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Arguiñano: «He ganado mucho dinero, pero lo he repartido; mi alegría es dar trabajo a 200 familias»

El reconocido cocinero conoce muy bien lo que es comenzar desde ‘cero’ y, sobre todo, perder todos sus ahorros

Arguiñano: «He ganado mucho dinero, pero lo he repartido; mi alegría es dar trabajo a 200 familias»

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres

En algún momento de su vida, Karlos Arguiñano comenzó a ganar una cantidad importante de dinero. Esto hizo que cambiara su ‘chip’ y, sobre todo, que comenzara a llevar una vida más despreocupada. Y es que la hostelería nunca fue el camino fácil, pero tuvo la oportunidad de encontrarse con un contrato de televisión que, sin duda alguna, hizo que su rutina diera un giro de 180 grados. A pesar de esta situación, Arguiñano no se olvidó de aquellas personas que, en un primer momento, le tendieron la mano. Tampoco de sus compañeros de productora, de las personas que trabajaban en su hotel-restaurante y de todo aquel que le rodeaba profesionalmente.

«He ganado mucho dinero, pero he repartido mucho. A mí me gusta que la gente que trabaja conmigo esté contenta. No se puede ser feliz viendo que a los de al lado les falta para comer mientras tú te llenas los bolsillos», contó en una ocasión. Y es que esta mentalidad vino de mucho antes. A finales de los 80, debía 250 millones de pesetas —una fortuna en aquella época— por la construcción de su hotel en Zarauz. Llegó a deberle 30 millones solo a su pescadero. Cuando la televisión le salvó y empezó a ganar grandes sumas —como el famoso contrato de Pastas Gallo—, su prioridad no fue acumular, sino pagar sus deudas y mejorar la vida de sus empleados.

Cómo ha invertido Arguiñano su dinero

Karlos Arguiñano, con el gorro de cocina
Karlos Arguiñano, con el gorro de cocina | Europa Press

Lejos de invertir en fondos especulativos extraños, Arguiñano ha invertido en lo que él llama cosas con fundamento y que generan empleo en su tierra. Bainet Media es su gran holding. No solo produce sus programas, sino que gestiona una editorial de libros de cocina —ha vendido millones de ejemplares— y produce contenidos para cine y televisión. También, ha depositado su dinero en la pelota vasca, convirtiéndose en uno de los grandes mecenas de este deporte. Invirtió en la empresa Baiko Pilota —que antes era Asegarce— para profesionalizar y salvar la pelota mano, un deporte que ama profundamente.

Arguiñano creó, también, la bodega K5 —que ahora gestiona su hija Amaia— y produce un Txakoli de alta gama en una bodega diseñada por el arquitecto César Azcárate, situada en una colina con vistas al Cantábrico. Además, sigue manteniendo su hotel-restaurante en Zarauz y su escuela de cocina Aiala, donde forma a las nuevas generaciones de cocineros. Como decíamos, uno de esos primeros contratos que, sin duda, le cambió la vida, fue con Pastas Gallo. Cuando recibió este primer ingreso decidió hablar «con sus chicos». «Llamé a los chicos y repartí una parte importante entre todos. Ellos habían aguantado conmigo cuando no había ni para pagar las nóminas a tiempo», ha contado.

«He ganado mucho dinero, pero también he repartido mucho»

Antes de dedicarse a la hostelería, Arguiñano puso todo su empeño como oficial de chapistería en la fábrica de trenes CAF de Beasain. Su vida cambió cuando decidió matricularse en la Escuela de Hostelería del Hotel Euromar, en Zarautz, dirigida por Luis Irizar —maestro de la Nueva Cocina Vasca—. A finales de los 70, alquiló un viejo castillo frente al mar en Zarauz para montar su propio restaurante. Como él mismo ha confesado, los inicios fueron angustiosos. Pidió préstamos que se le hicieron bola. Llegó a confesar: «Debía tanto dinero que si me hubiera muerto entonces, no habría tenido ni para que me enterraran».

En 1991, tras aparecer en programas de la televisión vasca (ETB), dio el salto a TVE. Fue aquí donde empezó a facturar grandes sumas, no solo por el programa, sino por publicidad —como el famoso caso de Pastas Gallo—. Su primera gran inversión fue pagar deudas. Pagó a proveedores y bancos hasta quedar libre. Como mencionamos, gran parte de sus primeros ingresos publicitarios los repartió entre sus empleados del restaurante, quienes le habían apoyado cuando el negocio no era rentable. Arguiñano fue pionero en entender que el contenido era el rey. En lugar de ser un simple empleado de la televisión, creó su propia productora: Bainet. A través de esta, produce su propio programa, Cocina abierta, que se emite cinco días por semana en Antena 3. Publica sus propios libros, que son éxitos de ventas constantes —más de 40 títulos—.

Eva, Joseba y Karlos Arguiñano. | Gtres

A diferencia de otros famosos que invierten en sectores desconocidos o paraísos fiscales, Karlos ha seguido tres reglas de oro. Ha invertido en lo que conoce; como cocina, televisión, deporte vasco y vino. Casi todos sus negocios están en un radio de pocos kilómetros en Guipúzcoa. Arguiñano presume de tener empleados que llevan con él más de 30 o 40 años. Uno de los momentos de inflexión en su vida fue cuando vivió esa etapa de ruina económica que, también, marcó sus inversiones y, sobre todo, sus prioridades.

Su primer sueldo con Pastas Gallo y su ruina económica

Su crisis no vino por mala cabeza o vicios, sino por una inversión demasiado ambiciosa. En 1978 alquiló un palacete en Zarauz, pero años después se lanzó a comprarlo y reformarlo para convertirlo en el Hotel-Restaurante Arguiñano. Acumuló una deuda de 250 millones de pesetas —equivalente a unos 1,5 millones de euros actuales, pero con un valor adquisitivo y unos intereses de la época muchísimo más asfixiantes—. La situación era tan límite que no solo debía dinero a las entidades bancarias, sino también a sus proveedores locales, la gente con la que se cruzaba cada día por la calle. Esa presión le quitaba el sueño. Karlos recordaba que, aunque el restaurante siempre estaba lleno, el margen de beneficio se lo comían los intereses de los préstamos. Estaba, técnicamente, en quiebra.

Joseba y Karlos Arguiñano. | Gtres

La ruina terminó gracias a un golpe de suerte y talento. En 1990, empezó en la televisión vasca (ETB) y poco después dio el salto a la nacional. Fue entonces cuando su carisma le convirtió en un fenómeno publicitario. Lo primero que hizo con el dinero de la televisión no fue comprarse un coche de lujo, sino limpiar su nombre. Fue pagando una a una todas las deudas con los proveedores de Zarauz —el carnicero, el pescadero o el frutero— y, finalmente, saldó sus cuentas con los bancos. Hoy en día, nunca olvida que fue la confianza de sus vecinos —especialmente ese pescadero al que debía una fortuna— lo que le permitió mantener la persiana subida hasta que llegó el éxito televisivo.

Ahora, su mayor alegría es poder compartirlo con los suyos. «Yo no quería ser rico, quería vivir bien y que los míos vivieran bien. Actualmente, mi mayor alegría es ver que doy trabajo a más de 200 familias», ha afirmado.

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