The Objective
Lifestyle

Marian Rojas (42), psiquiatra: «Cuando vives intentando agradar, controlar y no fallar nunca, el cuerpo entra en alerta constante»

Este enfoque propone un cambio profundo en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás

Marian Rojas (42), psiquiatra: «Cuando vives intentando agradar, controlar y no fallar nunca, el cuerpo entra en alerta constante»

Marian Rojas | Instagram

Marian Rojas, psiquiatra, autora de varios libros y una de las grandes divulgadoras sobre bienestar en España y Latinoamérica, advierte que vivimos en una era donde el perfeccionismo se confunde con eficiencia, disciplina o éxito. Sin embargo, detrás de la necesidad de hacerlo todo «bien» puede esconderse una búsqueda constante de validación.

«Cuando vivís intentando agradar, controlar y no fallar nunca, el cuerpo entra en alerta constante», explica Rojas, «y libera cortisol. Y eso agota la mente, el cuerpo y la emoción». Su diagnóstico no solo apunta a la salud mental, sino a la fisiología: el perfeccionismo constante activa un mecanismo de estrés que termina desgastando a quien lo practica.

El mayor error de la felicidad

El error común es pensar que la autoexigencia intensa siempre nace del deseo de superación o de hacer las cosas mejor. Rojas subraya que muchas veces la raíz es distinta: «Muchas veces busca ser validado». Esa validación puede venir de los jefes, de los colegas, de la familia o de la sociedad en general, y se traduce en una presión interna que nunca se detiene. La profesional destaca que este patrón genera un ciclo peligroso: cuanto más se intenta cumplir con expectativas externas, más agotador se vuelve el proceso y más se profundiza la sensación de insuficiencia.

El cuerpo responde al perfeccionismo como si estuviera en peligro constante. El cortisol, hormona liberada ante situaciones de estrés, provoca desde insomnio y fatiga hasta ansiedad y problemas digestivos. «Cuando vivís intentando agradar, controlar y no fallar nunca, el cuerpo entra en alerta constante», insiste Rojas, y añade: «Y libera cortisol. Y eso agota la mente, el cuerpo y la emoción».

Perfeccionismo

La psiquiatra enfatiza que la mente y el cuerpo no pueden sostener esta tensión indefinidamente. Con el tiempo, la sensación de estar siempre al límite se vuelve crónica, generando desgaste emocional y físico que a menudo se interpreta erróneamente como debilidad o falta de disciplina.

Aprender a soltar la exigencia

Según Rojas, la solución no está en ignorar la responsabilidad ni dejar de esforzarse, sino en aprender a soltar la autoexigencia. «Aprender a soltar la exigencia es una forma de cuidaros», afirma. Esto implica reconocer que la valía personal no depende de cumplir a la perfección cada tarea, ni de evitar errores a toda costa. Es un proceso de ajuste mental y emocional que permite diferenciar entre lo que realmente es importante y lo que solo alimenta la ansiedad.

El camino hacia la calma, asegura la psiquiatra, no reside en la perfección. «Porque la calma no nace de hacerlo todo perfecto, sino de aceptar que sois suficientes», puntualiza. Aceptarse implica permitirse equivocarse, delegar, pedir ayuda y valorar los logros sin necesidad de compararse constantemente. Esta aceptación es un antídoto contra la fatiga crónica que genera el perfeccionismo y un paso esencial para mantener el equilibrio mental y físico.

Validación versus autenticidad

Rojas también distingue entre buscar aprobación y vivir de forma auténtica. El perfeccionismo motivado por la validación externa convierte cada acción en una prueba de aceptación social, mientras que la autenticidad permite trabajar, crear y relacionarse desde la libertad de no tener que demostrar nada constantemente. «Muchas veces busca ser validado», repite, y recuerda que esta búsqueda puede ser inconsciente, enraizada en la infancia o en patrones familiares que valoran la obediencia y el éxito visible por encima del bienestar interior.

Reconocer estos patrones es el primer paso para intervenirlos. La psiquiatra recomienda ejercicios de autoobservación, pausas conscientes y establecer límites claros entre lo que uno puede controlar y lo que no. Estas prácticas ayudan a desactivar la alarma interna que mantiene al cuerpo en estado de alerta y reducen el estrés acumulado.

Hacia una relación más sana con uno mismo

En última instancia, Marian Rojas plantea que la salud mental no se logra acumulando logros perfectos, sino cultivando aceptación, conciencia y cuidado propio. Aprender a relajarse, decir «no» cuando es necesario y celebrar los errores como parte del aprendizaje son estrategias que permiten reducir la presión interna y vivir con mayor bienestar.

El mensaje de Rojas es claro: la búsqueda de perfección no es sinónimo de éxito ni de felicidad, y mucho menos de bienestar. Cuidarse implica reconocer que la suficiencia personal no depende de cumplir expectativas externas y que la verdadera calma surge de permitirse ser humano, con todas sus imperfecciones. «Cuando vivís intentando agradar, controlar y no fallar nunca, el cuerpo entra en alerta constante», concluye, y recuerda que soltar la exigencia no es un lujo, sino un acto de salud integral.

Publicidad