Noelia, símbolo y síntoma
«El Estado no la protegió y su remedio es cooperar en su suicidio»

Noelia Castillo Ramos durante una entrevista en Antena 3.
El jueves a las seis de la tarde murió Noelia Castillo, 25 años, hija de una familia desestructurada, víctima de una violación múltiple que motivó dos intentos de suicidio, uno por ingesta de fármacos, otro por precipitación desde un quinto piso, de resultas del cual se quedó parapléjica y solicitó, hace dos años, acogerse a la ley de eutanasia.
Hace ya bastantes años, apenas llegado Zapatero a la Moncloa, una amiga mía, Begoña Candina, destacó durante una cena las tres prioridades de Gobierno que había adelantado el nuevo presidente (la ley del aborto, la eutanasia, que ZP no se atrevió y que dejó como tarea a Pedro Sánchez, y lo que luego sería la Ley de Memoria Histórica) y planteó al resto de la mesa: «¿Os habéis fijado en que en las preferencias de estos tíos suele haber siempre latente una pulsión de muerte?».
Otra cuestión añadida es que el socialismo realmente existente ha asumido como propia la tarea de exhumar a los muertos de la guerra civil. No habrá nadie en España que se oponga al derecho de cualquier español a recuperar los restos perdidos de su abuelo. El Estado debería colaborar en la tarea a petición de parte. Hay que señalar la excepción de los restos mortales de Franco, el único español a quien el Gobierno no deja reposar en el lugar que querían sus familiares. Sánchez marcó su vocación aquel día en que se vistió de forense y posó entre huesos en el Valle de los Caídos para conocer de primera mano los trabajos de exhumación de 160 víctimas del franquismo reclamadas por sus familias. Era el 4 de abril de 2024 y Sánchez ignoraba el prudente consejo de Rafael Azcona en un título de novela: «Los muertos no se tocan, nene».
La cuestión planteada por mi amiga era cierta. Uno estaba de acuerdo con la ley de los tres supuestos que había elaborado y hecho aprobar un Gobierno de Felipe González. Se trataba de despenalizar, no de elevar el aborto a la categoría de derecho, como hizo después el PSOE, enmendándose a sí mismo y acariciando el estúpido eslogan que se pintaban las activistas de Femen en las tetas: «El aborto es sagrado», convirtiendo el derecho en sacramento. Muy cerca de ellas, Sánchez quiere constitucionalizar el asunto, plasmar en la Constitución el derecho de toda mujer al aborto. De momento está contemplado en la Ley Orgánica 2/2019 de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, donde se exime a las niñas a partir de los 16 (mujeres de 16 años se las llama en la ley) de pedir permiso en casa para abortar. ¿Saben cuántas veces se repite en el texto de la ley la palabra ‘derecho’? 131. O sea, que una chica de 16, no puede comprar lotería, ni alcohol, ni tabaco, pero puede abortar sin decírselo a mamá.
Muerte digna o muerte dulce se llama a la eutanasia, sin tener en cuenta lo que ya advirtió en 2017 el entonces diputado de Ciudadanos Francisco Igea: «La dignidad no está en morir, sino en cómo vivir», y otra cuestión elemental, muerte dulce, ese eufemismo, es solo un lance del mus.
Total, que Noelia Castillo tenía de resultas de su intento de suicidio y su paraplejia grandes dolores y depresiones sin cuento, lo que la llevó a solicitar que le fuese aplicada la eutanasia. Y esta es la paradoja principal de la historia. Una muchacha que fue violada cuando era tutelada en un centro de acogida de titularidad pública, no se vio protegida por las instituciones. El Estado no la protegió y su remedio es cooperar en su suicidio. No lo hagas tú, que lo haces mal. Déjalo en manos de profesionales. Ella era una de tantas, son decenas y decenas, quizá centenares de muchachas abusadas y prostituidas en esos centros. Las denuncias son solo la punta del iceberg que oculta la mayor parte de los casos debajo del agua.
Para completar el cuadro, la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) publicó un estudio entre los años 2008 y 2018 en el que se cuantifican los casos de abusos a menores con un crecimiento notable a lo largo de la década: en los primeros años el ritmo de crecimiento es del 8,4% anual, mientras en el lustro comprendido entre 2013 y 2018 es del 20,5%. En la década citada el número de casos se ha triplicado, de 273 a 1.038. Hay que señalar otro dato que ofrece la Fundación ANAR: el Gobierno y sus socios han rechazado investigar el 99,8% de los casos de abusos sexuales. ¿Y qué pasa con el 0,2% que sí consideran digno de investigación? Pues que es el porcentaje de abusos del que se considera autores a sacerdotes.
«Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh, muerte, ¿dónde está tu aguijón?», preguntaba retóricamente San Pablo en su carta a los corintios. Ambos están en la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, tan gozosamente aprobada en aquel marzo del 21 en el Congreso de los Diputados con extraordinarias muestras de júbilo de los votantes.
Aparte de eso, esta pobre chica se ha convertido, ya más allá de la tierra, en un símbolo y un síntoma de esta España desdichada en un tiempo enloquecido.
