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Internacional

Trump termina enero con su peor índice de aprobación desde que volvió al poder

La inflación lidera las preocupaciones de los estadounidenses mientras su apoyo cae por debajo del 40%

Trump termina enero con su peor índice de aprobación desde que volvió al poder

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado jueves en la Casa Blanca | Francis Chung - Pool via CNP / Zuma Press

A poco más de un año de su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump afronta el momento más delicado de su segundo mandato en términos de opinión pública. Su índice de apoyos ha caído 18 puntos, con un 38% de respaldo frente a un 56% de desaprobación. El registro marca su peor nivel desde que volvió al poder y confirma una tendencia de desgaste que, sin ser un desplome, sí dibuja un horizonte que podría poner en riesgo las elecciones de mitad de mandato del próximo noviembre.

El contexto no es menor. Estos números llegan tras meses de hiperactividad presidencial en el frente internacional, donde Trump ha intentado imprimir su huella. Ha presionado para reordenar la estrategia occidental en torno a la guerra en Ucrania, ha buscado influir en la arquitectura de seguridad ligada al conflicto en Palestina y ha elevado la presión regional hasta el punto de que la captura de Nicolás Maduro lo presentó personalmente como prueba de su voluntad a actuar contra las dictaduras más allá de las fronteras estadounidenses.

A ese activismo se ha sumado su reiterado interés estratégico por Groenlandia, que ha vuelto a poner sobre la mesa como pieza clave en la competencia por el Ártico, las rutas marítimas y los recursos. Para sus aliados domésticos, se trata de visión geopolítica; para sus críticos, una muestra de que se ha desconectado de las urgencias internas de EEUU.

Las encuestas enfrían el clima político

Uno de los indicadores más comentados ha sido el del Pew Research Center, cuya encuesta publicada hace unos días mostró que solo un 34% de los estadounidenses manifiesta su confianza en el liderazgo de Trump para ejercer la presidencia del país. Más de la mitad de los encuestados afirma estar poco o nada confiado, y otros porcentajes destacables expresan sus dudas sobre la capacidad de gestión del presidente. Lo significativo es que la caída de confianza no se limita al electorado demócrata, pues parte del retroceso se detecta también entre republicanos y conservadores de fuera del partido.

Otros sondeos, incluidos algunos difundidos por Fox News, medio bastante afín a la actual administración, ofrecen señales de enfriamiento en segmentos clave de la demografía estadounidense como los votantes blancos sin estudios universitarios, un pilar tradicional del electorado republicano. Aunque las diferencias son ajustadas y los márgenes de error aconsejan prudencia, el dato inquieta a estrategas del partido porque habla de un entusiasmo menos sólido que en el pasado.

El malestar no se traduce automáticamente en rechazo a su agenda exterior, pero sí en una jerarquía distinta de prioridades. Inflación y precios siguen encabezando la lista de preocupaciones, seguidos por empleo y economía. Las valoraciones sobre la gestión del coste de la vida han retrocedido de forma notable a lo largo del año, y cada vez más ciudadanos creen que el país va por mal camino.

Paciencia limitada

Aquí emerge la paradoja política del momento. Mientras la Casa Blanca proyecta energía diplomática y firmeza estratégica —de Ucrania a Oriente Próximo, de Venezuela al Ártico—, una parte creciente de la sociedad estadounidense parece pedir una reorientación hacia cuestiones nacionales. No es un rechazo automático a la acción exterior, sino la sensación de que el esfuerzo internacional debe ir acompañado de mejoras tangibles en la vida cotidiana.

Trump, por su parte, ha respondido con dureza a parte de los últimos estudios demoscópicos. Ha denunciado encuestas fraudulentas y ha acusado a determinados medios de difundir cifras sesgadas con fines electorales. Ese discurso refuerza la cohesión de su base más leal, pero no elimina el hecho de que múltiples estudios independientes apuntan a una tendencia similar de desgaste.

El mapa demográfico refuerza esa lectura. Jóvenes, minorías y votantes con mayor nivel educativo también exhiben niveles de desaprobación más altos. Incluso en el segmento de personas en edad de jubilación —tradicionalmente cercano a los candidatos republicanos— el apoyo parece enfriarse. Son cambios graduales, no un vuelco abrupto, pero suficientes para estrechar márgenes en los estados donde hay mayor competencia con la candidatura demócrata.

En inmigración, otro eje central de su mensaje, el balance es mixto. Las entradas irregulares han descendido respecto a picos anteriores, pero la aprobación neta de su gestión también ha retrocedido en algunos sondeos. Para parte del electorado, la firmeza no compensa la falta de alivio inmediato en materia económica.

En conjunto, el panorama describe una presidencia con impulso en el plano internacional y presión creciente en el doméstico. Trump mantiene el control del poder institucional, la iniciativa política y una base movilizada. Pero los datos de aprobación sugieren que el capital político no es infinito. La opinión pública estadounidense no ha dejado de mirar al mundo, pero parece recordar a su presidente que, en última instancia, para obtener respaldo en política exterior es necesario despejar la incertidumbre reinante en la política interior.

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