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Elon Musk: multimillonario, excéntrico y con ambición desenfrenada

No tiene límites en sus objetivos, pero al mismo tiempo es una figura inquietante. Cuando se aburra de sus negocios quizá aspire a desembarcar en la política con mayúsculas

Elon Musk: multimillonario, excéntrico y con ambición desenfrenada

Elon Musk. | Reuters

Su ambición no parece tener freno. A sus 50 años es la persona más rica del mundo. Afirma no tener apego al dinero. Su patrimonio, según la revista Forbes, está cifrado en más de 263.000 millones de dólares por encima del otro magnate mundial, Jeff Bezos. Presentar a Elon Musk (Pretoria, 1971), físico y economista por la Universidad de Pensilvania, dos veces divorciado y padre de ocho hijos, no es sencillo. Primero porque resulta complicado creer que no le mueve ni el dinero ni el poder y sí un supuesto espíritu filantrópico y soñador. Por ejemplo, su asalto a Twitter, la famosa red social que emplean políticos, académicos o periodistas en todo el mundo, que acaba de comprar con la resistencia de su consejo de administración por la friolera de 44.000 millones de dólares, ha causado revuelo especialmente en Estados Unidos. Afirma que no le ha movido el negocio en sí, sino su presunto amor por la libertad. Musk, sudafricano de origen, está nacionalizado estadounidense pero es también canadiense por parte de madre. Una encuesta recogida esta semana por el semanario The Economist refleja que solo un 7% de los votantes demócratas apoyan la venta de Twitter y algo más de la mitad de los republicanos la aplauden. ¿Por qué tanta inquietud si el nuevo dueño se confiesa un defensor a ultranza de la libertad de expresión y quiere hacer a Twitter la plaza pública digital mundial? 

¿Acaso no lo era ya? Resulta más bien que no. La firma del pájaro azul, fundada en 2006 en San Francisco, se ha visto también contaminada por las fake news, la información falsa, por el lenguaje radical y grosero de incitación al odio como el que se practica en otras del sector de la comunicación digital. En la primera mitad del año pasado tuvo que retirar casi seis millones de mensajes por esa razón, más de la mitad que en el año anterior. Twitter no está en su mejor momento. Su prestigio está tocado. Sus beneficios también y los ingresos por publicidad se han visto menguados. Figura muy por debajo de Facebook, Instagram o la china TikTok entre otras en el volumen de abonados. Twitter tiene 217 millones de abonados frente a los casi dos mil millones de Facebook, del eterno joven Mark Zuckerberg, dueño de Instagram y WhatsApp. Por cierto, China prohibió en 2009 operar a la firma de San Francisco en su territorio. Hasta hoy. Ahora se sospecha que Pekín no ve con malos ojos la llegada al pájaro azul de Musk, propietario de la empresa fabricante de automóviles eléctricos Tesla, un gigante del motor, muy bien introducida en el país asiático y del que se abastece de baterías de litio para la construcción de sus coches de alta gama.

Otro de los interrogantes que genera el desembarco del magnate sudafricano en Twitter es saber si permitirá el regreso como abonado a Donald Trump, a quien la firma decidió cortarle la cuenta a raíz de sus incendiarios mensajes tras las elecciones presidenciales y del asalto al Capitolio en enero de 2021 por un grupo de seguidores. El ex presidente, que tiene intención de presentarse de nuevo a la carrera por la Casa Blanca en 2024, no ha mostrado por ahora mucho interés en apuntarse a Twitter, una red a la que tenía casi como exclusivo centro de gestión de su radical política. Ha creado la suya propia. Musk tampoco se ha pronunciado al respecto, pero ha dejado entrever con el canto a la libertad de expresión, que no quiere vetar a nadie, pero sí vigilar más la aparición de cuentas sin identificar y robotizadas y poner coto al correo basura y hacer más transparentes los algoritmos. Su compromiso a favor de la libertad de expresión no lo debe traducir en palabras y entusiastas declaraciones, sino a través del respeto de las leyes. Así se lo acaba de decir la Unión Europea, que ha aprobado normas para la regulación de los servicios y mercados digitales. 

Musk, propietario además de Tesla y ahora Twitter, así como de empresas de inteligencia artificial y energía solar, tiene como joya de la corona de su emporio a Space X, una compañía aeroespacial de fabricación de cohetes reutilizables con fines comerciales que ya ha puesto en marcha aprovechando la crisis de la NASA. Su gran sueño que repite varias veces es llegar con uno de sus cohetes a Marte y que el planeta rojo se convierta en una colonia humana en un futuro. Hoy por hoy una utopía.

El magnate tiene una personalidad compleja y no exenta de excentricidad. A veces no se le toma demasiado en serio por sus gestos extemporáneos. Tiene tiempo para escribir a diario numerosos tuits, muchos de ellos publicitarios sobre los éxitos y planes de sus múltiples empresas, pero otros irónicos y bastante mordaces. A Justine Trudeau, el primer ministro canadiense, lo tildó de Hitler por su política de vacunación obligatoria en el país; al veterano senador demócrata y eterno aspirante a la presidencia de EEUU, Bernie Sanders, le respondió con un mensaje muy despectivo sobre su avanzada edad después de que éste dijera que había que gravar más a las grandes fortunas. Y a la propia Twitter le apuntó con el dedo sugiriendo que podía convertir sus oficinas de San Francisco en un centro de acogida de indigentes. Musk ha sido objeto de críticas sobre sus juicios sobre la pandemia pues en un primer momento no se tomó muy en serio la gravedad y las consecuencias del virus. A quien lo ataca en la red le replica con virulencia o directamente lo bloquea. En el contrato de compra de Twitter se especifica que el magnate deberá contener el tono de sus mensajes. En lo político no se puede concluir que apoye más a los republicanos que a los demócratas. En realidad, es donante de los dos grandes partidos estadounidenses.

Vida privada

Musk ha tenido un pasado digno de estudio para un psicólogo. Su infancia y primera adolescencia fueron relativamente fáciles. Primogénito de una familia millonaria de Pretoria, su padre, de raza blanca, era ingeniero e hizo gran fortuna en el sector de la construcción. Su madre, canadiense, que se trasladó a Sudáfrica en la mitad de los cincuenta del siglo pasado, era nutricionista. La familia vivió en la abundancia hasta el divorcio del matrimonio por malos tratos del padre a la madre. Elon fue en sus primeros años un niño introvertido y sin amigos, que sufrió a veces episodios de acoso en el colegio hasta que empezó a practicar deporte, especialmente judo y kárate. Su gran pasión desde el inicio eran los ordenadores, los cómics y la programación de juegos. Con su hermano Kimbal creó un juego de aventuras que luego vendieron con éxito. La primera empresa de software la montó precisamente con él.

La ruptura del matrimonio de sus progenitores le afectó notablemente. En un principio vivió con el padre, pero luego optó por la madre y abandonó Sudáfrica con ella y su hermano y hermana para vivir en Canadá. El lujo inicial se trocó en serias penurias de la madre para sacar adelante a la familia. Elon hizo sus estudios superiores becado y fue en la universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, donde realizó sus licenciaturas en Física y Económicas. Al poco de terminar se olvidó de realizar el doctorado en la universidad de Stanford (California) y es cuando dio el salto al mundo de los negocios en el mundo digital. Su gran pasión junto con la aventura espacial. Musk no tiene límites en sus objetivos, pero al mismo tiempo es una figura inquietante en el mundo de hoy. Cuando se aburra de sus negocios quizá aspire a desembarcar en la política con mayúsculas.

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