Garrido-Lestache: «El DNI neonatal protege a los niños, pero ningún hospital lo lleva a cabo»
El veterano pediatra lucha por que las maternidades identifiquen a los recién nacidos con las huellas dactilares
El pediatra Antonio Garrido-Lestache ha peleado durante tres décadas por conseguir que a todos los recién nacidos se les identifique con la huella dactilar y con un DNI. Y a punto de cumplir los 95 años, sigue dando la batalla. Llega a la entrevista cargado de documentos con sus penúltimas gestiones. Pero las maternidades siguen sin aplicar un sistema fiable de verificación de los bebés, y eso a pesar de que está estipulado por ley. «O se realizan en el momento de nacer o no hay seguridad absoluta. Lo ideal sería crear un servicio especializado en los hospitales que acometa estas tareas, lo que evitaría cambios de bebés. Y no sólo. El DNI infantil permitiría que todos los niños estuvieran protegidos, esto es de vital importancia en los países en guerra».
El método de identificación es sencillo: se trata de tomar las huellas dactilares en el momento del parto (de los dedos índice y medio del bebé, y del índice y el pulgar de la madre) e integrar esos datos en la declaración de nacimiento del Registro Civil. Las huellas dactilares se forman a los 120 días de vida intrauterina y persisten hasta la desintegración de los tejidos. ¿Cómo se consigue tomar las de un neonato? «Volviendo al niño hacia abajo, de manera que extiende la mano casi de forma natural, lo que facilita que se plasme la huella».
El pediatra guarda más de 6.000 copias de DNI infantiles con las huellas dactilares, aprobadas por la policía científica, que ha presentado en congresos internacionales. Sin embargo, aquí se ha topado con dudas, trabas y rechazo, por los gastos que supondría, y por la desidia burocrática.
Curtido como jefe del Servicio de Recién Nacidos y Prematuros de la Maternidad Municipal de Madrid y pediatra en su consulta privada, a Garrido-Lestache le saltaron las alarmas precisamente durante su paso por la Maternidad Municipal. Hasta que se popularizaron los nidos, las madres no se separaban del bebé pero se impuso la moda, llegada de Estados Unidos, de dejarlos juntos en una sala. «Todos vestiditos igual, identificados con un papelito o una pulserita que, a veces, acababa en el suelo. Pensé que había que tomar medidas, los niños estaban desamparados», asegura.
Garrido-Lestache logró la primera impresión dactilar de un recién nacido en 1990, con el papel y una tinta adecuada. A continuación, divulgó por España y el extranjero la viabilidad del DNI infantil, al tiempo que denunciaba en la ONU el desamparo del niño con respecto al registro y la identificación. Una resolución de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó, el 20 de noviembre de 1989, a instancia suya, la Convención de los Derechos del Niño. Entró en vigor el 2 de septiembre de 1990 y fue ratificada por el Congreso de los Diputados en enero de 1991, por lo que se convirtió en Ley interna de España, que es uno de los países más avanzados en la legislación de identificación neonatal. Sin embargo, no se cumple.
«Un servicio de identificación en los hospitales evitaría los cambios de bebés»
En la actualidad, «las maternidades no usan ni el papel ni la tinta adecuados y el resultado final es una mancha ilegible que luego se lleva al Registro Civil. Se necesita crear un servicio de identificación en las maternidades con personal preparado, quizás, ahí resida el problema, aunque la enseñanza y el aprendizaje son muy sencillos y el coste es cero». La ley estipula la obligatoriedad de cumplimentar un DNI materno-filial y entregarlo a madre tras el parto, pero, denuncia, no se lleva a cabo en ningún hospital, ni público ni privado. Tampoco la Asociación Española de Pediatría, la sociedad de neonatología y demás sociedades científicas parecen preocupadas por el tema. Y no digamos los políticos. «Abrimos hospitales que presumen de la última tecnología contra todo tipo de enfermedades y, sin embargo, no se abordan cosas mínimas pero muy relevantes». A Garrido-Lestache le han llovido las descalificaciones, pero no han conseguido doblegarlo. «No puedo renunciar ahora», dice. Le resulta inconcebible que algo tan sencillo «tenga tantos obstáculos para su aplicación».
Hace apenas unas semanas, el pediatra fue contactado como especialista por una emisora canaria en relación con un nuevo intercambio de bebés. La denunciante, una mujer de 35 años, descubre, tras someterse a una prueba genética, que su ADN no se corresponde con el de sus padres. El intercambio debió de producirse en el Hospital General de Fuerteventura, donde nació.
Los cambios de bebés en los hospitales siguen ocupando esporádicamente las páginas de los periódicos. Basta echar un vistazo a la hemeroteca. Dos madres en Perú descubrieron, seis años después del nacimiento de sus hijos, que los intercambiaron al nacer. Y en Las Palmas de Gran Canaria, dos hermanas gemelas fueron separadas por error en un hospital. Se conocieron 28 años después, tras ser identificada una de ellas por una amiga de la otra de forma casual.
La identidad del recién nacido es seguramente el primer derecho de un ser humano. Para asegurar sus derechos dinásticos, los hijos de los nobles o los reyes llegaban al mundo en presencia de testigos. Garrido-Lestache recoge, en algunas de sus publicaciones dedicadas al tema, casos como el de María Antonieta, que dio a luz en Versalles ante numeroso público, y hasta 1936, que fue derogada la ley, las reinas de Inglaterra traían al mundo a sus vástagos delante del primer ministro.
«Abrimos hospitales de última tecnología y no se abordan cosas mínimas pero muy relevantes»
Garrido-Lestache cerró su consulta hace años pero sigue atendiendo niños si los padres se lo piden. Asiste a cuantos congresos y reuniones solicitan su presencia como experto. Allí donde no consigue una cita, envía cartas. Una de esas misivas fue enviada al embajador de Ucrania, en cuyo país han desaparecido miles de niños tras la ocupación por Rusia de algunas zonas. Quedó sin respuesta. Hace un par de años, participó, junto a otros expertos, en una Comisión Especial del Senado sobre la desaparición de niños. Los portavoces de los distintos partidos aplaudieron su presentación y denuncia. Sorprendentemente, se mostraron todos de acuerdo, había que conseguir la correcta identificación de los niños y que España fuera un referente en el mundo. Sucedió en abril de 2023, pero en mayo de 2023 se disolvieron las Cortes, y todo el trabajo de la comisión quedó en el olvido. No dio tiempo ni a elaborar las conclusiones. Otra batalla perdida.
Garrido-Lestache (Madrid, 1931), pertenece a una dinastía médica, repartida en diversas especialidades, pero ninguno de sus cinco hijos ha seguido sus pasos. Como niño de la guerra civil recuerda el incendio de una iglesia en el Madrid sitiado y cómo fue evacuado hasta tres veces, lo que, visto con el paso del tiempo, confirma su teoría: «Millones de niños que viven en zonas de conflicto en el mundo, aunque se encuentren inscritos pero no identificados, si pierden a sus padres perderán su identidad». La historia se repite en cada conflicto armado. Del total de bajas, un 80% puede corresponder a la población civil y dentro de la misma, la mitad sería población infantil. «¿Cuántos críos perdidos sin infancia y sin pasado? ¿Quiénes fueron sus padres? Pero los niños viajan con sus huellas dactilares. Si hubieran sido registradas en un archivo nacional o supranacional, podrían llegar a conocer sus raíces, su identidad y las familias podrían recuperar a sus hijos en cualquier momento».
Garrido-Lestache recuerda con cierta amargura cómo antecesores suyos muy ilustres sufrieron también la desidia de la profesión. El médico húngaro Ignaz Semmelwis pidió en una maternidad austriaca que médicos y matronas se lavaran las manos antes de una intervención para combatir la fiebre puerperal que provocaba en el siglo XIX la muerte de muchas parturientas, pero sus ideas fueron rechazadas y él acabó en un psiquiátrico. O el caso de Alexander Fleming, inventor en 1928 de la penicilina, el antibiótico más usado en todo el mundo, cuyo uso se extendió a partir de 1942 cuando la industria farmacéutica estadounidense empezó a producirla en masa y fue clave para el tratamiento de heridos durante la II Guerra Mundial. Y lo mismo con Fidel Pagés, el facultativo que inventó la anestesia epidural.
A sus casi 95 años, Garrido-Lestache mantiene una memoria prodigiosa. Tras la conversación, devuelve a su carpeta cartas y documentos que resumen parte de su lucha por conseguir el DNI infantil. Consulta el reloj, antes de abandonar la cafetería y parte en busca de una gestoría cercana para renovar el carnet de conducir.
