Cristina Fallarás, la única mujer mentirosa
«Hombre español es para ellas una definición de lo que llaman ‘machirulo’, seres con una testosterona desmedida»

La periodista y escritora Cristina Fallarás. | EP
Qué pena tener que escribir de una paisana y no tener que hacerlo para bien. Una maña que quiere imponer con una fuerza embrutecida y nada razonada unas ideas que buscan la confrontación, y con ello separarnos en unos bandos donde ella se beneficia de ser una de las cabecillas del suyo colaborando en medios que le compran su mercancía averiada.
Cristina Fallarás vuelve a estar de actualidad porque ha sido entrevistada en el canal de youtube «El sentido de la birra». Ella quiere ejercer de Agustina de Aragón del movimiento feminista en España. Nos pinta a los hombres como si fuéramos esos gabachos liderados por Napoleón que intentaron por la fuerza conquistar nuestro territorio. España tiene nombre de mujer, se feminiza por su terminación en «a», aunque a estas feministas de esta última ola todo lo relacionado con lo patriótico o español les provoca urticaria. Hombre español es para ellas una definición abreviada de lo que llaman «machirulo», seres con una testosterona desmedida y tóxica. Ser hombre y sentirse español es de un salvajismo insuperable. La mujer de Francisco Umbral se llama España, y a un servidor le sorprende como todavía este movimiento feminista no le ha pedido que se cambie de nombre y pida perdón por no haberlo hecho antes, y por casarse en su momento con semejante machista a los ojos censores de estas.
Cristina Fallarás dijo muchas tonterías en esa entrevista movida por su odio e inquina a los hombres, no a algunos hombres. A mi paisana le gusta generalizar, aunque sería más correcto decir totalizar. No le gusta andarse con medias tintas. Ella la expulsa toda. Los calamares expulsan tinta como mecanismo de defensa cuando se sienten amenazados o quieren atacar. Cristina Fallarás hace lo mismo, pero llenándolo todo de un chapapote y una bilis igual de negra. La zaragozana dijo que las mujeres nunca mienten. O ella no es una mujer, o es la primera que lo hace quitándole esa virtud al sexo femenino. Las mujeres mienten al igual que lo hacemos los hombres. Los humanos no somos precisamente seres de luz, sino de oscuridades y destellos. Ella dirá que se refería a que ninguna mujer miente a la hora de poner una denuncia a un hombre por malos tratos, agresión sexual o delitos de índole parecida. Dijo que no existían las denuncias falsas y que no sabe quién es Soto Ivars, autor de un libro titulado ‘Esto no existe’. Le pueden contestar los muchos miles que han comprado ese libro demostrando que esa problemática es evidente que se produce. Muchos tenemos cerca un abogado o víctima para corroborarlo. «Las mujeres no mienten, así que no tengo nada que verificar», dijo, sin ponerse ni medio colorada y a juego con su cabello.
Esto no significa que los hombres neguemos la violencia ejercida por algunos sobre las mujeres. Varones que asesinan, violan o ejercen una violencia física o psicológica sobre sus parejas femeninas. Es una lacra que nos asquea, pero que ejerce la inmensa minoría de los hombres. A esta última ola del feminismo se le llena la boca con que ese término significa la igualdad real entre hombres y mujeres, cuando lo que busca es denigrar y pisotear a los varones desde el desprecio más evidente. Mi paisana quiso dejarlo bastante claro cuando Ricardo Moya, el entrevistador, le preguntó que al igual que estaba informada sobre todas las problemáticas que sufren las mujeres, si también lo estaba sobre las que más acuciaban a los hombres. «Yo de los problemas que han tenido o tienen los hombres no tengo ni idea», demostrando que esa presunta igualdad que se busca no es cierta, y lo que se quiere es privilegiar a la mujer sobre el hombre, tratándola como si fuera una disminuida. Lo dijo con un desprecio donde dejaba patente que el sufrimiento masculino le importaba lo mismo que a un servidor saber el tiempo que hará mañana en Estocolmo.
Y es que para la señora Fallarás lo que ella desconoce, o no existe, o no tiene importancia. Que los hombres sufran más la adicción a las drogas, que se suiciden mucho más, que más del noventa por ciento de las personas sin hogar sean varones, son problemáticas que a los ojos de la maña se convierten en una nebulosa sin fin. Que cada palo aguante su vela cuando el problema lo sufre el hombre, pero hacer una cuestión de Estado de la que sacar rédito cuando sea femenino. Beneficiarse de una guerra de sexos que solo azuzan y avivan su fuego mujeres como Fallarás. La primera mujer que miente según sus propias declaraciones. La pionera y la única acogiéndonos a sus palabras. «La única mujer mentirosa» puede ser un buen título para cuando quiera escribir su autobiografía. Y es que antes de ejercer como referente del hembrismo, lo hizo como escritora, una forma de vida más noble donde solo te equivocas por escrito.
