Marco Aurelio, filósofo y emperador, ya avisó a sus 50 años: «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos»
El secreto de la serenidad de su serenidad no fue el poder, sino una disciplina interior que sigue más vigente que nunca

La estatua ecuestre del emperador romano Marco Aurelio en la plaza del Capitolio, Roma, Italia. | iStock
Las Meditaciones de Marco Aurelio continúan siendo, siglos después, una referencia para quienes aspiran a vivir con mayor felicidad, serenidad y sentido. La pregunta que muchos se siguen haciendo hoy es: ¿cómo consiguió el filósofo y emperador (121-180), mientras estaba al frente de uno de los imperios más vastos de la Antigüedad, mantener el equilibrio interior en un periodo marcado por guerras constantes, conspiraciones, epidemias y catástrofes naturales durante tantos años de gobierno?
La respuesta está en la filosofía que adoptó desde joven y que practicó con convicción: el estoicismo, la cual sostiene que el bien supremo consiste en vivir conforme a la razón y a la naturaleza, cultivando la virtud y manteniendo la imperturbabilidad ante aquello que no depende de nosotros.
En sus reflexiones, Marco Aurelio defiende que el bien y el mal no dependen de lo que sucede a nuestro alrededor, sino de la intención moral con la que actuamos ante ello. También defiende que la libertad y la serenidad nacen de aceptar aquello que no podemos cambiar y que no es la realidad en sí la que determina nuestra felicidad o nuestro sufrimiento, sino la interpretación que hacemos de ella. Para el filósfo, además, la búsqueda del equilibrio personal solo tiene sentido cuando se vincula al compromiso con el bien común.
«La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos»
La frase «la felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos» se ha convertido en una de las citas más compartidas atribuidas a Marco Aurelio, aunque en realidad no es completamente suya. De hecho, no aparece redactada exactamente así en sus Meditaciones, aunque, no obstante, sí resume con bastante fidelidad una de las ideas centrales del emperador: no son los hechos externos los que determinan nuestra felicidad, sino la manera en que los interpretamos.
Numerosos especialistas del estoicismo señalan que esta frase, en inglés —«The happiness of your life depends upon the quality of your thoughts»—, procede de traducciones del siglo XIX, como las de George Long o Gerald Rendall, y de paráfrasis posteriores, no de una cita literal del texto griego original, lenguaje en el que escribió Marco Aurelio.

Lo que más se acerca a la afirmación de que «la felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos» podría venir del pasaje del Libro V, 16. de Meditaciones, en el que el filósofo escribió, textualmente: «Como sean las cosas que imagines frecuentemente, tal será tu inteligencia; pues el alma queda teñida por las representaciones». Aquí Marco Aurelio utiliza el verbo «teñir» para señalar que el pensamiento no es solo un filtro, sino que es un tinte que cambia el color de tu esencia. Por tanto, la frase moderna de «la calidad de tus pensamientos» sería una simplificación de esta metáfora.
Marco Aurelio defendía que una serenidad firme nace de gobernar bien la mente
¿Y qué quería decir exactamente Marco Aurelio con todo ello? En el mencionado Libro V,16., que escribió el filósofo cuando tenía alrededor de 50 años, afirma nuestra experiencia de la vida depende del modo en que pensamos sobre lo que nos ocurre. No niega que existan dificultades —él mismo gobernó en tiempos extremadamente duros—, pero insiste en que el juicio que hacemos sobre esas dificultades es decisivo.
La idea, como decíamos, se entronca en el estoicismo. De hecho, su maestro indirecto, Epicteto, lo expresó con absoluta claridad en el Enquiridión: «No son las cosas las que nos perturban, sino los juicios que tenemos sobre las cosas». Marco Aurelio recoge este principio una y otra vez. En el Libro IV, 3 afirma: «Si te aflige algo externo, no es eso lo que te perturba, sino tu juicio sobre ello; y está en tu mano borrarlo ahora mismo». Es decir: no controlamos los acontecimientos, pero sí nuestra interpretación.

Y, como decíamos, cuando hoy se habla de «calidad de los pensamientos», se está traduciendo al lenguaje actual lo que los estoicos llamaban el uso correcto de la razón. Para Marco Aurelio, un pensamiento de calidad es aquel que es racional, justo y acorde con la naturaleza de las cosas. No se trata de pensar en positivo sin más, sino de pensar con lucidez y sin dejarse arrastrar por el miedo, la ira o la queja constante.
Por eso, aunque la frase moderna no sea literal, sí recoge el espíritu de sus palabras. Marco Aurelio no prometía una felicidad entendida como euforia o placer, sino una serenidad firme que nace de gobernar bien la mente. En sus propias palabras, «en ninguna parte puede hallar el hombre un retiro más tranquilo ni más imperturbable que en su propia alma». Y ese retiro depende, precisamente, de cómo pensamos.
Ejercicios espirituales de Marco Aurelio
Se ha escrito mucho de Marco Aurelio, sobre todo en las últimas décadas, cuando el estoicismo ha cobrado de nuevo gran relevancia. Una de las obras que destacan es El sueño de Marco Aurelio, de Frédéric Lenoir, filósofo, escritor, sociólogo, divulgador e historiador. En el libro, el autor analiza la vigencia de las Meditaciones y destaca que su potencia reside en la combinación de reflexiones —muchas veces formuladas como sentencias breves— con indicaciones muy concretas para la vida cotidiana. Según explica, pueden distinguirse dos grandes tipos de prácticas: por un lado, los «experimentos de pensamiento», basados en la imaginación y la visualización; por otro, los «experimentos prácticos», que implican una acción directa en la vida diaria. En ambos casos, Marco Aurelio se propone —y propone al lector— ejercicios destinados a ganar claridad y fortaleza interior.
Entre esas prácticas se encuentra el ejercicio de tomar perspectiva, ya sea contemplando la propia vida como si se observara desde lo alto o recordando lo insignificante que es la existencia humana dentro del conjunto del universo. También invita a reconocer que los acontecimientos se repiten una y otra vez en la historia, lo que ayuda a relativizar dramas personales. Otro recurso consiste en analizar las cosas en su pura materialidad, despojándolas de la apariencia que las hace deslumbrantes o temibles. A ello se suma imaginar escenarios adversos para prepararse mentalmente, centrarse plenamente en el presente, apoyarse en máximas filosóficas que orienten la conducta, vigilar pensamientos y palabras y, finalmente, practicar un examen de conciencia regular para revisar nuestras propias acciones.
