The Objective
Hastío y estío

Sarah, Vito y los miembros fantasma del Gobierno

«Lo más irónico es que todo está grabado, y de todas formas Sarah Santaolalla fue a un centro médico a hacer el paripé»

Sarah, Vito y los miembros fantasma del Gobierno

Sarah Santaolalla. | Ignacio Lopez Isasmendi (Zuma Press)

Que España tiene un Gobierno de pandereta y vergüenza es algo que ya muchos sabíamos. Pero cada noticia que sale alrededor de lo que dicen y de lo que defienden, no solo los hace protagonistas de un sainete, algo que por lo menos sería divertido, sino directamente de una farsa donde se comportan como trileros. Son conocedores de la estafa, del engaño, pero aun así siguen hacia delante, sabedores de que les hemos cogido el truco. Nos faltan el respeto a la cara, nos niegan la evidencia de lo que han visto nuestros ojos como si gozaran de una imaginación a la altura de cómo manipulan los suyos. 

Una de las últimas «modificaciones de la realidad» tiene que ver nada más y nada menos que con tres miembros de este Gobierno. Concretamente, dos ministros: Félix Bolaños y Diana Morant, y el portavoz del Gobierno, Patxi López. Y todo para defender a la musa del progresismo español del siglo XXI. Ese faro que ilumina sus conciencias oscurecidas, así que ya pueden ver cómo de destrozadas pueden estar esas cabezas, y que responde al nombre de Sarah Santaolalla

Esa activista del buen gusto, del saber estar y, sobre todo, con un conocimiento profundo de lo que habla en los distintos espacios televisivos donde tiene a bien deleitarnos con su presencia, fue actriz protagonista, guionista y directora de un teatrillo tan cutre que solo podía salir de la cabeza de la referente de todas las chonis y poligoneras de este país. 

Sarah Santaolalla salía de un acto en el Senado donde fue invitada para participar. Esta frase que acaban de leer, queridos lectores, ya es de traca. El Senado se supone que es una cámara que nos representa a todos donde se discuten y tratan temas importantes por personas de una valía contrastada en cierta manera. Todo se entiende cuando quien organizó dicho acto fue el grupo socialista y el título era Bulos, desinformación y violencia digital en el marco de los actos conmemorativos por el próximo 8-M. 

La pantomima de ese acto debió ser de tal calibre que Sarah Santaolalla, una vez acabado ese teatrillo, seguía con el personaje una vez terminada la función. Fue ver la luz del sol y poner un pie fuera del Senado y que su actuación fuera merecedora de un Goya. Lástima que se celebraran el sábado pasado. Como ya he dicho, el título del acto era Bulos, desinformación y violencia digital, justo todo lo que llevó a cabo la «musa progre». Fue encontrarse con su «archienemigo» Vito Quiles, el reportero más dicharachero de este país, y que nuestra «Sarah de España» se viera dominada por el espíritu del título del acto y se convirtiera en la mejor «bulera», la que más desinformó después contando lo que le había sucedido y ejerciendo violencia digital, tanto ella como esos tres miembros del Gobierno socialista que habían organizado dicho acto. Ser los verdugos de los que se victimizan. 

Vito Quiles fue a ejercer su trabajo, y Sarah reaccionó haciendo el suyo. El esperpento, algo muy español, estaba perfectamente representado en la escena. Uno lo muestra, y la otra lo ejerce. Pero la que está deseando que Telecinco vuelva a emitir Mujeres, hombres y viceversa para cuando se le acabe el chollo de las tertulias, nos tenía preparada una sorpresa, en su caso previsible, pues en ella todo es más evidente que imaginativo o pensado. Vito quiso preguntarle, pero ella no quería responderle. Utilizó a algunos de sus palmeros para que no se le acercase. Uno de ellos, un hombre de gran sobrepeso que le dio un barrigazo a Vito Quiles para que dicho esperpento emocionase hasta a Valle Inclán. Santaolalla, que iba acompañada por la senadora socialista Rocío Briones, se quejó de que Vito le había agredido físicamente, cuando este no pudo acercarse en ningún momento a ella, y nunca a menos de dos metros. Lo más irónico es que todo está grabado, y de todas formas Sarah Santaolalla fue a un centro médico a hacer el paripé y le pusieran un cabestrillo, que según la foto o el vídeo cambiaba de brazo de manera mágica. En una de sus declaraciones al programa de Cuatro donde colabora, dijo que le dolían los pies por los pisotones de Vito Quiles, que debe tener unos pies y una talla de calzado que debe dejar en un hobbit a Pau Gasol. 

Pero aquí lo grave es que tres representantes del Gobierno den verosimilitud a algo que es falso a sabiendas, y que todo el mundo puede comprobarlo. Ver fantasmas donde no los hay, o serlo ellos. Un servidor se decanta por la segunda. Que dediquen más tiempo a escribir tuits defendiendo una falacia que a desarrollar correctamente sus trabajos. Que piensen que hacer política es denigrar a un periodista veinteañero. Que pongan más energías en esto que en limpiar sus conciencias. Uno que se «encama» con Bildu y pacta con ellos, cuando hay compañeros suyos en el cementerio. Otra que manipula de manera ruin lo acontecido con la dana en la Comunidad Valenciana y las responsabilidades políticas. Y el otro, intentando que la justicia sea una cosa que no incordie demasiado las oscuridades sanchistas y del partido. Si tratan de engañarnos con cosas tan pueriles por su importancia, y que todos podemos ver, ¿qué no harán cuando el beneficio sea jugoso y no haya testigos ni cámaras? Por si acaso, ya tienen preparado un nuevo conejo que sacar de la chistera. Eso sí, uno envejecido, con la dentadura atrofiada, y que las patas le dan para correr como un nonagenario. Al animal le han afeitado el pelo para hacerle un tatuaje que pone: «No a la guerra». 

Publicidad