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La democracia no es eso que te contaron en el cole

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: RRSS

Iniciamos nuevo curso. Como tantos otros años, preguntaré a mis alumnos recién llegados a la universidad: “¿Qué significa que algo es una democracia?”. Como tantas otras veces, recibiré una respuesta mayoritaria: democracia es que las cosas se decidan votando. Alguna estudiante, más aplicada que el resto, mencionará que la democracia es un sistema que inventaron en la antigua Grecia: ¿no lo deja claro su nombre, griego? Y un año más tendré que explicarles a unos y a otra que se equivocan.

Que tantos estudiantes piensen así no es culpa de ellos, ni de los videojuegos, ni de los youtubers. Es culpa de un sistema educativo en que, a menudo, la única vez que se menciona la palabra democracia es el día en que hay que elegir delegado de curso: “¿Y cómo lo elegiremos?” “Pues democráticamente, votando”. Pero si la democracia fuera lo mismo que votar, excelente ejemplo de ella serían los concursos de Miss Universo o las competiciones de gimnasia artística. También serían democráticos, por cierto, sistemas políticos contra los que en realidad los demócratas lucharon.

La Alemania nazi convocó varias veces a su pueblo a las urnas. Para empezar, apenas un mes después de que Hitler llegara al gobierno, a inicios de 1934. Luego, a finales de ese mismo año. Otra vez en 1936. Otra, en 1938. También se votó para decidir si anexionarse Austria, cumpliendo así el sueño nacionalista de unir a todos los germanoparlantes en una misma nación. Hitler no parece, pues, alérgico a lo de los votos: no en vano había sido por dos veces el partido más votado en sendas elecciones democráticas (1932 y 1933), antes de acceder al poder.

La Italia de Mussolini votó asimismo repetidas veces (los fascistas no tenían motivos para rehuir las elecciones: vencieron en todas ellas). Igualmente ocurrió en dictaduras pasadas, como la portuguesa, o presentes, como la ecuatoguineana. De hecho, el International Institute for Democracy and Electoral Assistance registra desde 1945 unas 400 elecciones celebradas en regímenes no democráticos. Más cerca de nosotros, en la España de Franco se aprobaron mediante referéndum sus leyes principales (la Ley de Sucesión de 1947 y la Ley Orgánica del Estado en 1966) y se votaban regularmente concejales, representantes sindicales e incluso miembros de las Cortes.

Vinculada a este error de que la democracia sea idéntica a votar está la idea de que nuestras democracias surgieran hace más de dos mil años y lo hicieran en Grecia. Sí, es cierto que nuestro vocablo “democracia” proviene de mezclar dos términos helenos: “demos” (pueblo) y “krátos” (gobierno, poder). Pero hay que tener siempre mucho cuidado con las etimologías. La palabra española “cosmético” tiene el mismo origen griego que “cosmos”: pero eso no significa que si uno se aplica al cutis todas las cremas de una tienda de cosmética se convierta de pronto en un experto en cosmología a la par de Stephen Hawking. Rebuscando en las etimologías, Nietzsche detectó que la palabra “godos” se parece al término alemán para Dios (Gott); pero a pocos nos llevará eso a adorar a los germanos como nuevos dioses terrenales.

En realidad, lo que llamamos “democracia” se parece muy poco a lo que tenían (de vez en cuando) los griegos y mucho más a lo que inventaron unos cuantos filósofos durante la Ilustración. Eso es una buena noticia, en general, para todos los pensadores: fue lo que los griegos llamaban democracia lo que no vaciló en ejecutar a Sócrates, mientras que ninguna democracia moderna ha ajusticiado jamás a nadie por ponerse solo a filosofar. Y ese es uno de los motivos por los cuales, cuando se inventaron nuestras democracias en los siglos XVII-XVIII, se hizo principalmente para oponerse a cosas como la democracia griega. Basta con leer las filípicas contra ella que nos legaron Kant o los padres de la Constitución estadounidense.

¿Qué distingue nuestras democracias (y las de Locke, Jefferson o Montesquieu) con respecto a la griega? Curiosamente, el mejor modo de entender esto es un mito griego, el de Ulises y las sirenas. La historia es nota: sabedor nuestro héroe de que su nave bogaría cerca de una región repleta de sirenas, damiselas famosas no solo por su cola de pez, sino por la hermosura irresistible de su canto, el cual impulsaba a cuanto incauto marinero lo oyera a arrojarse por la borda en su busca, ideó una aguda estratagema para resistir parejas seducciones entre su tripulación. Obligó a todos a taponarse los oídos con cera. Pero, a la vez, ansioso por conocer las delicias de tal melodía, decidió ser el único en no seguir tal instrucción, no sin antes amarrarse al mástil con gruesa cuerda y con el mandato firme, a todos sus subordinados, que por más que les ordenara y suplicara que lo desataran, no le prestaran ningún caso mientras anduvieran cerca tan hechiceras mujeres. Y de este modo pudo en efecto conocer Ulises los acordes de las arrebatadoras sirenas sin caer en sus garras, y pasar a la historia con fama tan de astuto como de connoisseur de los deleites más excelsos.

Nuestras democracias bien podrían nombrar a Ulises su patrono oficial. Ellas también desean disfrutar de las ventajas del voto y de que la mayoría decida en buen número de asuntos comunes: es una música que les suena bien. Ahora bien, al igual que el héroe griego, nuestras democracias saben que la mayoría no es infalible y que a menudo los marineros de cualquier barco pueden incluso enloquecer. Nuestras democracias saben que la política a veces puede hacer mucho daño a mucha gente. Por eso la democracia moderna surge cuando se decide atar la política a dos mástiles bien firmes. Uno de ellos es una constitución; el otro, la declaración de que hay derechos que nadie (ni siquiera una mayoría embravecida) puede arrebatar a ningún individuo. Con esos dos frenos, la democracia se ha convertido en el sistema político más anhelado en nuestros días; sin ellos, volveríamos a los días en que cualquiera que mantuviera una opinión poco popular debería esconderla o esconderse de una masa que siempre tolera mal a cualquiera que le lleve la contraria.

Las constituciones obligan a que haya ciertas normas básicas que, aunque no son eternas, sí necesiten un acuerdo extremadamente amplio, con un debate no menos pausado y largo, para modificarse. Con ello evitamos los arrebatos de cualquier mayoría puntual, especialmente si nuestra embarcación atraviesa un momento de zozobra.

Las declaraciones de derechos son aún más antipáticas para los que crean que la democracia consiste solo en votar, votar y votar: de hecho, establecen unas cuantas verdades (como que todos tenemos derecho a expresarnos, o a tener la religión que queramos, o a desplazarnos libremente por nuestro país) por encima de lo que piense cualquier mayoría en cualquier votación. Nuestra democracia, por tanto, no surgió porque la gente creyera que cualquier cosa se podía decidir votando: al contrario, nació cuando se vio que las cosas que más nos importan (nuestra libertad, la igualdad de derechos, nuestra vida) son verdades absolutas que no dependen de lo que la masa diga o deje de decir. Y esas verdades tampoco dependen, por cierto, de cualquier tiranuelo, tan parecido en el fondo a una plebe irracional (la historia nos enseña que nada gusta más a un rebaño humano que elegir a algún lobo como su pastor vitalicio).

En tiempos en que muchos ya no creen que existan verdades, en que otros tantos están habituados a conseguir cuanto deseen mediante un mero clic en el ordenador, es duro recordar que la democracia se inventó precisamente para oponerse, en política, a una y otra idea. Pero nadie le prometió a Ulises que lo suyo fuera a ser un crucero de placer.

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El verano de Piglia

José Antonio Montano

Foto: JORGE SILVA
Reuters

No hay nada como tener un autor para un verano lector. Yo este verano he tenido a Piglia. Ha sido, para mí, el verano de Piglia.

Recuerdo otros veranos: el verano de Jünger (1991), el verano de Bernhard (2004). Ernst Jünger, con su fama de frío, me estuvo calentando después todo el invierno; sentía vivamente la brasa de aquella lectura –el calor del verano y el calor de ‘Radiaciones’–, como una estufita para los días desapacibles. Y Thomas Bernhard dejó electrificados, tensos y sin grasa, vigorosos, regocijantes, los meses (¡y años!) que siguieron.

Ahora ha sido el escritor argentino Ricardo Piglia, que murió a los setenta y cinco años en enero de este 2017. Yo no lo había leído, porque por lo que había leído sobre él pensaba que era un autor programático. Es decir, de los que tienen una teoría y luego escriben sus obras como ‘ejemplos’ de su teoría; obras que salen entonces medio muertas y como forzadas: aquejadas de abstracción. Pero Piglia no es eso. Tuve la suerte de empezar por ‘Los diarios de Emilio Renzi’ (y no porque me interesara Piglia, sino porque me interesan los diarios) y ahí me encontré su relación apasionada y nada programática con la literatura. También me había hecho la idea de que Piglia era pomposo y tampoco: como todos los maestros, es ligero, juguetón. Abre más que cierra.

Los dos primeros tomos de los diarios los leí a principio de julio. Para finales de agosto me había leído en total once libros de Piglia. El duodécimo ha sido el tercer y último tomo de los diarios, que se ha publicado en septiembre. He vuelto ahora a Piglia para terminar el verano y que sea así, definitivamente (¡programáticamente!) el verano de Piglia.

De los diarios me ha gustado su textura: cómo da cabida al ruido diarístico, el ruido de la escritura sin pulir; y que eso funcione. He leído diarios así que no funcionan, que se hacen aburridos. El de Piglia no, por puro mérito literario. Todo diario trabajado es un jardín, y la mayor sofisticación es que ese jardín retenga su aspecto agreste. Piglia lo consigue. Y además introduce variables estructurales que constituyen (¡por decirlo con el lenguaje de los profesores!) una reflexión sobre el género diarístico.

Los elementos del mundo de Piglia son limitados, controlables. Por eso se familiariza uno enseguida con él y los disfruta. Profundizando en ellos, naturalmente: son elementos contados pero fecundos. Escribe sobre la relación entre la ficción y la verdad (sobre el secreto, el enigma y el misterio, y sobre lo que él llama “la ficción paranoica”), sobre el acto de la lectura y sobre el lector como personaje, sobre el escritor también como personaje, sobre el escritor como crítico, sobre el amor y la pérdida, sobre el dinero, sobre filosofía, sobre psicoanálisis, sobre las quiebras del sujeto, sobre la vida en los márgenes, sobre la incidencia de la política en la vida (algo particularmente abrasivo en Argentina; se aprecia como en ningún otro sitio en la primera parte del tercer tomo de sus diarios, titulada “Los años de la peste”). De su mundo forman igualmente parte ‘sus’ escritores: los argentinos Borges, Arlt, Sarmiento, Alberdi, Macedonio Fernández o Manuel Puig; los extranjeros que vivieron en Argentina Gombrowicz o Hudson; y Kafka, Hemingway, Pavese, Joyce, Faulkner, Brecht o Bernhard, al que imita a veces.

En una de las anotaciones diarísticas, escrita cuando arrasa la moda del ‘boom’, se dice (y le dice al lector futuro) que debe mantenerse apartado de esa moda, trabajando a su ritmo y en su silencio. Uno de los gustos de leerlo ahora es comprobar que acertó: sus libros se mantienen cuando muchos de los otros han pasado.

¿Qué le aconsejaría al lector que quiera iniciarse en Piglia (¡aunque sé que son muchos los lectores ya iniciados en Piglia!)? Propongo los tres tomos de los diarios (o al menos el primero); el libro de cuentos ‘Nombre falso’, que incluye la novela corta de igual título; la novela ‘Respiración artificial’; y los libros de ensayos ‘Formas breves’ y ‘El último lector’. (De entre sus numerosos vídeos, recomiendo también las conferencias sobre Borges).

Por mi parte, tengo aún tres libros de Piglia sin leer, tres novelas: ‘La ciudad ausente’, ‘Plata quemada’ y ‘Blanco nocturno’. Me las dejo ya para el invierno. O sea, para el verano austral.

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La verdad detrás de las aplicaciones anticonceptivas

Redacción TO

Foto: Brooke Cagle
Reuters

Controlar la natalidad es un deseo ancestral. Antes era más difícil, pero en las últimas décadas la ciencia ha desarrollado nuevas técnicas anticonceptivas, así como mejorado la efectividad de las que conocemos, con un resultado muy positivo para la mujer y su libertad sexual.

Que las mujeres tengan el control sobre su cuerpo, y por ende sobre su actividad reproductora, es una clave del feminismo. Por ello, que proliferen todo tipo de técnicas es fundamental para mantener ese control. La tecnología no se ha quedado atrás, y ha hecho mucho más flexible y accesible la anticoncepción en el mundo. No obstante, hay que tener cuidado con la efectividad de algunas herramientas, y siempre escuchar el consejo de los expertos sanitarios.

Aplicaciones que nos ayudarán a contar nuestro días

Son muchas las apps para móvil que funcionan como controlador del ciclo menstrual. La propia Agrupación Ginecológica Española (AGE) recomienda diversas aplicaciones para controlar la toma de la píldora y los ciclos menstruales, una de las técnicas anticonceptivas más extendidas.

Aunque la alarma del móvil puede hacer las veces de controlador avisándonos de la toma, existen otras aplicaciones que nos aseguran un mayor control, además de ofrecernos otras opciones complementarias. Entre las que están en la lista de de la AGE, destacamos tres:

– Lady Pill Reminder: Esta app es gratuita y está disponible para sistemas operativos Android e iOS. La aplicación pide que indiques el tipo de píldora, el número de píldorasy el horario de la toma. A raíz de esta información, la app te va avisando a través de notificaciones cuando tengas que tomar la píldora. Además, en cualquier momento puedes consultar el estado de la tableta de píldoras del ciclo actual. También sirve como recordatorio de cuándo debemos comprar más píldoras. Es muy visual, lo que permite llevar el control de una forma muy sencilla.

– My Pill: Esta otra app, también gratuita y disponible en Android e iOS, y funciona como la anterior aunque acepta, además de la píldora anticonceptiva, la configuración para otro tipo de anticonceptivos como el anillo o el parche.

– No te olvides: Esta aplicación, también para Android e iOS, además de gratuita, funciona como calendario y, gracias a la geolocalización, ofrece un listado de farmacias para que sepas cuál es la más cercana a ti. También incorpora un formulario para enviar tus dudas al personal médico encargado de la app.

Natural Cycle, la súpercampeona de las apps anticonceptivas

Por muchas aplicaciones que nos sirvan de ayuda, hasta la llegada de Natural Cycles no había forma de convertir nuestro móvil en una verdadera herramienta anticonceptiva. Esta aplicación para smartphones, de la que ya hablamos en The Objective, es el método anticonceptivo definitivo para nuestro móvil.

Esta alternativa a los anticonceptivos tradicionales ofrece la posibilidad de calcular, a través de un algoritmo y de la temperatura de las usuarias, si pueden mantener relaciones sexuales sin protección sin ningún riesgo de quedarse embarazadas.

Su creadora, la física Elina Berglund, formaba parte del grupo que trabajó en el descubrimiento el bosón de Higgs en el CERN, el laboratorio europeo de investigación nuclear. Este descubrimiento, que se ganó el Nobel de Física, no parecía suficiente para ella. Por ello, decidió crear Natural Cycles, la app que promete regular tus ciclos como una píldora ¡y sin los efectos secundarios de ésta!

Su modelo de negocio se basa en una suscripción, tienen varios planes de precios en los que cientos de miles de usuarias ya están pagando los 5,40 euros al mes que cuesta Natural Cycles, y por esa cantidad incluyen el termómetro necesario para hacer las mediciones de temperatura. La aplicación está disponible en Android e iOS.

Basándose en un estudio realizado en 100 mujeres -solo cinco se quedaron embarazadas-, la compañía asegura que su aplicación tiene una efectividad muy alta, situándola solo por debajo de la del DIU y por encima del uso de preservativos. Efectividad comprobada.

Después de ayudar a miles de mujeres a no quedarse embarazadas cada mes, a Natural Cycles le queda tiempo para mantener una buena y didáctica política de redes, como los posts que compartimos a continuación:

“Puedes quedarte embarazada en cualquier día de tu ciclo. Spoiler: nop, no puedes”.

“La educación sobre la menstruación puede cambiarlo todo”.

“¿Puedo quedarme embaraza durante la regla?” Natural Cycles responde: “es posible, pero tendrías que tener ciclos muy cortos”.

Quieras quedarte embarazada, o no -es tu decisión, recuerda-, utiliza todos los medios a tu alcance para controlar tu fertilidad, incluida la tecnología. Y no creas más bulos, los expertos de apps como Natural Cycles harán que caigan mitos.

Continúa leyendo: Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

Parece cansada, apoya la barbilla en sus dos manos. En una de ella lleva un rosario, asegura no separarse de él nunca. Con la mirada perdida me pregunta: “¿Cómo estas?”. Le sonrío.

–”Yo emocionada y agradecida de estar aquí” –responde mirando ahora todo con detalle.

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Madre de dos hijos, estuvo dos años en garras de esta milicia activa en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

El secuestro…

Era 21 de agosto de 2014 cuando Boko Haram asaltó su localidad, Baga, al noreste de Nigeria. Con mirada seria y un sentimiento de honda tristeza cuenta cómo junto a su marido, Bitrus, y sus dos hijos (Zacarías, de 3 años, y Jonatan, de uno) huyeron de su hogar. “Pensábamos que el objetivo principal era mi esposo porque a los hombres cristianos los mataban”, cuenta visiblemente emocionada, “así que decidimos que él escapara y se escondiera dejándonos a nosotros atrás”.

Bitrus pudo escapar de las garras de Boko Haram, pero Rebeca y sus pequeños no. Lo que ocurrió a partir de ese momento nunca lo olvidará. “Cuando los milicianos me encontraron, me dijeron: ‘Tú y tus hijos vais a trabajar para Alá’. Después me golpearon con un arma pesada y me sacaron de cuajo varios dientes”.

Ahí comenzó su pesadilla. Fue vendida varias veces a varios milicianos que la torturaban –”cada día me propinaban 98 golpes”– y usaban como esclava sexual. Rebeca cuenta cómo cada día se frotaba por su cuerpo las heces de sus hijos para mantener alejado a sus secuestradores. Fruto de una de esas violaciones quedó embarazada. Hoy día aún lucha por aceptar a ese “hijo de Boko Haram”, como ella se refiere a él. “Me atormenta saber que tengo un hijo con un terrorista, ¿y si cuando sea mayor es cómo su padre?”. Esa, asegura, es su mayor preocupación.

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"
Rebeca, junto a su marido y sus hijos, en Nigeria. | Foto: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Dos años en manos de Boko Haram

Rebeca habla hausa, idioma oficial de Nigeria. Un intérprete nos acompaña durante toda la entrevista. Junto con más de 100 mujeres secuestradas, cuenta, lo primero que debían hacer antes de comenzar el día era hacer el rezo musulmán. “Posteriormente nos adoctrinaban y pasábamos a hacer las tareas del hogar, como limpiar y cocinar”. Muchos días eran los que se quedaba sin comer porque su comida era las sobras de sus secuestradores.

También las obligaban a memorizar varios versículos del Corán para, una vez aprendidos, inmolarse. “Yo quería que me dieran un cinturón de explosivos, pero nunca lograba memorizar los versículos”, cuenta la joven, quien asegura que su único objetivo era escapar.

–¿Conociste a algunas de las niñas de Chibouk?

–Conocí a varias de ellas. Una de ellas me aconsejó que me convirtiera al islam –responde.

Pero Rebeca no lo hizo, y como consecuencia, uno de sus hijos, de tan sólo un año, fue asesinado por un terrorista de Boko Haram. Lo tiró al lago Chad. Murió ahogado.

Nigeria fue el tercer país más castigado del mundo por el terrorismo en 2016, después de Irak y Afganistán, y en lo que va de año más de 400 civiles han sido asesinados por el grupo terrorista Boko Haram. 12 de sus 19 estados están bajo la ley de la sharía.

La huida 

Después de algo más de dos años, al fin llegó la luz de la libertad. Rebeca recuerda que fue una madrugada cuando escuchó hablar a varios milicianos que los soldados de Nigeria se acercaban. “Aproveché la situación de pánico para coger a mis hijos y huir”, explica. Pasó un día entero escondida en el bosque: “Los terroristas me buscaban por todos lados, pude ver a varios coches patrullando el bosque para encontrarme, pero pude esconderme bien”.

Finalmente, tras varios días caminando, llegaron a Diffa, sureste de Níger, donde se encontraron con soldados estadounidenses. Estos atendieron a su hijo y les dieron algo de pan. Al poco los llevaron a Damaturu, Nigeria, donde había soldados nigerianos. “Ellos fueron maravillosos: me llevaron directamente a la ciudad de Maiduguri, junto a mi marido”, sonríe al fin.

–¿Volverás algún día a tu aldea?

–Quizás algún día vuelva, pero ahora allí no hay nada –responde–. Todo fue quemado y destruido por Boko Haram.

Hoy, junto a más de 500 personas en su situación, se encuentra en un campamento de desplazados de la Diócesis de Maiduguri. Poco a poco, gracias al cariño que allí recibe ella, sus hijos y su marido, están saliendo adelante.

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Blanca Manchón: "En España, una deportista embarazada es una mujer acabada"

Bea Guillén Torres

Foto: Beatriz Guillén
The Objective

Queda un minuto para la salida. Blanca Manchón se agacha encima de su tabla para tocar el mar con los dedos. Después, con la mano, se moja la planta del pie. Primero uno, después el otro. “Que esto empieza”, se dice, se ancla. Y ahí de verdad empieza todo.

Es 1 de julio de 2017 y Blanca Manchón ha dado a luz hace siete meses. Hace siete meses también que la abandonaron todos sus patrocinadores. Nike, Opel y Emasesa desaparecieron cuando llegó Noah. La deportista está en Salou, donde se disputa el campeonato del mundo de windsurf en la modalidad raceboard, en la que nunca había competido. Se paga ella el viaje, la estancia, la competición. Va en coche con sus padres. Le han prestado la tabla y la vela. A ella que ha sido cinco veces campeona mundial de windsurf.

Lo cuenta con una sonrisa: “La vela con la que fui al campeonato me llegó el día de antes, así que la monté allí en Salou. Preguntando a la gente ‘¿esto cómo va? ¿Esto lo tensáis más o menos? Muy fuerte”. Se ríe. A la tabla se había podido acostumbrar unos días antes en el Puerto de Santa María, en Cádiz, donde entrena desde que tiene 10 años. “Era mucho más estrecha que en la que yo voy normalmente. Así que a las primeras, pum, al agua, hasta que me acostumbré”. Se vuelve a reír.

Es 1 de julio de 2017 y Blanca Manchón ha pasado cinco horas y media en el agua. Sin entrenador. A diferencia del resto, ella, cinco veces campeona del mundo, no tenía una lancha de acompañamiento. Un bote en el que subirse a descansar, en el que abrigarse, secarse, comer, parar. Era ella, su tabla prestada y el mar. “Al final me dolía todo, ya no sabía cómo ponerme, sentada en la tabla, me dolía la cadera con el arnés. Fatal”. Ella que, pese a haber pasado la vida en el agua, se marea en el mar. “Yo solo lo llevo bien cuando voy muy rápido con mi tabla, entonces no hay problema”. Aún así, se ríe otra vez: “Al final se te pasa rápido la espera porque hay ambientillo y hablas con los compañeros, pero vamos, que el primer día nos dejaron ya fritos”.


Seguía la competición en la que Blanca se jugaba su futuro deportivo. “Al principio, los vientos eran muy flojos y no me venían muy bien porque físicamente estaba mejor la otra chica”. La otra chica era la favorita del campeonato, la finlandesa Tuuli Petaja, subcampeona olímpica, que llevaba un año entrenando sin parar. “Entonces… lo di todo. Me empecé a encontrar cómoda y empecé a ganar”. “Porque yo pensaba todo el rato es que esta es mi oportunidad, como no quede campeona del mundo aquí… Porque si quedo segunda ya no vale”. Tenía que conseguir que los patrocinadores se volvieran a fijar en ella después de haber sido madre. Ella que había sido reconocida con el premio a la mejor navegante mundial del año en 2010.

Al final solo quedaban ella, su fuerza y el mar. “Yo estaba pensando: ‘Venga, tengo que conseguir un patrocinador para poder ir a Japón a mi modalidad olímpica, para poder comprarme una vela, venga, venga, venga’. Tenía que quedar primera”. No valía tercera, ni segunda. Ella que no contaba con el apoyo material ni económico de ninguna marca ni federación. Pero que tenía el de toda su gente. Que tenía el de la risa de ese bebé que le había cambiado la vida. Y ella, esa mujer que perdió fuerza después del embarazo pero que lo ganó todo en coraje, lo hizo. Se coronó como campeona mundial de una categoría de windsurf que no era la suya, que no lo había sido nunca, pero que la devolvió a su sitio original. Al pódium. “Total, que al final gané. Pensé: ‘Ahora me voy a acostar tres días y no me voy a mover’. Tuve que devolver la vela y la tabla”.

***

Quedamos con Blanca en Puerto Sherry, donde tiene la sede la Federación Andaluza de Vela, en el Puerto de Santa María, Cádiz. Se va en unos días al campeonato mundial de RS:X, su modalidad olímpica, de Japón, una de las citas más importantes del año. Pero está tranquila. Va a llegar 10 días antes de que empiece la competición. La mayoría de sus rivales han ido ya varias veces a Enoshima para conocer el sitio del circuito y tenerlo aprendido. Pero ella está tranquila. Irse a Japón con su marido Manuel y su hijo era el objetivo para el que lleva preparándose nueve meses. Dice sonriendo. Y hasta hace unas semanas ni siquiera tenía un patrocinador con el que hacer el viaje. Tiene motivos para estar tranquila.

Blanca Manchón: "En España, una deportista embarazada es una mujer acabada"
Blanca Manchón agarra en brazos a su bebé Noah. | Foto: Beatriz Guillén/The Objective

***

Tres días antes de dar a luz, Nike le confirma a Blanca que ya no va a poder contar más con su apoyo como patrocinador. Llevaban años de colaboración. “La verdad es que yo estaba a otras cosas y Manuel me decía: insísteles, insísteles. Porque yo tenía un contrato firmado por el que se me tiene que pagar. Al final, ya no me mandaban ni el producto. Me daban largas, no me contestaban a los mensajes. Hasta que al final, a tres días de parir, les puse un mensaje en el que les dije: ‘Oye, decidme ya sí o no, que me da ya igual, pero que necesito saberlo para organizar mi vida’. Y me dijeron: ‘Bueno, pues no’. La excusa fue que mi deporte ya no encajaba en su marca. Desde el 2013 que empecé con vosotros siempre os había encajado y ahora que me he quedado embarazada no, claro”.

Blanca lo aclara, aunque no debería hacer falta. “Yo les dije que me quedaba embarazada, pero que competía, que en seis meses estaba en activo otra vez. Pero dio igual”.

– ¿Cómo reaccionaste?

“La verdad es que yo lo vi como normal. Digo, hostia, un deporte minoritario, una deportista que se queda embarazada, mujer, pues lo normal es que nadie quiera seguir porque no se fían. Yo lo ví como normal, no sé, porque es lo que he estado viendo a lo largo de mi carrera. Es lo mismo si le preguntáis a las mujeres de atletismo, de natación que no sean Mireia, de fútbol… Es lo que vemos en el día a día, es lo normal”.

“En España, una mujer deportista embaraza es una mujer acabada, es lo que ve la sociedad. Es que es muy fuerte que tengamos que elegir o sigo en el deporte o soy madre. Pero si soy madre voy a tener que empezar de cero y encima hasta que no tenga buenos resultados no me van a venir los patrocinadores”.

Esta bochornosa situación no es así en todo el mundo. “En Estados Unidos, Serena Williams ha vendido más estando embarazada que haciendo torneos. Ahora se lleva la vida saludable, el embarazo… qué mejor que los propios deportistas que son la imagen de tu país para representar esto. Pero allí están en eso mucho más modernizados, en el colegio y en el instituto el que hace deporte es un héroe, por decirlo así. A mí en 4º de la ESO me suspendieron Educación Física, porque tuve que ir a los Juegos Olímpicos”. Con 17 años se fue a Atenas como la representante española de vela más joven de la historia. “Pero tenía que hacer como todos mis compañeros el pino puente y las dos vueltas a la pista y la lateral. Y me suspendieron por no poder ir a las clases”.

Blanca insiste: “Tenemos que cambiar la forma en la que vemos a la mujer en el deporte. Porque ahora parece que las propias deportistas tengan que ocultar si quieren ser madres. El concepto que tenemos todas es ‘me he quedado embarazada así que voy a desaparecer un año y ya volveré cuando esté bien”.

***

Es 7 de julio de 2016 y Blanca Manchón se sube al pódium de Salou con su premio en forma de vela y con el mejor premio que ha ganado nunca. Noah sale en todas las fotos sonriente.

“Como lo de Salou fue un premio bastante inesperado, porque no suele pasar que llegues después de haber sido madre hace siete meses y ganes algo así, he salido un montón en los medios de comunicación”, señala con humildad.

A los pocos días, le contactó la empresa de cosmética Instituto Español. “Es una compañía familiar, de Hinojo (Huelva), que se identificaba mucho conmigo. Así que fue de un día para otro. Fui allí, me dijeron: ‘Mira queremos que cuentes con nuestro apoyo en tu carrera deportiva, además queremos firmar hasta 2020’. Yo aluciné, salí de allí, gritando, dándole besos y muy contenta”, cuenta emocionada.

Este apoyo le permitía en primer lugar ir al mundial de Endoshima, en Japón, y después contar con patrocinio para las siguientes competiciones hasta los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020. Después de Instituto Español, llegó Panasonic. “Como ellos venden muchas cámaras en Japón, pues también me apoyan durante este mundial”.

Blanca Manchón: "En España, una deportista embarazada es una mujer acabada" 2
Blanca Manchón posa con su vela patrocinada por Instituto Español y Panasonic. | Foto: Beatriz Guillén/TheObjective

La cita de Japón es clave porque es la única competición del año en la que el Consejo Superior de Deportes da las becas ADO. Solo se dan a los deportistas españoles que quedan entre los ocho primeros clasificados del mundo en su deporte.

– ¿Crees que puedes conseguirlo?

“Si me lo preguntas hace un mes, lo veía complicado, porque me notaba que me había estancado un poco. Desde que tuve al niño, los primeros meses me encontré una buena evolución, pero después del quinto no conseguía bajar de peso, terminaba súper cansada de los entrenamientos. El niño por las noches estaba más activo, no dormía tanto. Llegué a decirle a Manuel: ‘¿Tú crees que me merece la pena seguir?’ Porque ahora mismo me está costando dinero y ahora que tengo una familia no me puedo permitir el lujo de tirarlo”.

Noah protesta un poco en su carrito.

-¿Quieres ir tú a cogerlo, Blanca? “No, no qué dices, si tiene un cachondeo…”. 

“La primera vez que me metí en el agua después de un año y levanté la vela, pensé: ‘Esto es lo que yo cogía, ¡madre mía, cómo pesa!’. Me notaba súper torpe. Especialmente notaba que había perdido mucha fuerza. He estado casi cuatro meses dedicada solo a ganar fuerza en el gimnasio”. Los campeonatos del mundo eran sus entrenamientos en el agua: Palma de Mallorca —Noah tenía cuatro meses—, Vietnam, y después Salou. 


“Los últimos dos meses, me he notado ya la evolución de haber estado entrenando y me noto ya mucho mejor en el agua, más suelta, con más fuerza. Así que sí, ahora creo que sí que puedo quedar entre las ocho primeras clasificadas e incluso tocar medalla”.

Japón puede convertirla en siete veces campeona del mundo.

***

Es lunes 18 de septiembre de 2017 y Blanca Manchón se agacha hoy en su tabla para tocar con los dedos el mar de la bahía de Sagami. Después, con la mano, se moja la planta del pie. Primero uno, después el otro. “Que esto empieza”, se dice, se ancla. Porque, ahora, de verdad, vuelve a empezar todo.

Blanca Manchón: "En España, una mujer deportista embarazada es una mujer acabada" 2
Si alguna día deja la vela, la deportista se plantea poder realizar campamentos de entrenamientos en el Puerto de Santa María, donde ahora posa. | Foto: Beatriz Guillén/TheObjective

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