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Epicteto, filósofo del año 55, lo adelantó: «Solo hay un camino a la felicidad y es no preocuparse por lo que está fuera de tu voluntad»

Aprender a distinguir lo que depende de nosotros de lo que no nos abre la puerta a la libertad y la serenidad

Epicteto, filósofo del año 55, lo adelantó: «Solo hay un camino a la felicidad y es no preocuparse por lo que está fuera de tu voluntad»

Filosofía Estoica | Canva pro

Hoy en día, la búsqueda de la felicidad parece una obsesión constante: artículos, podcasts y redes sociales nos recuerdan que debemos ser felices «sí o sí». Sin embargo, muchas veces confundimos la felicidad con momentos fugaces de alegría, y al no alcanzarla por completo, sentimos un anhelo persistente, que hace cuestionarnos todo de nuevo.

La filosofía estoica ofrece otra perspectiva, mucho más profunda y duradera. Y es que Epicteto, nacido en el año 55 en Hierápolis, uno de sus máximos referentes, vivió la adversidad en carne propia: fue esclavo en Roma y, pese a sus limitaciones, desarrolló enseñanzas sobre cómo alcanzar la libertad interior y la serenidad. Aunque nunca escribió sus textos, su discípulo Flavio Arriano recopiló sus discursos, permitiendo que sus ideas sobre la verdadera felicidad sigan vigentes más de dos mil años después.

Este es el concepto de felicidad, según Epicteto

Epicteto, uno de los grandes referentes del estoicismo, nos propone una visión de la felicidad muy distinta a la búsqueda constante de placer o de logros externos que caracteriza a nuestra época. Para él, alcanzar la serenidad y la plenitud no depende de la suerte ni de lo que nos rodea, sino del entrenamiento de la mente y de la práctica consciente de la virtud. Su filosofía se organiza en tres ramas que funcionan como herramientas para entender y vivir la vida:

Epicteto, nacido en el año 55 en Hierápolis
  • Lógica: esta rama permite comprender cómo funciona la mente y cómo interpretamos los acontecimientos que nos rodean. Según Epicteto, no son los eventos en sí los que nos perturban, sino nuestros juicios sobre ellos. Aprender a pensar de manera clara y ordenada es el primer paso para liberarse de las emociones que nos esclavizan y acercarse a la felicidad.
  • Física: más allá del estudio de la naturaleza en sentido científico, la física estoica se ocupa de entender nuestro lugar en el mundo y cómo encajamos en el orden de la vida. Reconocer que hay fuerzas externas que escapan a nuestro control nos enseña a aceptar la realidad tal como es, en lugar de luchar contra ella, reduciendo así la frustración y el sufrimiento innecesario.
  • Ética: la ética es el corazón de la filosofía de Epicteto. Se centra en la práctica de la virtud y en cómo vivir una vida buena y significativa. Según él, la verdadera felicidad, la eudaimonía, surge cuando distinguimos entre lo que depende de nosotros y lo que no, y entrenamos nuestra mente para actuar correctamente sobre aquello que sí podemos controlar. La ética estoica convierte la sabiduría en acción cotidiana, transformando la teoría en hábitos que nos acercan a la libertad interior y la paz mental.

En conjunto, estas tres ramas ofrecen un camino completo hacia la eudaimonía (felicidad): la lógica organiza la mente, la física nos enseña a aceptar la realidad, y la ética guía nuestras acciones hacia la virtud. Para Epicteto, la felicidad no es un capricho ni un estado pasajero, sino un proceso consciente de autogobierno, aceptación y armonía con el mundo que nos rodea.

Lo que necesitas saber para ser feliz

Para Epicteto, según el libro sobre sus discursos, Enquiridión, los humanos no somos perturbados por las cosas externas, sino por nuestra interpretación de ellas. El sufrimiento no surge de los eventos en sí, sino de la opinión que tenemos sobre ellos. De esta manera, la felicidad depende de tres herramientas esenciales que están siempre a nuestro alcance: nuestra voluntad, nuestras ideas sobre los eventos y la manera en que utilizamos esas ideas.

El filósofo resumía su enseñanza con claridad: «Solo hay un camino a la felicidad y es no preocuparse por lo que está fuera de tu voluntad». Comprender qué depende de nosotros y qué no nos permite dejar de luchar contra lo inevitable y centrar nuestra energía en lo que realmente podemos cambiar. Esta idea, que hoy se considera un principio fundamental de la psicología moderna y del mindfulness, ya estaba formulada hace siglos por este filósofo.

Libertad de pensamientos

A día de hoy, personas como Jon Kabat-Zinn, creador del programa MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction), ha incorporado esta visión de manera práctica y científica. Aunque su enfoque se nutre en gran medida del budismo, la aceptación radical que promueve refleja claramente la enseñanza estoica: aprender a aceptar lo que no podemos controlar. La esencia de su mensaje se resume en su famosa frase: «No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear», un espejo moderno de la sabiduría de Epicteto.

La práctica de aceptar y desear como sucede

Una de las frases más célebres de Epicteto resume su visión de la vida: «No pretendas que las cosas sucedan como tú quieres; desea que sucedan como suceden y serás feliz». Con esta enseñanza, el filósofo griego invitaba a abandonar la resistencia frente a la realidad y a entrenar la mente para recibir la vida con serenidad. No es lo que ocurre lo que determina nuestro bienestar, sino cómo reaccionamos ante ello.

Epicteto también insistía en la relación entre deseo y felicidad, señalando que no pueden coexistir. Mientras mantengamos deseos desordenados o expectativas irreales, la mente permanece en conflicto, atrapada en la frustración y la ansiedad. La felicidad, según él, surge cuando deseamos conforme a la naturaleza de los acontecimientos y aceptamos la vida tal como es, sin imponernos luchas innecesarias.

Un legado que sigue vigente

Aunque Epicteto vivió hace casi dos mil años, sus enseñanzas han trascendido el tiempo y siguen inspirando a quienes buscan una vida más consciente y plena. La filosofía estoica nos recuerda que la verdadera libertad no consiste en controlar lo que nos rodea, sino en dominar nuestra mente y nuestras reacciones. La eudaimonía, en su concepción, es un estado alcanzable para cualquier persona dispuesta a entrenar su voluntad y sus ideas, dejando de preocuparse por lo que escapa a su control.

En un mundo marcado por la incertidumbre y la velocidad, las palabras de Epicteto resuenan con fuerza: la felicidad no es un premio externo, sino la consecuencia de vivir con claridad, aceptación y autodominio. Aprender a distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no, a desear conforme a la realidad y a gobernar nuestras emociones, constituye un camino hacia la serenidad que ningún evento externo puede arrebatarnos. Para quedarnos con la lección del filósofo de Hierápolis; la felicidad comienza en la mente, y la mente es siempre nuestra.

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