Robert Waldinger (74), psiquiatra, sobre ser feliz: «Una vez cubiertas las necesidades básicas, la riqueza no influye»
Lleva décadas estudiando la felicidad. Su conclusión: los vínculos sociales son clave para vivir mejor y más

El psiquiatra Robert Waldinger. | ©Robert Waldinger MD.
La felicidad es, quizá, la única obsesión humana que se resiste a tener dueño. Desde que existe conciencia de uno mismo, el ser humano ha buscado recetas, fórmulas y atajos para alcanzar ese estado esquivo que algunos filósofos han considerado casi divino. No es solo una cuestión personal, sino también cultural: religiones, corrientes filosóficas y tradiciones de todo el mundo han intentado codificar qué significa vivir bien y, sobre todo, vivir feliz. La paradoja es que, cuanto más se teoriza sobre ello, más parece alejarse una definición exacta y compartida, aunque todos, en algún momento, hayamos sentido que sabíamos perfectamente de qué se trata.
Lo curioso es que este afán por comprender la felicidad no ha disminuido con el tiempo, sino todo lo contrario. Cada generación reformula la pregunta con nuevas herramientas: primero fue la filosofía, luego la religión, después la psicología y hoy también la neurociencia. Todos los enfoques apuntan hacia el mismo horizonte, aunque no siempre coincidan en el camino. Entre tantas voces, llama la atención que los hallazgos más sólidos, los que cuentan con décadas de datos empíricos detrás, no sean especialmente sorprendentes. Son, más bien, una confirmación de lo que ya intuíamos pero tendemos a olvidar en el ritmo acelerado de la vida cotidiana.
Uno de los investigadores que mejor encarna esa síntesis entre rigor científico e intuición vital es el psiquiatra y filósofo estadounidense Robert Waldinger. Su trabajo no parte de especulaciones ni de tendencias pasajeras, sino de uno de los estudios longitudinales más extensos de la historia. Sus reflexiones sobre qué nos hace felices han resonado en medios de todo el mundo, y su mensaje es, a la vez, profundamente humano y respaldado por la evidencia.
Robert Waldinger, una vida dedicada a estudiar la felicidad
Quizá para el público hispanoparlante Robert Waldinger no sea una figura muy conocida, pero sí lo es en el ámbito anglosajón, especialmente en Estados Unidos. Waldinger es psiquiatra, profesor en la Facultad de Medicina de Harvard y director del Estudio sobre el Desarrollo Adulto de esa misma universidad, considerado el estudio longitudinal sobre la felicidad más largo del mundo. Pero su perfil no se agota ahí. También es maestro de meditación zen, lo que le otorga una perspectiva singular, capaz de tender puentes entre la ciencia y la contemplacºión. Su libro Una buena vida, escrito junto al psicólogo Marc Schulz, recoge décadas de investigación y se ha convertido en una referencia obligada para quienes se interesan por el bienestar emocional y la salud mental.
Su trayectoria académica comenzó en Harvard, donde se formó y donde lleva décadas trabajando. Waldinger heredó la dirección del Estudio sobre el Desarrollo Adulto en 2003, cuando ya llevaba más de sesenta años en marcha. Este proyecto, iniciado en 1938, ha seguido a las mismas personas durante toda su vida adulta: primero fueron estudiantes de Harvard y jóvenes de los barrios más pobres de Boston, grupos de origen radicalmente distinto que fueron observados y entrevistados durante décadas. Después se incorporaron sus cónyuges e hijos, lo que ha permitido estudiar la felicidad con una perspectiva generacional única. Gracias a todo ello, Waldinger se ha convertido en uno de los especialistas más respetados del mundo en psicología del bienestar.
La felicidad, según Robert Waldinger, más cerca de lo que parece
A pesar de que la teoría sobre la felicidad llena bibliotecas enteras, su práctica resulta ser bastante más accesible. Waldinger lo explica con claridad cuando señala que hay dos descubrimientos que sobresalen por encima de todos los demás. El primero no sorprende especialmente: cuidar la salud física —hacer ejercicio, no abusar del alcohol, mantener hábitos saludables— está directamente relacionado con vivir más y con mayor bienestar. No es una novedad, pero tiene el valor de estar avalado por décadas de datos reales, no por suposiciones. Algo de lo que hemos hablado a menudo en THE OBJECTIVE.
Sin embargo, dentro de los trabajos de Waldinger, cabe también reflexionar sobre su perfil como maestro zen y, sobre todo, acerca de las conclusiones del estudio que lleva a cabo dentro de Harvard. En él, por ejemplo, se plantean muchas preguntas de elementos que, a priori, van a ser garantía de felicidad en nuestra vida. O, incluso, de longevidad, y de cómo ésta afecta a nuestro desempeño vital.
Cuando el dinero no lo es todo
«Una vez cubiertas las necesidades básicas, la riqueza no influye», explicaba Waldinger acerca de ese mantra entre dinero y éxito frente a felicidad. A su parecer, tras comprobar los trabajos realizados, insistía en que «las relaciones con amigos o la pareja son fundamentales». Al punto de poder afirmar, insistía Waldinger, que «la gente con relaciones estrechas estaba protegida contra enfermedades crónicas y mentales y la pérdida de la memoria», incluso, cuenta, si «esas relaciones tuvieran altibajos».
El segundo hallazgo es, según Waldinger, el más revelador. «Las personas más sanas, felices y longevas eran las que mantenían relaciones cálidas y estrechas con otras personas», afirma. Esta conclusión, aparentemente obvia, tiene una dimensión que va más allá de lo emocional: las relaciones de calidad se traducen en beneficios fisiológicos mensurables. La soledad, en cambio, actúa como un factor de riesgo para la salud comparable al tabaquismo. Dicho de otro modo, según se recoge de las declaraciones del propio psiquiatra, lo que nos hace sociales nos fortalece también desde dentro, porque vínculos sólidos y salud integral no son dimensiones separadas, sino profundamente entrelazadas.
Esto cobra especial relevancia en un contexto social donde la soledad ha alcanzado dimensiones de problema de salud pública. Muchas personas priorizan el éxito profesional o la acumulación de bienes materiales en la creencia de que ahí reside la satisfacción duradera. No obstante, los datos del Estudio de Harvard apuntan en otra dirección. Para Robert Waldinger, la felicidad no es un estado que se consiga en soledad ni se compra con logros individuales. Opina que, emerge, sobre todo, de la calidad de los lazos que construimos y mantenemos a lo largo del tiempo. Ese es, quizá, el mensaje más poderoso que lleva décadas sosteniendo.
Cómo cultivar la felicidad cotidiana

Asumir que la felicidad depende en gran medida de nuestras relaciones y de nuestra salud no implica esperar a que todo encaje solo. Hay gestos concretos, sencillos y sostenibles que pueden marcar una diferencia real. Moverse más, dormir mejor y comer con criterio siguen siendo pilares básicos, pero tan importante como el cuerpo es el modo en que nos relacionamos. Ser más amables en los intercambios cotidianos, expresar gratitud con naturalidad y cultivar pequeños actos de reconocimiento hacia quienes nos rodean son formas de nutrir los vínculos que, según la ciencia, más contribuyen a nuestro bienestar.
Eso no significa caer en los mantras de cierta psicología positiva, donde la negación del malestar se disfraza de optimismo. Enfadarse, sentir tristeza o atravesar etapas difíciles forma parte de una vida plena; ignorarlo no lo elimina. La clave, más bien, está en aprender a encontrar lo valioso en lo ordinario sin exigirse una excelencia emocional que agote en lugar de nutrir. No se trata de alcanzar una felicidad perfecta, sino de practicarla cada día: en pequeñas elecciones, en conversaciones auténticas y en la disposición a estar presentes, tanto para los demás como para uno mismo.
