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Marca Cataluña

José Antonio Montano

Foto: Manu Fernandez
AP Photo

No sé si los nacionalistas catalanes son conscientes de cómo están arruinando la ‘marca’ Cataluña. Tampoco sé si les importa. Ellos van a lo suyo, en el sentido más cerril de la expresión: como buenos nacionalistas. (Y con un enemigo principal, que no son “los españoles”, sino los catalanes que no son nacionalistas).

Lo de la ‘Marca España’ tuvo su gracia. El temible nacionalismo español del PP se manifestó así: reduciendo los énfasis apoteósicos y metafísicos del “¡Arriba España!” o el “¡Una, Grande y Libre!” a un asunto civil, comercial; de producto que podría encontrarse en las estanterías del Corte Inglés. Era la constatación de que el patriotismo había pasado a ser algo menor, más asequible: un escohotadiano “amigo del comercio”. La idea principal, higieniquísima, es que a la patria hay que sacarle algún dinerillo.

A lo mejor eso es lo patriótico hoy en día. Y lo nacionalista lo contrario: empodrecer el producto. Esa parte fundamental de la Marca España que es Cataluña la están dejando podrida, invendible. Un perjuicio para ellos mismos –los nacionalistas– y para todos.

Mi generación, la de los que éramos niños en la Transición, se crio admirando a Cataluña. Se nos dio (en la enseñanza pública al menos) una visión no nacionalista y sí crítica de la historia de España. Y en esa visión estaba integrada Cataluña como el lugar de España por el que se salía a Europa y por el que entraba Europa…

Y ahora estos palurdos retrógrados, como salidos del pozo español.

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País Vasco y Cataluña lideran la venta de armas españolas

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

En 2016 España vendió armas al exterior por las que facturó 177,5 millones de euros. País Vasco y Cataluña, exportaron el 70% de todo el material calificado como “armas, municiones y sus partes y accesorios” durante ese año. Concretamente, País Vasco se encargó  del 44%, unos 85 millones de euros, y Cataluña un 26%, unos 45 millones de euros. La siguiente en el ranking, Madrid, exporta unos 15 millones. Así lo constatan los datos oficiales de las Cámaras de Comercio y Aduanas, dependientes de la Agencia Tributaria. Las exportaciones que recogen las instituciones mencionadas se refieren a armas largas, pistolas, granadas o minas, entre otros artefactos, y no incluyen barcos de guerra, componentes para aviones de combate o carros de combate blindados. Si a todo ello ello se le suman otros materiales de defensa, la cifra de ventas total en España asciende a 4.000 millones de euros, de los que 116, fueron a parar a Arabia Saudí, según un informe del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

No obstante, centrándonos única y exclusivamente en la venta de armas y munición y dejando de lado el resto de “material de defensa y doble uso”, este sector constituye una parte relevante de las exportaciones españolas. Los principales clientes de España en la venta de armas son: Estados Unidos (53,5 millones), Italia (16,6 millones), Reino Unido (16,5 millones), Irak (7 millones) y Portugal (6,5 millones).

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Exportación de armas de España en 2016 | Foto: elaboración propia

Los datos de exportaciones españolas son públicos y la Agencia Tributaria tiene una herramienta de búsqueda que permite ver qué productos se exportan a qué países, pudiendo obtener datos de comunidades autónomas y provincias. La venta de armamento en 2016 por el País Vasco y Cataluña queda de esta manera:

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País Vasco y Cataluña lideran la venta de armas de España
Exportaciones de armas del País Vasco y Cataluña durante 2016. | Foto: Agencia Tributaria

España es el séptimo país del mundo y el cuarto de Europa que más armas exporta, según el análisis de ‘Tendencias mundiales en las transferencias de armas’ que ha realizado el Instituto Internacional de Investigación por la Paz de Estocolmo (SIPRI). Los tres principales importadores de estas son: Australia (29%), Arabia Saudí (12%) y Turquía (8,7%).

A nivel global, India ostenta su liderazgo como primer importador armamentístico mundial, con el 13 % total y una subida del 43%, por delante de otros países asiáticos como Arabia Saudí (8,2 %), Emiratos Árabes Unidos (4,6%), y China (4,5%), y Argelia (3,7%) en quinto lugar. Según el mismo informe del SIPRI,  Arabia Saudí aumentó sus importaciones de armas un 212% respecto al periodo 2007-2011.

Ventas a Arabia Saudí

Aunque muchos medios han publicado que España facturó 116 millones de euros por vender armas a Arabia Saudí en 2016, no es correcto y merece una explicación detallada. España exportó a este país árabe “material de defensa y doble uso (puede ser utilizado también en el sector civil)”, que incluye el armamento, pero es mucho más amplio. Es decir, aquí se puede encontrar desde repuestos para aviones y barcos militares, hasta botas o calzado, o cristales blindados, entre muchos otros. De esos 116 millones facturados 2,26 son exclusivamente armas.

En la manifestación del pasado día 26 de agosto en Barcelona, de condena a los atentado de la Ciudad Condal y Cambrils, fueron numerosas las pancartas y las críticas contra la asistencia del rey Felipe VI y los acuerdos de venta de armas a Arabia Saudí por parte de España. Lo que no todos saben es que de los 2,26 millones de euros que nuestro país se embolsó con las exportaciones de armas a dicho país árabe en 2016 (116 si contamos todo el material de Defensa), 1,5 millones de euros fueron a parar a la industria armamentística catalana, un 66% del total, y 0,8 millones a la vasca, un 34% del total.

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Venta de armas de España a Arabia Saudí en 2016 | Foto: elaboración propia

El 100% de las armas y sus municiones españolas vendidas a Arabia Saudí vienen del País Vasco y Cataluña; o lo que es lo mismo, dos de cada tres armas españolas en este país del Golfo Pérsico salen de Cataluña y la restante sale del País Vasco.

España y Arabia Saudí firmaron en 2016 un acuerdo de cooperación en Defensa, aunque no se ha publicado en el BOE hasta septiembre de 2017. El acuerdo, que entró en vigor el pasado 25 de agosto, establece una protección mutua de información clasificada en el ámbito de la Defensa durante los próximos cinco años, aunque puede ser prorrogado por periodos consecutivos de un año, a menos que una de las partes rompa el acuerdo y pretenda denunciarlo. El documento ha sido firmado por el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, y el ayudante del Ministerio de Defensa saudí, Mohamed ben Abdullah Alaiesh.

Regulación de las exportaciones

Técnicamente, la venta de armas en España está estrictamente regulada por la ley española sobre comercio de armas (Ley 53/2007), que cumple 10 años. Uno de sus objetivos es evitar las transferencias de armas españolas que puedan ser utilizadas para cometer atrocidades.

La Junta Interministerial Reguladora del Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso (JIMDDU), en la que están representados la mayoría de los ministerios, se reúne una vez al mes, excepto en agosto, y decide por mayoría sobre las solicitudes de autorización de exportación de armas.

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Granada de fabricación española en la feria de Defensa de Abu Dhabi 2017 (IDEX) | Foto: Rodrigo Isasi

Por su parte, el Tratado sobre el Comercio de Armas prohíbe, en su artículo 6, párrafo 3, las transferencias “si, en el momento de autorizar la exportación, tiene conocimiento que podrían utilizarse para cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad, infracciones graves de los Convenios de Ginebra de 1949, ataques dirigidos contra bienes de carácter civil o personas civiles protegidas como tales, u otros crímenes de guerra”.

El Gobierno, a través de la JIMDDU, analiza de manera completa cada operación de exportación a Arabia Saudí y a los países que forman la coalición de la Liga Árabe que está interviniendo en Yemen. Para ello tiene en cuenta los ocho criterios de la Posición Común 2008/944/PESC, de 8 de diciembre, por la que se definen las normas comunes que rigen el control de las exportaciones de tecnología y equipos militares, así como los criterios del Documento de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre armas pequeñas y armas ligeras.

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DOS HELICÓPTEROS ‘TIGRE’ DEL EJÉRCITO DE TIERRA DE ESPAÑA | FOTO: RODRIGO ISASI

En el estudio de las solicitudes se evalúa muy especialmente el cumplimiento en los países importadores de los criterios 1 (embargos), 2 (respeto de derechos humanos), 3 (situación interna), 4 (situación regional) y 7 (riesgo de desvío) de la citada Posición Común, no autorizándose ninguna operación en la que no se cumplan estrictamente estos criterios. “Cada solicitud de exportación que ha sido autorizada a Arabia Saudí y a los países de la Liga Árabe ha estado acompañada de garantías de uso final, de no empleo del producto o equipo exportado fuera del territorio del país de destino y de cláusulas de no reexportación”, se puede leer en una respuesta del Gobierno en el Senado a la oposición.

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Exhibición en la feria de Defensa de Abu Dhabi 2017 (IDEX) | Foto: Rodrigo Isasi

Críticas de las ONG

Varias organizaciones han denunciado que el armamento que nuestro país vende a Arabia Saudí, se acaba usando en la guerra que este país mantiene con Yemen desde 2015. Amnistía Internacional, Greenpeace, FundiPau y Oxfam Intermón, han presentado el informe “Armas sin control: Un oscuro negocio Marca España”criticando la transparencia en la venta de armas por parte de España.

La transparencia radica en la Ley de Secretos Oficiales, la Ley 9/1968, de 5 de abril. Su artículo 2 establece que “podrán ser declaradas materias clasificadas los asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado”. Las consideraciones de “materia clasificada” son competencia del Consejo de Ministros y de la Junta de Jefes de Estado Mayor, según el art. 4 de la Ley 48/1978, de 7 de octubre, por la que se modifica la Ley de 5 de abril de 1968, sobre Secretos Oficiales.

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Vértigo

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: ANDREA COMAS
Reuters/File

Fue una imagen triste. El Pleno del Congreso de los Diputados rechazó este martes una proposición no de ley para cerrar filas en la defensa del Estado de derecho. Algunos señalaron la inconveniencia de la iniciativa planteada por Ciudadanos, y otros reprocharon a los socialistas su falta de arrojo para votar con populares y naranjas. No es el cometido de este artículo analizar las razones de una y otra posturas políticas, sino extraer conclusiones de ese desafortunado desencuentro que parece haber debilitado la acción constitucionalista en su misión de frenar el desafío independentista.

La primera de ellas tiene que ver con el alcance geográfico del problema secesionista. Hace ya muchas semanas que constatamos con dolor que, pasara lo que pasara en Cataluña en las próximas fechas, aquella sociedad y sus instituciones quedarían fracturadas y enfrentadas por largo tiempo. Ahora, esa quiebra amenaza con extenderse también al Parlamento nacional. Es cierto que la división no ha llegado a las calles de España, donde los ciudadanos siguen los acontecimientos con una mezcla distancia y desafección, pero la votación del martes ha puesto de manifiesto hasta qué punto el procés ha mediatizado a la cámara legislativa. Es como si ese eje centro-periferia que lleva décadas condicionando las elecciones autonómicas catalanas se hubiera trasladado al Congreso, afectando a la estrategia, el juego de alianzas y el equilibrio de fuerzas políticas, quién sabe si de forma permanente.

La segunda conclusión sugiere un viraje en las filas de la oposición. Aquella alianza moderada que hizo posible un pacto de gobierno, después frustrado, entre PSOE y Ciudadanos hoy sería irrepetible. Ambos partidos parecen haber derivado en oposiciones mutuamente excluyentes, tendencia que aleja la posibilidad de una alternativa al PP que pivote sobre el centro del espectro ideológico. El retorno de Pedro Sánchez al frente de la dirección socialista ha supuesto un desplazamiento hacia posiciones más escoradas a la izquierda, en un intento por recuperar a los votantes que se marcharon a Podemos en las últimas citas electorales, y una reacción casi alérgica a cualquier contacto con la derecha.

Con todo, los flujos de votos que se produzcan entre PSOE y Podemos no alterarán de forma sustancial el peso neto de la izquierda nacional parlamentaria. Así, una vez escenificada la ruptura con sus antiguos socios naranjas, es posible que Sánchez busque el apoyo de las formaciones independentistas para plantear una moción de censura con opciones de prosperar. Es posible también que ese apoyo tenga lugar a cambio de respaldar un gobierno tripartito en unas hipotéticas elecciones autonómicas, presidido por ERC y con PSC y Catalunya sí que es pot como socios comprometidos con la celebración de un referéndum pactado.

Por su parte, Podemos constituye un elemento de inestabilidad parlamentaria, habida cuenta de su carácter antisistema o semileal al sistema, y de su capacidad para condicionar la acción política. La formación no pudo acometer el desborde popular al que aspiraba en las pasadas elecciones y ha perdido apoyo social en los últimos meses. Íñigo Errejón atribuyó los límites electorales del proyecto populista a la ausencia de una crisis orgánica en España. Es decir, el descontento político y social no consiguió deslegitimar las instituciones democráticas, que continuaron contando con el respaldo y el reconocimiento de la mayor parte de los ciudadanos.

En este sentido, Podemos parece haber descubierto en el procés una ventana de oportunidad para desencadenar la anhelada crisis del sistema, y a este propósito parecen encaminadas sus acciones en el conjunto de España. Al mismo tiempo, la formación morada espera que las arriesgadas maniobras emprendidas por Pedro Sánchez y Miquel Iceta terminen por propiciar la ruptura del PSOE. Algo de eso se vislumbró también el pasado martes, cuando varios diputados socialistas rompieron la disciplina de partido para abstenerse en la votación de la iniciativa de Ciudadanos.

En resumen, la votación del pasado martes nos deja la imagen de un bloque constitucionalista dividido que ha de hacer frente a un independentismo sin fisuras. Estas diferencias dan cuenta de que la cuestión nacionalista no ha conseguido difuminar los matices del discurso político de los grandes partidos, pero también evidencian que el eje centro-periferia se ha instalado en el Congreso y que va a debilitar la respuesta común que exige el reto secesionista. Hace unos meses, despedíamos con optimismo un bipartidismo de décadas para dar la bienvenida a un pluralismo que creíamos moderado. Sin embargo, los últimos acontecimientos nos hablan de polarización y crisis orgánica. Nos hemos instalado en el vértigo.

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Choque de trenes

Gregorio Luri

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Una parte de Cataluña, convencida de que representa a la Cataluña genuina, ha decidido crear una situación constituyente para dar forma de Estado a lo que tiene por patria. No soy tan ingenuo como para no saber que las naciones suelen cubrir sus orígenes con un velo púdico, porque así como la moralidad surge con frecuencia de la inmoralidad, la legalidad más de una vez ha nacido de la ilegalidad. No estamos viviendo el primer intento histórico de crear un momento constituyente. Léase a Kelsen o a Schmitt.

Todo momento constituyente es un acto de violencia fundadora que no necesariamente ha de ser sangriento, pero que inevitablemente deja heridas, porque pretende instaurar un nuevo orden jurídico fuera del marco jurídico existente, precisamente porque éste último no contempla otro momento constituyente legítimo que el que de su autoconstitución. Es una apelación a la fuerza de los hechos para romper, de facto, con el orden jurídico que hasta ese momento se había acatado; un intento de crear un contrapoder capaz de impugnar la legalidad imperante por medios no legales para fundar así una fuente legítima de derecho. Se pretende, en suma, imponer la voluntad sobre la legalidad mediante el recurso de presentar a la primera como “voluntad popular”.

En agosto del 2011 Jordi Pujol advirtió: “cal que passi alguna cosa, ni que sigui en forma de xoc de trens, en els anys immediats”. La profecía se ha cumplido. Pero en la Europa actual a nadie le gusta ser señalado como el responsable de un choque de trenes o, de lo que es lo mismo, de un momento constituyente. Por eso hay que presentar verosímilmente el encontronazo como un acto de justicia e incluso como un deber moral. No lo crítico. Lo constato. También constato la torpeza del Estado que, no solamente ha ido siempre detrás de los acontecimientos sino que se muestra incapaz de desarrollar un discurso retórico y simbólico que pueda enfrentarse al discurso independentista. Parece carecer de recursos ideológicos para hacerlo, quizás porque lo que llaman “régimen del 78” los hijos mimados del mismo, sólo supo desarrollar un argumento absurdo para desmontar ideológicamente el nacionalismo vasco y catalán: criticar el nacionalismo.

Pierre Vilar recordaba que mientras Menéndez Pelayo inventaba a “España como ideología”, Michelet, en Francia, se sacaba de la chistera a “Francia como persona”. Quizás por eso cuando hemos querido saber qué era España nos hemos perdido en enigmas, problemas y “vividuras”, mientras que Rovira i Virgili o Soldevila creaban una historia nacional en la que “Cataluña es una persona, no un problema”.

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Es la hora de los pelotas: carta abierta al lameculos ibérico

Lorena G. Maldonado

Los conocimos en el colegio y llevan subiéndose a nuestra chepa toda la vida, trepando las espaldas como monos tristes, mamando con pasión el genital del más fuerte, serviles y risueños hasta el empacho, perseverantes en la grima. Los pelotas nos rodean y habitan nuestras tierras, nuestros pupitres, nuestros recreos, nuestras familias y amistades, nuestras empresas e instituciones; beben en nuestros bares y a veces duermen en nuestras camas, que esto último ya manda cojones. Son legión y a ratos nos la pegan con su aura de insignificancia, pero no se dejen engañar: es por ellos que carbura el sistema, hijos hábiles del capitalismo, fáciles de detectar pero imposibles de cercar, porque nadie reconoce a las bravas su condición pelotuda.

Nos hemos vuelto permisivos con la masa pelota, nos ha acobardado su influjo. Fíjense que el niño juzga más al pelota que el adulto, porque el niño es digno y salvaje y reniega aún de adaptarse a las convenciones, de ceder ante las jerarquías. El chiquillo, que guarda litros de franqueza, señala al pelota y lo marca con una cicatriz invisible, certerísima, cada vez que adula al profesor, cada vez que suplica por estar en el equipo de fútbol del líder, cada vez que la magia de su talante le sube tres puntos las notas de final de curso.

El pelota, en realidad, es el mediocre motivado, el miembro social débil que ha entendido la ley natural: todos los depredadores comienzan devorando a su presa por el sexo, que para eso es la parte más blanda del cuerpo. Lo hacen los lobos, los osos, los cocodrilos y el intrépido pelota, abriendo bien los labios, salivando y succionando, devoto perdido. El pelota sabe también que hay que acariciar al caballo si uno quiere montarlo y lleva entrenándose en la hípica desde crío, despeñando muchas veces.

Es extenuante ser pelota, pero funciona. Porque el eslabón recio prefiere ascender a los seres vulgares antes que a los brillantes, no sea que le eclipsen. Con esta coñita encontramos al pelota siempre cerca del reino, incluso a veces, en un alarde de suerte, portando el cetro. Los pelotas secundan las guerras, como Aznar en Irak. Los pelotas son como las muñecas rusas: siempre hay uno más pequeño que tú destinado a sucederte. Miren que después del bigotes irrumpió Rajoy, pelota nuestro de cabecera, siempre obedeciendo no se sabe a qué mano negra con un ahínco envidiable. Porque el pelota no tiene ideología, sólo acata con rectitud, con tecnocracia, con la sonrisa servil de Pedro Sánchez -pelota converso, en rebelión después de tragar carros y carretas-.

En la izquierda hay pelotas excelsos. Pienso en Ada Colau, pelota traicionera del independentismo, al que le come la oreja a fin de recaudar votos pero no le da la parte del pastel que quiere, no sea que tenga que renunciar a sus 100.000 pavos anuales. “Vamos a hacer todo lo posible para que el que quiera, pueda votar en Barcelona el 1 de octubre”, dice, la simpática, mientras cierra filas para no cederle locales al referéndum.

Yo sé que en todos los oficios hay pelotas y que ustedes tendrán que lidiar con muchos de ellos, pero les digo que en la industria cultural el peloteo es como el oxígeno. Alguna vez he entrado a entrevistas en grupo y me he sonrojado al ver a algunos de mis compañeros aplicados en la genuflexión, con el “maestro” en la boca, con la reseña preconcebida, impermeables al espíritu crítico. El pelota es gloria bendita para la promoción, porque te teje hagiografías, como Bertín en su programa. Te pregunta por la infancia y mira, qué gustazo. Te dice que si estás ilusionado con este proyecto, que cuál fue el mayor reto de tu último trabajo. Ahí nadie falla.

Es todo lo contrario a “dignidad”, el pelota, pero es verdad que esa es una palabra vieja, y ay, qué dolor: practicable sólo desde el“no”, asequible sólo desde la renuncia. Muera el lameculos ibérico y resurja el niño íntegro con sus certezas dolorosas. Recuerdo cuando, no hace mucho, mi prima pequeña me dijo que estaba “muy fea” con un vestido. Me dejó noqueada: no saben qué alegría.

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