Gómez y Verdú, experta en protocolo, confirma la nueva era de Letizia: «Lidera la comunicación»
La actitud de la reina ha cambiado, en estos últimos meses, tomando un papel más protagonista y hablando con los medios

La reina, en una imagen de esta semana. | Gtres
La reina Letizia ha decidido no mantenerse al margen. La mujer de Felipe VI comenzó su relación con el monarca —cuando todavía era príncipe de Asturias— haciéndose notar; protagonizó un momento —durante su pedida— que no pasó desapercibido ante los medios. Allí, en El Pardo, y rodeados por una buena cantidad de periodistas que se habían desplazado para cubrir la noticia, Letizia decidió dejar a su prometido con la palabra en la boca y se dirigió directamente a la prensa que allí se agolpaban. Un gesto que fue alabado y criticado, a partes iguales. A partir de ese momento, las apariciones de la reina fueron más medidas, más calladas y, sobre todo, más discretas. Algo que ha cambiado en los últimos meses, cuando ha decidido tomar la palabra.
Y es que, si echamos un vistazo a las últimas apariciones de los Reyes, en los que han tenido la posibilidad de pronunciar unas palabras, Letizia ha decidido no quedarse en un segundo plano. En su paso por Atenas, donde el funeral por Irene de Grecia coincidió con la tragedia de Adamuz, la reina explicó que estaban totalmente consternados por el accidente y que este era el «momento de acompañar». Unos días más tarde, a colación de este tema, también explicó que cuando se quitaran los «escombros» también habría que prestar atención a las víctimas. Una serie de afirmaciones que, sin duda, marcan el camino de esta evolución comunicativa.
La nueva era de Comunicación de la reina Letizia
Para analizar esta situación desde THE OBJECTIVE hemos hablado con María José Gómez y Verdú, experta en protocolo. «La evolución del papel comunicativo de la reina Letizia dentro de la Casa Real española es especialmente visible si se compara su nivel de intervención pública en los primeros años con su presencia discursiva actual. Este cambio no responde a una cuestión de protagonismo personal, sino a una transformación progresiva en la estrategia de comunicación institucional y en la consolidación de su propio rol dentro de la Corona», explica la especialista.
En sus inicios, como ya hemos recordado, la reina fue «notablemente limitada». «Desde el punto de vista comunicativo, esto era coherente con dos factores fundamentales. Por un lado, la necesidad de integrarse en una institución con códigos muy definidos, donde la figura femenina de referencia había sido durante décadas la reina Sofía, cuyo estilo comunicativo se caracterizaba por la discreción y la mínima exposición verbal», apostilla. Además, Gómez y Verdú hace referencia a «la prudencia estratégica» ante «una figura que procedía del ámbito profesional y mediático, lo que exigía evitar cualquier percepción de exceso de visibilidad o de desplazamiento de los roles tradicionales».
María José Gómez y Verdú analiza esta evolución
En esa primera etapa como princesa, su comunicación fue, sobre todo, «no verbal». «Su presencia se construyó a través de la actitud, la escucha y la observación, con intervenciones orales muy medidas y casi siempre en contextos muy controlados. El mensaje institucional era claro: consolidar su posición dentro de la estructura simbólica de la Corona antes de ampliar su peso discursivo. Desde una perspectiva profesional, este tipo de introducción progresiva es habitual en instituciones donde la legitimidad no se presupone, sino que se construye con el tiempo», añade la experta en protocolo.
Aunque eso sí, la proclamación de Felipe como Rey marcó «un punto de inflexión». «Con el inicio del nuevo reinado, la comunicación de la Casa Real entró en una etapa de renovación generacional que exigía nuevos códigos de cercanía y mayor capacidad de conexión con la sociedad. En este contexto, la reina Letizia comenzó a asumir una presencia verbal más definida, especialmente en ámbitos vinculados a sus áreas de interés y especialización. Su perfil dejó de ser únicamente representativo para convertirse también en una voz autorizada dentro de determinadas temáticas», apostilla María José Gómez y Verdú.
«Su participación en los actos no se limita a acompañar»

Así, en estos últimos años, se percibe con claridad «que se su participación en actos públicos no se limita a acompañar», sino que «lidera la dimensión comunicativa del evento». «Esto se observa en la frecuencia y extensión de sus intervenciones, en la seguridad con la que toma la palabra y en la naturalidad con la que interactúa con expertos, profesionales y colectivos sociales. No es inusual que en determinados foros su discurso tenga mayor desarrollo que el del propio Rey, especialmente cuando el contenido del acto se alinea con causas o ámbitos en los que ella ha mantenido una implicación sostenida», explica la experta en protocolo. Pero, ¿esta actitud puede chocar con el papel del rey Felipe?
Lo cierto es que supone solamente «una distribución funcional de la voz». De esta manera, el Rey sigue manteniendo «el papel central en los mensajes de carácter institucional, político o de Estado», mientras que la reina se consolida en «un espacio propio de la comunicación social, sanitaria, educativa y cultural». «Esta diferenciación permite a la institución ampliar su capacidad de interlocución sin desdibujar las responsabilidades formales de cada figura», añade la especialista. Aún así, cabe destacar que «el impacto simbólico de este cambio» es, cuanto menos, «relevante». De esta manera, la reina proyecta una imagen de «preparación, solvencia y dominio del contexto que refuerza la percepción de una monarquía más profesionalizada y adaptada a los códigos actuales de liderazgo institucional, donde comunicar también es ejercer responsabilidad».
«No se trata de hablar más por hablar»

Esta mayor presencia discursiva responde a una «demanda social de cercanía argumentadla, no solo de representación ceremonial». «Desde mi perspectiva profesional, esta evolución refleja una transición desde un modelo de consorte con presencia principalmente simbólica hacia otro en el que la reina ejerce también como agente activo de comunicación institucional. No se trata de hablar más por hablar, sino de hablar cuando el contenido lo requiere y cuando su voz aporta valor al mensaje global de la Corona», añade María José. Así, el paso de «una intervención escasa y prudente a una participación verbal más frecuente y sólida» muestra cómo la Casa Real ha adaptado «su estrategia comunicativa a los tiempos, aprovechando el perfil y las competencias de la reina Letizia para fortalecer su conexión con la sociedad».
«Esta transformación no desdibuja el papel del Rey, sino que amplía el registro comunicativo de la institución, haciéndola más diversa, más especializada y más alineada con las expectativas contemporáneas de liderazgo público», concluye la experta en protocolo.
