pedro Sánchez fue un tal José Luis Ábalos. El actual es Óscar Puente. Los libros de Slimani, que vive en París, y de otros escritores no alcanzables por la mano del rey Mohamed VI, muestran que las instituciones marroquíes dejan aún mucho que desear. También, por eso y por otras circunstancias históricas, aún tienen mucho camino por delante. Pero si insistimos en bajar nuestro nivel, van a tener el sorpasso bastante más fácil. Y no solo en el fútbol.

Por supuesto que es justo. Merecen la oportunidad que nosotros tuvimos. Pero si van a ocupar nuestro lugar, quizá deberíamos ir aspirando a parecernos más a aquellas Francia y Alemania a la que emigrábamos hace 60 años antes de dejar el hueco a otros. 

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