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Opinión

Luis Martín Santos

«Su estilo experimental y su compromiso con la denuncia social sentaron las bases para el desarrollo de la narrativa española contemporánea»

Luis Martín Santos

Imagen del escritor.

Se cumple el centenario del escritor Luis Martín Santos. A este gigante de las letras me une la memoria sentimental por lo escuchado en casa. Cada vez que el autor terminaba un capítulo de su novela magna, titulada “Tiempo de silencio”, se lo pasaba a mi padre para que le diera su opinión y le propusiese correcciones, así que me imagino a ambos jóvenes e ilusionados caminando por esa San Sebastián idílica que dejó de serlo hace 50 años para convertirse en una tumba que llenó el terrorismo y que luego ocuparon sus herederos, los mismo que ayudan al gobierno. Por fortuna el mal ha sido barrido de la ciudad por los muchos turistas que la recorren. El escritor formó parte de la dirección del PSOE en la primera clandestinidad, como un vasco que renegaba tanto del nacionalismo como del centralismo, lo que sería hoy en día un autonomista. Siempre fue un adelantado a su tiempo con la capacidad de mirar la realidad a través de un microscopio que, por fortuna, todo lo escudriñaba. Valgan estas líneas en recuerdo del escritor amigo de mi padre. 

Luis Martín Santos, médico, filósofo y literato, dejó una huella de titán en la narrativa europea con su innovadora y descarnada novela “Tiempo de Silencio”, publicada en 1962. Nacido en Larache, Marruecos español, en 1924, Martín Santos creció en un entorno marcado por los conflictos bélicos y la crisis social. Las experiencias tempraneras moldearon su perspectiva crítica y su deseo de cuestionar las estructuras establecidas tanto en su obra escrita como en su militancia política. Tras estudiar medicina en Valencia y Madrid, se sumergió en el mundo de la psiquiatría y la filosofía existencialista, disciplinas que influyeron en su obra literaria.

Su novela, considerada una obra maestra de la literatura de posguerra, narra las desventuras de Pedro, un investigador científico atrapado en la vorágine de la sociedad franquista. A través de su lente crítica, Martín-Santos expone las contradicciones y la hipocresía de un sistema opresivo, y la alienación y la soledad del individuo en un mundo deshumanizado. El escritor sin duda atizaría con la maestría de su prosa a las redes sociales.

Martín-Santos se aventura en técnicas vanguardistas: el fluir de la conciencia, los monólogos interiores y las rupturas temporales. Escribe una prosa poética y de las entrañas que desafía las convenciones literarias de su época y que se acerca en su medida al surrealismo de la generación del 27. Sumerge al lector en un universo de pensamientos, sensaciones y percepciones, capturando la angustia y la desorientación de los personajes, y su descubrimiento de que el norte en la vida es una quimera.

La estructura de la novela es innovadora y compleja, pues la buena novela, sobre todo, siempre es atmósfera y estructura. Pero más allá de la innovación formal, “Tiempo de Silencio” destaca por su cruda representación de la realidad social y política de la España de posguerra. Martín-Santos no escatima en retratar la miseria, la corrupción y la hipocresía que prevalecían en aquella época, exponiendo sin tapujos la cara más oscura de un régimen opresivo. Su mirada crítica se extiende a todas las esferas de la sociedad, desde la medicina hasta la iglesia, pasando por la burocracia y el mundo académico. Nada escapaba a la madeja del franquismo; el autor lo sabía y lo ponía en negro sobre blanco. A través de su prosa Martín-Santos abordaba temas universales: la soledad, la incomunicación y la búsqueda de sentido. Estos afluentes conductores se entrelazan con una denuncia social que cuestiona las instituciones y los valores impuestos por el franquismo. Por eso su novela parte de lo individual y llega a lo general al margen del código postal que se habite. 

La novela fue censurada y relegada al ostracismo por las autoridades franquistas, que veían en ella una amenaza. No fue hasta después de la muerte de Franco en 1975, durante la transición a la democracia, que la obra pudo ser apreciada en su justa medida, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia cultural y la libertad de expresión, algo a lo que ayudó mi padre, aunque el mérito, el esfuerzo y el trabajo de desempolvar la novela fue realizado por los hermanos del autor.

A medida que su influencia se extendía la novela ganó reconocimiento internacional y fue traducida a varios idiomas. Hoy en día, es considerada una de las novelas más importantes de la narrativa española de posguerra y un hito en la renovación de las técnicas narrativas europeas, cuya diferencia con las americanas es que aquí nos centramos en el tiempo y allí trabajan sobre el espacio.

Su estilo experimental y su compromiso con la denuncia social sentaron las bases para el desarrollo de la narrativa española contemporánea. La influencia de Martín Santos en las generaciones posteriores de escritores españoles ha sido duradera; Juan Marsé, Juan Goytisolo y Javier Marías han reconocido la deuda que tienen con el autor. 

El autor muere en 1964 debido a un accidente automovilístico, a la edad de 39 años. A esa edad ya había escrito su obra cumbre y la única que firmó por completo, pues “Tiempo de destrucción” es una novela póstuma corregida por su editor.

Además de su obra cumbre, Martín-Santos dejó un legado valioso en el campo de la psiquiatría y la filosofía. Sus estudios sobre la relación entre la mente y el cuerpo, así como sus reflexiones sobre la existencia humana marcaron un punto de inflexión en el pensamiento español del siglo pasado. Lean “Tiempo de silencio”. Les enseñará la consistencia, pese a todo, de lo humano.

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