Hoy más que nunca, el destino de Venezuela se juega desde el extranjero
«En medio de la situación en Oriente Próximo, lo último que quieren Trump y Rubio es un conflicto en suelo americano»

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. | EP
Mientras Estados Unidos —y el mundo— andan más ocupados en la guerra de Washington e Israel contra Irán y sus consecuencias en la geopolítica y la economía mundial, el asunto Venezuela ha caído lejos en la lista de prioridades de Europa y América. Pero eso no significa que este juego de montaña rusa esté resuelto. En medio de la impredecible situación en Oriente Próximo, está claro que lo último que quieren Donald Trump y su alfil Marco Rubio es un conflicto violento en suelo americano.
Por eso se consolida la contradictoria estrategia de Trump de dejar a cargo al propio chavismo en el poder, tras la salida forzosa de Nicolás Maduro para juzgarlo en Nueva York por cargos de presunto narcotráfico. Pocas horas después de haberse llevado preso a Maduro en una espectacular operación militar, con la incursión de soldados y 150 aeronaves en el espacio aéreo venezolano, Trump decepcionó el 3 de enero a los opositores de este país al afirmar que dejaba en la presidencia a Delcy Rodríguez, la hasta entonces vicepresidenta y mano derecha de Maduro.
De esta forma, una fuerza extranjera decidió quién habría de ser jefe de Estado en un país hipotéticamente libre. Trump también dijo que la líder de la oposición, María Corina Machado, no «cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país». Aparentemente, se refería a la pequeña pero bien armada parte del país chavista, pues Machado más bien se ha ganado su puesto en difíciles contiendas electorales —la manera como se define el poder en procesos democráticos—, aunque no es bien aceptada por la alta jerarquía de la Fuerza Armada venezolana, ni por otros factores chavistas que capitalizan la fuerza física en el país.
Palabras posteriores de Trump, recordando la amarga experiencia de Irak tras la invasión por parte de Estados Unidos, llevaron a varios analistas a concluir que el magnate derivado en gendarme mundial ha querido evitar que Venezuela se les fuera de las manos y se desatara una ola de violencia intestina. Es que el chavismo controla las cambiantes fidelidades de generales y coroneles, y también controla a la policía y a los colectivos, las bandas paramilitares y parapoliciales del partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que ejercen el terror fascista en barriadas de ciudades y pueblos.
Tras la captura de Maduro tampoco se produjo un levantamiento militar que pudiera redefinir el juego de poder armado dentro del propio país, y sin arriesgar más vidas y activos de los estadounidenses. Así las cosas, la estructura de poder de facto del chavismo sigue casi intacta y, si en efecto se produce una transición hacia la democracia, este es un factor a tomar en cuenta, aunque el atroz movimiento inventado por Hugo Chávez sea hoy una franca minoría entre los venezolanos y no tenga respaldo popular. Sin embargo, esta es una minoría armada, que negocia y se mueve hoy con una pistola en la sien, la pistola más poderosa, la de la primera potencia mundial. Y el dedo en el gatillo lo tiene un hombre impredecible y astuto.
El terreno de la oposición
«Yo voy a regresar a Venezuela en el contexto de un gran acuerdo nacional. Esto no se trata de un sector o un partido. Esto se trata de nosotros, tendremos un gobierno para todos los venezolanos», dijo Machado este jueves desde Santiago de Chile, donde asistió a la toma de posesión del presidente José Antonio Kast. La estrategia de la oposición, expresada por Machado y otros líderes, pasa por buscar propiciar nuevas elecciones presidenciales y legislativas, libres, supervisadas por Estados Unidos y la comunidad internacional. Esto requiere la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) para hacer independiente a este poder, hoy completamente chavista y acusado de amañar resultados electorales en beneficio del régimen.
También es necesario actualizar el registro electoral con nuevos y antiguos votantes, y permitir que los venezolanos en el exterior puedan votar. Ese es un derecho constitucional negado por el chavismo y restituirlo puede ser decisivo en cualquier balanza electoral, porque son opositores la gran mayoría de los votantes entre esa diáspora de unos ocho millones de personas que se vieron obligadas a abandonar Venezuela para escapar de la permanente crisis económica, política y social. Ese «gran acuerdo nacional» que promueve Machado incluiría a los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, gremios, de todo el espectro político en pos de esa transición.
Dentro de Venezuela, la Plataforma Unitaria, coalición de ocho partidos opositores, comienza a reorganizarse y restaurar sus fuerzas, tras años de sufrir la más dura persecución por parte del chavismo. El régimen ha encarcelado a dirigentes y militantes, enviado muchos al exilio, y ha desmantelado e ilegalizado a las organizaciones disidentes o las ha obligado a la inactividad. Mientras, se reactivan las protestas de sindicatos y gremios en demandas de aumentos salariales y este jueves una marcha de trabajadores opositores pisó las calles del centro de Caracas por primera vez en años, sin ser reprimida.
«Falta mucho más por avanzar y solamente habrá paz en Venezuela con libertad. Y solo habrá libertad con democracia», dijo Machado a periodistas en Santiago de Chile. La opositora aprovechó la toma de posesión de Kast para renovar su proyección internacional, reuniéndose con interlocutores clave, incluyendo al rey de España, Felipe. También se dio un baño de pueblo con unos 17.000 venezolanos, migrantes comunes, en su mayor acto de masas desde la campaña para las confiscadas elecciones presidenciales de Venezuela en 2024.
Recalcó que el aliado fundamental es el Gobierno de EEUU, el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio. «Mi regreso a Venezuela está basado en continuar una lucha que ha sido cívica, organizada», dijo sin arriesgar fechas, pero al precisar que eso está siendo negociado con los aliados.
«Nos han provocado, nos han atacado, nos han perseguido, encarcelaron a nuestros compañeros, asesinaron a otros y nosotros nos mantuvimos organizados y firmes cívicamente. Caos son ellos, violencia son ellos. Nosotros somos la garantía de avanzar de manera cívica, ordenada, pacífica y firme, porque no confundan el civismo con debilidad, todo lo contrario», proclamó al promover la legitimación «de todos los órganos del poder público a través de elecciones». Ese mismo día, el New York Times reportaba desde Washington que Trump le recomendó a Machado que posponga su regreso a Caracas, por razones de seguridad.
El Times cita a fuentes familiarizadas con el encuentro de dos horas entre Machado y Trump, la semana pasada en la Casa Blanca. Según el NYT, Trump está negociando con Delcy Rodríguez unas elecciones para finales de 2027. Mientras tanto, el Departamento de Estado en una carta oficial ratificaba a la corte del distrito Sur de Nueva York que Estados Unidos ha normalizado las relaciones con Venezuela bajo la presidencia interina de Delcy Rodríguez, como «única jefa de Estado», cuyo Gobierno «reconoce legalmente». Washington ratifica su compromiso por ayudar al pueblo venezolano a crear las condiciones para una transición pacífica hacia un gobierno «democráticamente electo», apunta la carta, que ha tenido interpretaciones divergentes.
Algunos expertos señalan que ese reconocimiento implica compromisos legales del chavismo. También señalan que esa bendición condicionada abrirá las puertas para flujos financieros internacionales, incluyendo préstamos del Banco Mundial y el FMI, que ayudarán a estabilizar la economía. En ese escenario de recuperación, el taimado chavismo capitalizará los resultados y los usará como nuevo combustible para su campaña electoral, en la que Delcy sería su candidata anticipada para unas elecciones presidenciales.
