Arthur Brooks, experto en felicidad de Harvard: «Para ser más felices necesitamos aceptar la infelicidad»
La felicidad no es una vida sin dolor, sino una vida con sentido, incluso cuando hay momentos que duelen

Mujer feliz | Géminis
Durante décadas, la felicidad se ha presentado como un estado permanente, una meta alcanzable si se eliminan el dolor, el miedo o cualquier forma de incomodidad. Esa visión es precisamente la que Arthur Brooks cuestiona en Construye la vida que anhelas, el libro que firma junto a Oprah Winfrey. En sus páginas, el profesor de Harvard y uno de los investigadores más influyentes en el estudio del bienestar desarrolla una idea central apoyada en la psicología y la filosofía, la felicidad no consiste en evitar la infelicidad, sino en comprender que esta forma parte inevitable de una vida plena.
Brooks parte de una constatación incómoda, «la mayoría de las personas no sabe explicar qué es la felicidad». Cuando se les pide una definición, recurren a sensaciones vagas o experiencias puntuales, mientras que la infelicidad suele describirse simplemente como su ausencia, afirma. Esta confusión conceptual tiene consecuencias prácticas, si no sabemos qué estamos intentando aumentar, es imposible hacerlo de forma consciente. Esta dificultad no es nueva. A lo largo de la historia, filósofos y pensadores han discrepado profundamente sobre el significado de una vida buena. La falta de consenso demuestra que la felicidad no es un sentimiento simple ni un estado homogéneo, sino un fenómeno complejo que requiere ser desmenuzado.
Según Brooks, «en la Antigüedad ya existían dos grandes corrientes enfrentadas. Epicuro defendía que la felicidad dependía de evitar el dolor físico y la perturbación mental, mientras que Epicteto, uno de los principales exponentes del estoicismo, sostenía que el bienestar nacía del deber, la aceptación del destino y la fortaleza moral». Estas dos formas de entender la felicidad siguen presentes hoy. Algunas personas la buscan a través del bienestar inmediato y la comodidad, otras mediante el esfuerzo, el sacrificio y el cumplimiento de un propósito. Brooks considera que ambas visiones capturan una parte de la verdad, pero ninguna es suficiente por sí sola.

¿Qué es la felicidad entonces? ¿Existe?
La felicidad como tal no existe. «El hecho de que la felicidad completa sea imposible parece una noticia desalentadora, pero no lo es. En realidad, es la mejor noticia posible. Significa que, al fin y de una vez por todas, podemos dejar de buscar la ciudad perdida, porque no existe. Podemos dejar de preguntarnos qué es lo que está mal en nosotros que nos impide encontrarla o conservarla.» Para salir de esta confusión, Brooks propone una definición constructiva y realista de la felicidad basada en tres componentes esenciales: disfrute, satisfacción y propósito. No se trata de emociones aisladas, sino de elementos estructurales que deben coexistir de forma equilibrada. El disfrute va más allá del placer. El placer es biológico y automático, mientras que el disfrute es humano porque implica conciencia y relación con los demás. Compartir una experiencia, crear un recuerdo y estar presente requiere tiempo y esfuerzo, algo que explica por qué el placer es abundante, pero el disfrute no tanto.
La satisfacción surge del esfuerzo y del sacrificio. Aparece cuando se logra algo difícil y valioso, ya sea en el trabajo, los estudios o la vida personal. Brooks subraya que sin una mínima dosis de sufrimiento no hay satisfacción auténtica, y que los atajos, aunque tentadores, erosionan esta capacidad. El propósito es el elemento más profundo. Tener un sentido vital permite afrontar las dificultades sin derrumbarse. Cuando una persona sabe por qué hace lo que hace, el dolor se vuelve más tolerable y la incertidumbre menos paralizante.
Por qué la infelicidad es parte de la felicidad
La idea central de Brooks es que los tres macronutrientes de la felicidad contienen, inevitablemente, algo de infelicidad. El disfrute exige renunciar a placeres inmediatos, la satisfacción implica sacrificio y el propósito suele construirse a partir del sufrimiento. Pretender una felicidad sin incomodidad es, según el profesor de Harvard, una ilusión moderna. Durante buena parte del siglo XX, la psicología entendió la felicidad y la infelicidad como extremos opuestos. Hoy, la investigación demuestra que las emociones positivas y negativas pueden coexistir. Durante la pandemia, a raíz de la situación que se vivió se realizó un estudio de 2021 titulado Mixed Emotions and COVID‑19 en el Centro Nacional para la Información Biotecnológica, (Bethesda, EEUU), que involucró a más de 1.400 participantes. La investigación buscaba analizar cómo sentir emociones positivas y negativas al mismo tiempo podía influir en la forma en que las personas se adaptan y en su bienestar general. Los resultados mostraron que no solo es posible experimentar ambas clases de emociones al mismo tiempo, sino que esta coexistencia puede favorecer respuestas psicológicas más complejas y resilientes frente al estrés. De esta manera, una persona puede sentirse triste y, al mismo tiempo, mantener un sentido de propósito y esperanza.
@yordirosadoo LA VERDAD SOBRE LA FELICIDAD con @arthurcbrooks ♬ sonido original – Yordi Rosado
Aceptar el malestar para vivir mejor
Aceptar la infelicidad no significa resignarse ni glorificar el sufrimiento. Significa comprender que forma parte del proceso de vivir y que no siempre es un obstáculo. Brooks defiende que intentar eliminar cualquier forma de malestar conduce a una vida frágil, incapaz de tolerar la frustración. En una sociedad obsesionada con el bienestar inmediato, su mensaje resulta incómodo, pero también liberador.
